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824 días

Al sexenio de Enrique Peña Nieto le quedan todavía 824 días. Apenas el mes pasado, el titular del Ejecutivo se disculpó ante la Nación por haber dañado la confianza en el gobierno y lastimar la investidura presidencial. Ante los nuevos acontecimientos habrá que actualizar esa solicitud de perdón. The Guardian divulgó que un amigo de la primera dama pagó el predial de su depa en Miami. Carmen Aristegui presentó evidencia de que Peña Nieto plagió casi el 30% de su tesis de licenciatura. Richard Neustadt, biógrafo de varios presidentes de EUA, sostiene que el prestigio y la reputación son la fuente principal del poder presidencial. Al presidente Peña Nieto le quedan más de dos años en el cargo con un poder que refleja la estatura de su reputación personal.

Como un árbitro que no saca tarjetas rojas, EPN ha dejado en la cancha a muchos jugadores del gabinete que deberían estar en las regaderas. Cuando estalló el escándalo de la casa de Malinalco, financiado por las hipotecas Higa, el Presidente decidió pagar el costo de mantener en el cargo a su secretario de Hacienda. Cuando se volvió a fugar El Chapo, Miguel Osorio Chong siguió tan campante en Bucareli. Enrique Peña Nieto sacrificó el prestigio de su gobierno, para salvar la composición de su gabinete.

Hoy el Presidente enfrenta los números históricos más bajos desde que se empezó a medir la popularidad presidencial. Estos sondeos son un termómetro de la gobernabilidad del país y aún falta el tramo más complicado del sexenio. El gabinete se ha transformado en un escuadrón de aspirantes presidenciales. Hay mucho en juego. Antes que el 2016 o el 2017, Osorio y Videgaray tendrán como prioridad el 2018.

En enero de 2015, Luis Videgaray se comprometió públicamente a bajar el gasto público en 124 mil millones de pesos. El compromiso no sólo no se cumplió, sino que el gasto aumentó 4.2% sobre el presupuesto aprobado. Videgaray ha tenido el mérito de dirigir Hacienda en un proceso acelerado de despetrolización de las finanzas públicas. Sin embargo, en los últimos cinco meses dos calificadoras de riesgo han degradado las perspectivas de la economía mexicana por el crecimiento de la deuda y la incapacidad de controlar el gasto. Ser responsable de cerrar la llave del presupuesto y revertir la tendencia del endeudamiento no son misiones compatibles con la preparación para una candidatura presidencial.

Desde la secretaría de Gobernación, Miguel Osorio Chong le dio a la CNTE el oxígeno político para revitalizar su lucha contra la educación, la sociedad y los motores que mueven a la economía. En Nochix-tlán, Oaxaca, se deben aclarar tres incógnitas: las agresiones en contra de la policía, las consecuencias de la respuesta de la fuerza pública y, sobre todo, cómo murieron nueve personas ese domingo. Esta tragedia no le resta méritos, ni urgencia a la implementación de la reforma educativa. La policía federal logró intervenir en el campus de la UNAM en el 2000 y en Oaxaca en 2006 sin derramar sangre.

En la lógica de la sucesión presidencial, a Osorio le conviene congelar la reforma más importante del sexenio antes que subir los riesgos de confrontación con los miembros de la CNTE. Para salvar a la reforma educativa se requiere un secretario de Gobernación que muestre firmeza ante el gobierno paralelo que quiere imponer la Coordinadora en varios estados del país. La estrategia de Osorio Chong de ofrecer galletitas y café a quienes quieren devastar la reforma educativa es sabotear el mejor legado del sexenio. Si Osorio Chong está más preocupado por sus posibilidades de llegar a Los Pinos que por enfrentar a la CNTE, alguien distinto debería llegar a Bucareli.

Adolfo Ruiz Cortines decía que la política es el arte de tragar sapos sin hacer gestos. Enrique Peña Nieto ha decidido tragarse los batracios que estaban en el plato de sus subalternos. México está pagando los costos de aquella indigestión.

Publicado por Reforma
28-08-2016