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Abriendo candados

Una de las noticias recientes más comentadas fue la decisión del PRI de enmendar sus documentos básicos para eliminar dos candados que imponían fuertes restricciones a la modernización económica del País. El primero de estos alineaba al PRI en contra del cobro del IVA a alimentos y medicinas; el segundo prohibía la asociación de Pemex con particulares en la exploración y producción de petróleo.

El giro del PRI no representa un cambio ideológico profundo. Los ajustes que se aprobaron fueron más bien de orden pragmático y pretenden alinear al PRI con prácticas económicas más modernas y ajustadas a la realidad, pero sin apartarse mucho de la situación actual. La explicación que se dio para justificar estos cambios fue que eran necesarios para mejorar la capacidad de respuesta del Gobierno mexicano a los retos de la economía global moderna.

La posición a favor de un IVA generalizado se justificó arguyendo que conviene al País fortalecer la recaudación fiscal no-petrolera, estableciendo un sistema impositivo más homogéneo, que elimina algunas de las distorsiones que derivan del trato preferencial del IVA que se da a ciertos sectores económicos. La idea parece ser imponer una tasa de IVA positiva (pero baja) sobre alimentos y medicinas que contribuya algo a la recaudación fiscal pero que sobre todo mejore la integridad del sistema recaudatorio vía los incentivos que establece la repercusión del IVA a lo largo de estas cadenas de valor. Esta idea va complementada por la propuesta de usar los recursos obtenidos de una mayor recaudación para brindar apoyos directos a los pobres y a los grupos sociales más afectados por el cambio propuesto. El razonamiento sobre el cual descansa la propuesta es técnicamente correcto, y sobre todo 100 por ciento pragmático. Dar este paso fortalecerá un poco las finanzas públicas y cualesquiera que sean los efectos regresivos, se pueden neutralizar con un uso juicioso del gasto público.

La revisión al texto correspondiente al Plan de Acción del PRI para el sector energético también está inspirada por razones pragmáticas. Lo que se pretende es fortalecer el desarrollo de las funciones de exploración y producción de Pemex con el fin de garantizar la disponibilidad futura de hidrocarburos. Para lograr este, fin en el Congreso del PRI se habló de una apertura a la inversión privada complementada por la modernización y fortalecimiento de Pemex, pero sin que el Gobierno renuncie a la rectoría del sector. Esta propuesta de manejo del sector energético tampoco es un cambio radical respecto de las posiciones tradicionales del PRI.

La eliminación de los dos candados permitirá que los legisladores del PRI se alineen a favor de las reformas que el Gobierno propondrá en unos cuantos meses, y también mandan señales claras respecto a la profundidad de los cambios que se pueden anticipar.

De las dos, la incorporación de alimentos y medicinas al régimen del IVA es la menos importante. Las estimaciones que he visto al respecto sugieren que los efectos recaudatorios directos iniciales serán modestos, debido a la baja tasa que probablemente se propondrá y por la proporción tan elevada de la PEA que opera en la economía informal. Los efectos recaudatorios indirectos (mejores controles contra la evasión fiscal) son a más largo plazo y se sentirán más gradualmente. Estos efectos serían más inmediatos y fuertes si la tasa del IVA se igualara con la que se aplica a las demás mercancías.

Ahora bien, leyendo entre líneas, parecería que la reforma del sector energético que viene será más aparatosa que la del IVA, pero menos profunda de lo que sería deseable. Me explico.

Una de las principales debilidades del sector energético del País es su total dependencia del monopolio paraestatal. La reforma estructural óptima resolvería los dos problemas que son inherentes al manejo de Pemex: acabaría con el monopolio de Pemex, permitiendo que hubiera competencia a lo largo de la cadena de valor del sector y transformaría la situación jurídica de la empresa paraestatal, convirtiendo a Pemex en una empresa pública que opera independientemente del Gobierno federal.

Lamentablemente, los nuevos textos fundamentales del PRI apuntan en otra dirección. Hablan de fortalecer a Pemex y mantener las leyes fundamentales del sector sin cambios respecto del rol de la empresa en el sector. Esto es fácil de entender, dada la larga relación histórica del PRI con Pemex y su sindicato, pero no deja de ser decepcionante.

Parece que las reformas que vienen serán menos profundas de lo que sería deseable para estimular la modernización de la economía. Tendremos que conformarnos con una nueva versión light de cambios estructurales.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.