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Acomodar las piezas

H. Aguilar Camín (Despeñadero, Milenio 12/08/16) tiene razón cuando dice que la percepción sobre la situación y el rumbo del país es mucho peor que la realidad: ninguno de los sectores a los que hace referencia la encuesta de Reforma ha empeorado en las proporciones que la percepción de los mismos. Hay que explicar por qué. Aventuro mi interpretación porque sin explicación no se podrá poner remedio.

México está viviendo un periodo de gran inquietud, un periodo fuera de la normalidad. Pasamos por un momento de turbulencia política caracterizado por una etapa de disturbios, agitación, confusión, desconcierto y frustración en relación al gobierno, sus instituciones y sus políticas. Esta situación está causando descontrol en un número importante de personas: en el 76% que declara que el país va por mal camino y tiene incertidumbre sobre el presente y sobre el futuro.
Las piezas del sistema se desacomodaron y en el rompecabezas de la política no embonan unas con otras. Ninguna está “donde debería de estar” y el resultado es un conjunto de piezas que no arman la imagen esperada.

Los militares están en las calles en lugar de en los cuarteles. Los delincuentes están libres en lugar de en las cáceles. Los campesinos están en las avenidas de la Ciudad de México en lugar de en sus tierras. Los maestros están en las planchas de asfalto en lugar de en las aulas. Los estudiantes en sus casas en lugar de en el salón de clases. Los empresarios están en la lucha política en lugar de en sus empresas. Los curas en la política en lugar de en el templo. Los partidos en campaña en lugar de pactando un país mejor. Los gobernadores están defendiéndose y cubriéndose las espaldas en lugar de gobernando. Los candidatos exhiben las estafas, fraudes y engaños del otro en lugar de corregir los propios.

Es indispensable que cada actor político o social regrese a las funciones que le dieron origen: los militares a prepararse para la seguridad del país y asistir a la población; los campesinos a cosechar; los maestros a enseñar; los estudiantes a aprender; los empresarios a invertir y producir; los curas a orar; los partidos a concertar; los gobernadores a gobernar y rendir cuentas; los candidatos a ofrecer alternativas.

La pregunta es por qué no está cada quien en el lugar que le corresponde. La respuesta que se me ocurre es que los gobiernos federal y estatales no están haciendo su trabajo. Porque a unos no hay quien los ponga en su lugar: a las cúpulas sindicales, a los delincuentes, a los curas. Porque a otros no se les protege para llevar a cabo sus actividades: los empresarios y los trabajadores que ellos emplean. Porque a los políticos no se les castiga cuando no hacen su trabajo.

Porque en este país que nos estamos empeñando en destruir no hay consecuencias por los actos fuera de la ley que cometen lo mismo los integrantes de la sociedad que los que dedican su actividad a la política. Porque los incentivos están para que la ley se viole. Si los líderes sindicales extreman sus protestas, el gobierno los premia con excarcelaciones, pagos de “salarios caídos”, restablecimiento de plazas o descongelamiento de salarios. Si los líderes campesinos desquician la ciudad, son recompensados por una mayor tajada de presupuesto y por el acompañamiento del secretario de Agricultura y por el mismísimo jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Porque si Hugo Valdemar, vocero de la Arquidiócesis de México, llama traidor al Presidente o el obispo de Culiacán, Jonás Guerrero, se burla de él ante la iniciativa para legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo, la Presidencia no reacciona. Porque sigue existiendo impunidad ante los gobernadores que se extralimitan en sus funciones. Porque los delincuentes saben que son incontrolables al tener penetradas las estructuras de poder local. Porque a los militares no se les toma el parecer sobre alternativas para ir retirándose de las funciones de seguridad pública y tampoco se les obsequia la ley que los proteja. Porque a los empresarios no se les da certeza jurídica. Porque los partidos saben que alguien tendrá que llegar al poder independientemente que hayan demostrado que no representen una ventaja o una esperanza.

Viene el Cuarto Informe de Gobierno y la tentación es cambiar parte del gabinete para dar una señal de que las cosas pueden cambiar. Quizá ayude, pero las piezas del sistema no son lo mismo que las piezas del gabinete. Puede parecer urgente o alentador un cambio en los responsables, pero no es suficiente. Hace falta un cambio de paradigma y regresar las piezas del rompecabezas a su lugar. Si las personas lideradas por el Presidente, acicateadas por la realidad o prevenidas por la exigencia de los ciudadanos siguen sin escuchar no se llegará a ningún lado.

Publicado por Excélsior
17-08-2016