Artículo

Acostumbrados a competir

Uno de los aspectos más atractivos y valiosos de la educación pública de Estados Unidos y Europa es que los niños participan en actividades deportivas desde pequeños. Participar en los deportes mejora su salud y les enseña a cuidar su condición física, pero estos no son los únicos beneficios que aportan, a saber:

Los deportes de equipo enseñan a los niños a participar en actividades que premian el esfuerzo coordinado del conjunto. Participar en estas actividades refuerza el valor de colaborar con otros para lograr un resultado y ayuda a los jóvenes a prepararse para lograr una integración más tersa al mercado de trabajo.

Los deportes también crean contextos en los cuales es relativamente fácil discernir la relación entre el esfuerzo realizado y los resultados obtenidos. Los niños que participan en los deportes no sólo gozan de mejor salud física, también aprenden hábitos, disciplinas y costumbres que se pueden transportar a otras actividades y dimensiones de la vida. Es probable que la adquisición de estos hábitos explique el mejor desempeño académico que tienen los niños que participan en deportes.

Participar en deportes también es una manera de aprovechar el tiempo de ocio en actividades socialmente aceptables. Una de las políticas públicas más efectivas para reducir la violencia en Ciudad Juárez ha sido incorporar a los adolescentes a actividades deportivas organizadas. Canalizar la energía (y agresividad) natural de los adolescentes a los deportes es mucho mejor que tener que instrumentar medidas para prevenir su participación en pandillas y grupos de delincuentes.

Pero lo que más me gusta de los deportes es que son un laboratorio vivencial en el cual los niños y adolescentes pueden ensayar estrategias competitivas a un costo relativamente bajo (moretones y huesos rotos), en formatos socialmente aceptables y con base en reglas claras. Participar en los deportes desarrolla actitudes y valores que son útiles en el mercado laboral y no sólo porque destacan la importancia del esfuerzo individual, sino porque enfatizan el valor del apego a las reglas establecidas. Saber respetar los límites legítimos de la competencia es una de las lecciones más valiosas que derivan de participar en los deportes, donde hacer trampas no es tolerado ni respetado.

Tres de mis nietos acaban de participar en un torneo de tenis para niños en Estados Unidos. Antes de jugar, ya conocían las reglas del juego y tenían una idea clara de cómo pegarle a la pelota, pero no habían participado en una competencia tan formal como esta. El torneo en que participaron estaba muy bien organizado, cuidando todos los detalles, como si fuera una competencia entre jugadores experimentados. Los organizadores aplicaron las reglas escrupulosamente: marcaban todas las faltas y bolas, cantaban los tiros que salían de la cancha, como si los partidos fueran en las canchas de Wimbledon.

El torneo tenía un formato parecido al de Copa Davis. Compitieron en equipos. Dos de mis nietos (la más grande y el más chiquito) compitieron en un equipo y el otro en el equipo contrario. Había premios para los ganadores. Dos de mis nietos ganaron medallas de oro. El otro tuvo que conformarse con una medalla de plata, pero los tres estaban extasiados con los resultados que lograron y muy interesados en volver a medirse en alguna competencia futura.

Las lecciones que aprendieron mis tres tenistas fueron muy valiosas para ellos. Conocieron a qué sabe ganar; conocieron la satisfacción que deriva de haber competido. Aunque después pierdan alguna competencia los tres acumularon experiencia que les servirá en otros entornos y fases de sus vidas.

Mis nietos tienen la fortuna de vivir en circunstancias personales muy positivas; gozan de más oportunidades que las que tienen la mayoría de los niños mexicanos. Me gustaría que todos sus compañeros mexicanos algún día tengan oportunidades semejantes. Para ello será necesario introducir cambios al plan de estudios y dotar a las escuelas públicas de espacios físicos adecuados y de profesores preparados en educación física. El programa de estudios actual enfatiza el desarrollo de buenos hábitos de salud y el control de las capacidades motoras de los niños. Estos dos objetivos son importantes, pero se quedan muy cortos de lo que requieren los niños y adolescentes del País. Debemos incentivar la participación en competencias deportivas de todo tipo. Acostumbrar a nuestros niños a competir y a jugar dentro de las reglas dispuestas sería una gran lección para toda nuestra juventud.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.