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Actuar con responsabilidad

Esta semana tocó a Irlanda ser el centro de atención de la economía global. Durante varios meses, los líderes políticos del Tigre Celta habían tratado de evitar recurrir a terceros para obtener los recursos financieros requeridos para hacer frente a la crisis financiera de sus bancos. Llegó el momento que habían tratado de evitar: la situación se tornó tan desesperada que no les quedó otro remedio que aceptar el apoyo financiero que la Comunidad Europea y el Fondo Monetario Internacional insistentemente habían ofrecido.

El monto del rescate que recibirá Irlanda es dos veces mayor al que Estados Unidos otorgó a México en 1995. En su momento, el financiamiento que recibió México parecía escandalosamente grande. Pero las dimensiones de la crisis actual rebasan, por mucho, la crisis del tequila.

Irlanda resistió la oferta de ayuda hasta el último minuto. Su gobierno estaba luchando por mantener la autonomía fiscal, sabedor de que si llegaba a firmar un acuerdo con el FMI y la CE, probablemente tendría que homologar la tasa de impuesto que cobra sobre las utilidades de las empresas con las de las economías del Continente.  Durante varios años, la tasa tan baja que cobraba confirió a Irlanda una ventaja competitiva que los demás países de la Comunidad Europea no podían igualar. El efecto de mantener impuestos tan bajos fue incentivar que empresas extranjeras, sobre todo de Estados Unidos, hicieran inversiones en Irlanda desde donde hacían negocios en toda Europa.

La causa principal de la crisis de Irlanda no fue su política fiscal. La razón más importante de su crisis fueron los miles de préstamos hipotecarios que sus bancos hicieron a hipotecas de dudosa calidad, cuya motivacion era aprovechar el alza que se estaba dando en los bienes raíces. Durante varios años del boom irlandés los precios de las viviendas y los espacios de oficinas subieron a tasas que excedían, por mucho, el costo de financiamiento. La burbuja especulativa se fondeó con recursos que provenían de bancos europeos, sobre todo de Inglaterra. De ahí que los países de la Comunidad estuvieran tan interesados en que el gobierno irlandés aceptara los préstamos que le ofrecían. En el caso de que los bancos irlandeses no pudieran hacer frente a sus deudas podría venir una nueva crisis sistémica que arrastraría a los sistemas financieros de España, Portugal y Grecia.

Fue tal la presión que se ejerció sobre Irlanda que finalmente tuvo que aceptar la ayuda de sus socios europeos. Irlanda actuó responsablemente, pero lo hizo bajo presión.

Dediqué tanto espacio al caso Irlandés porque sirve para ilustrar la importancia de que los países implicados en la crisis acepten la responsabilidad que la situación actual les ha creado. Llegó el momento de que las principales economías del mundo cumplan:

  • Los BRICs (Brasil, Rusia, India y China), deben aceptar que la situación actual exige que sus economías sean el motor de crecimiento de la economía global. Esto significa abrir sus economías a las exportaciones de otros países y dejar que sea el mercado el que determine la paridad de sus monedas. Esto último es particularmente importante en el caso de China, la cual se ha resistido a dejar que su moneda se revalúe hasta el nivel requerido para rectificar los enormes desequilibrios que mantiene con el resto del mundo, pero sobre todo con Estados Unidos.

  • Estados Unidos debe reconocer que sus políticas monetarias están creando nuevas burbujas especulativas, especialmente en los precios de commodities como el oro y en las cotizaciones de metales y minerales no-preciosos y productos agropecuarios. Desde hace rato ha sido notorio el exceso de liquidez en Estados Unidos y en el resto del mundo. Lo que sigue será un alza generalizada de precios, liderada por los productos arriba citados, que pronto también se reflejará en los precios al consumidor.

  • México también tiene que hacer lo que le corresponde. La parálisis política del País ha causado que la productividad laboral de nuestra economía carezca del dinamismo que debería y podría tener. México debería estar creciendo a 5 o 6 por ciento anual compuesto; en vez, crecemos como si ya hubiéramos capturado todas las oportunidades disponibles para mejorar la productividad de los insumos disponibles. Parecemos un País de viejitos; no una economía en la plenitud del bono demográfico.

    Llegó el momento de dejar de hacernos tontos. La crisis financiera requiere la acción concertada de todas las economías en un esfuerzo para reactivar el crecimiento económico vía la apertura de mercados y por medio de acciones que mejoren la productividad de los factores de producción. Si todo mundo hace su parte, la crisis se puede resolver en poco tiempo. Pero, si siguen las cosas por donde van, quién sabe cuándo termine.

    Roberto Newell G. es Economista y Director General del Instituto Mexicano para la Competividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.