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¿Adiós a la democracia?

Los seres humanos somos criaturas que por puro instinto damos las cosas por hecho. Nuestra tranquilidad mental necesita de certezas y asideros. Contra toda la evidencia, asumimos que la realidad de las cosas permanece quieta. Sin embargo, los últimos años nos han enseñado que las cosas cambian y muchas veces las mudanzas son para mal.

Timothy Snyder publicó un poderoso panfleto sobre la vida política en Estados Unidos durante la era Trump. El título del minúsculo libro es elocuente por sí mismo: Sobre la tiranía, 20 lecciones del siglo XX (On Tyranny). La fugaz lectura es un manual de resistencia cívica e intelectual frente a la acelerada descomposición de la democracia liberal en EU. ¿Quién hubiera dicho hace tres años que este libro se convertiría en una lectura fundamental? ¿Quién hubiera pensado que la mayor amenaza a la tradición democrática estadounidense provendría directamente de la Casa Blanca?

Hace poco más de una década tuve el privilegio de visitar Turquía, un país de mayoría musulmana donde la democracia y los valores seculares habían podido coexistir con la convicción religiosa de la mayoría de sus habitantes. Una noche, en una calle peatonal de Estambul llena de restaurantes, apareció un hombre que sostenía en silencio, con las dos manos en alto, una cartulina con un mensaje de celebración y advertencia: Larga vida a la democracia secular. Los comensales interrumpieron sus conversaciones y bocados para aplaudir la demostración de un solo hombre. Con su elegante protesta, el manifestante advertía algo que en ese momento parecía improbable e inaudito: la democracia turca está en peligro. Hoy esa democracia ha dejado de existir. Más de 150 periódicos y medios de comunicación han sido cerrados por el gobierno. Líderes de la oposición, periodistas y académicos han acabado en la cárcel. Más de 850 empresas fueron expropiadas de sus legítimos dueños, bajo el argumento de que apoyaron al golpe de Estado.

¿Cómo se destruye una democracia? ¿Se derrumba en un instante como un edificio después de un terremoto o se deforma lentamente como una roca que es sobada por el tiempo? Yascha Mounk, profesor de Harvard, marca la semana del 11 de julio de 2016 como un periodo intempestivo donde, en una breve secuencia de días, ocurrió una serie ominosa de hechos en contra de la salud de los regímenes democráticos. En esa semana, un terrorista a bordo de un camión atropelló y asesinó a 84 personas en Niza, la nueva primera ministra de Gran Bretaña, Theresa May, confirmó la salida de su país de la Unión Europea, Donald Trump designó a Mike Pence como su compañero de fórmula en la candidatura presidencial y en Turquía fracasó un golpe de Estado en contra del líder Tayyip Erdogan.

El primer experimento de México con la democracia duró menos de 20 meses, en paralelo a la Presidencia de Francisco I. Madero a principios del siglo XX. No lo deseo y ojalá nunca suceda, pero si el segundo experimento de la democracia mexicana dura apenas unos 20 años, creo que podremos voltear al 20 de octubre de 2017, para marcar el inicio de ese fin. Con muy pocos recursos y muchos obstáculos legales, Santiago Nieto había cumplido cabalmente con su labor como encargado del Ministerio Público para delitos electorales. Nieto realizó investigaciones muy bien documentadas sobre cómo las cleptocracias estatales del PRI usaron recursos públicos para apoyar a su partido. En el momento de su despido investigaba el papel de la empresa Odebrecht en las elecciones presidenciales del 2012. El trabajo de Nieto era combatir la corrupción que abusaba del poder público para ganar comicios. Su despido es un paso contundente para mandar al diablo a las instituciones democráticas de México.

Nuestra serena pasividad ante este atentado, puede ser una ominosa señal sobre el futuro que viene.

Publicado por Reforma
22-10-2017
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