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¿Ahora qué?

Entre Junio y Noviembre, el mercado de valores de Estados Unidos siguió una trayectoria ascendente. Muchos analistas atribuyeron el alza a que las encuestas políticas apuntaban a un triunfo aplastante de los Republicanos en las elecciones de Noviembre. No conozco ningún estudio que pruebe una liga entre la composición del Congreso y el nivel de la bolsa americana, pero muchos inversionistas que conozco están convencidos que cuando los Republicanos controlan el Congreso, mejoran las condiciones para hacer negocios.

La preferencia de los inversionistas por los Republicanos probablemente tiene sus raíces en que la mayoría de sus candidatos se inclinan por un modelo fiscal que favorece impuestos bajos y un gasto público austero.

Pero las elecciones ya pasaron. Lo que sigue es gobernar. Conviene cuestionar cómo cambiará la conducta del gobierno federal de ese país, con la nueva conformación de su Congreso.

Estados Unidos tiene que trabajar simultáneamente en dos tareas. La primera es abatir la tasa de desempleo que ronda por 10%. Este es un problema de demanda agregada, para el cual las tradicionales herramientas anti-cíclicas son fiscales y monetarias.

La otra tiene que ver con medidas para mejorar la competitividad de EUA vía acciones para potenciar el crecimiento de la productividad de los factores de producción, y con la productividad laboral.

Durante los próximos meses, Estados Unidos tiene como prioridad estimular la demanda. Si las finanzas públicas estuvieran boyantes, se podría activar la economía vía el gasto público. Pero esta opción enfrenta dos obstáculos. El primero es que la duda pública acumulada ya es enorme. Economistas keynesianos y neo-clásicos están inmersos en una gran debate académico respecto de cuánto más se puede hacer por el lado del gasto, pero la realidad ya lo rebasó. Con la nueva composición de la Cámara de Diputados es imposible imaginar que el Ejecutivo Federal logre una mayoría de votos a favor de políticas fiscales expansionarias.

La otra opción es aumentar la oferta monetaria. Esta herramienta se ha aplicado muy agresivamente, sobretodo recientemente. Todo indica que ya se llegó al límite de lo que se puede hacer por este lado. Hoy la mayoría de los economistas piensa que la economía de EUA está en una trampa de liquidez. Actualmente las tasas de interés ya son tan bajas que los incentivos para los inversionistas son mantener saldos líquidos anticipando que el próximo movimiento de tasas tiene que ser al alza. En estas condiciones, la política monetaria es ineficaz, lo que mejor funciona es la política fiscal.

En cualquier caso, las opciones para estimular la economía no son muy buenas, por ello solo queda pedir a la fortuna que los bancos estimulen la economía vía préstamos frescos, cosa que han estado renuentes a hacer desde que estalló la crisis. Quizá las expectativas más favorables derivadas del triunfo Republicano causen que esto cambie, pero lo dudo.

La mayoría Republicana tampoco parece favorecer que se hagan cambios significativos que mejoren la competitividad de EUA.

Por ejemplo, la mayoría Republicana hace improbable que se trate de hacer una reforma profunda al modelo de educación básica y media de EUA. Las escuelas del país vecino no son tan malas como las nuestras, pero su calidad es mucho menor a la de sus competidores europeos y asiáticos. El problema es que cualquier vez que se abre este debate grupos religiosos fundamentalistas aprovechan la oportunidad para tratar de influir los planes de estudio. Algún día se tendrá que resolver, pero los costos políticos asociados son tan altos, que ningún político racional está dispuesto a incurrirlos, sobre todo en períodos cuando los Republicanos controlan el Congreso y la mayoría de los gobiernos locales.

Algo parecido sucede con la educación superior. El problema en este caso no es que la calidad de las universidades sea baja, sino que no hay suficientes alumnos americanos estudiando las ciencias duras. La brecha de talento se estaba subsanando con estudiantes de otros países. Pero el gran temor que expresan muchos de los que apoyan a los Republicanos hacia personas de culturas ajenas hace que hoy sea muy difícil estimular que talentos de otros países inmigren a EUA. El efecto de corto plazo no es importante, pero en el largo plazo esto debilitará la competitividad de EUA.

Queda el tema de qué hacer para modernizar la infraestructura física, la cual data de hace décadas. En este caso el debate es menos confrontacional, pero las decisiones requeridas se topan con la resistencia que ponen los Republicanos a que siga creciendo la deuda pública.

En suma, la situación de EUA es poco alentadora. Si bien no se puede descartar un acercamiento entre Demócratas y Republicanos (como el que tuvo Clinton con los Republicanos después de una derrota electoral similar) más nos vale ir pensando qué hacer en México para que nuestra economía crezca vía mejoras de la productividad de los mexicanos y el desarrollo de negocios de exportación de nuevos mercados.

Roberto Newell G. es Economista y Director General del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.