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Alejandro y Sara

Para Cimenna y Verania.
Hace apenas una maldita semana escribí lo siguiente: "El futuro será muy distinto cuando los mexicanos de todas las regiones y los distintos deciles de ingreso nos asumamos como corresponsables de nuestra casa común. Con ciudadanos exigentes y autoridades que tengan obligación de dar respuestas, la esperanza en México tiene motivos y fundamentos". Ese sentimiento de esperanza fue remplazado por el coraje y la tristeza. Alejandro Chao y Sara Rebolledo fueron asesinados en Cuernavaca. Eran padres generosos, abuelos cariñosísimos, maestros del aula y la vida, personas muy queridas a quienes tuve el privilegio y gusto de conocer. Los Chao eran ciudadanos preocupados por México y ocupados por su futuro. Alejandro dedicó su vida profesional a la educación. Los testimonios dejan claro que en el aula no sólo sembraba conocimientos, sino también la admiración y el afecto de sus alumnos. De esa madera y de ese talante necesitamos millones de personas para lograr que nuestro país sea algo distinto a una República de frivolidades y náuseas.

La policía del estado de Morelos ha presentado a tres individuos como probables responsables del crimen. Las edades de los indiciados son 22, 18 y 16 años, estos jóvenes pertenecen a la "generación del fin siglo". La década que medió entre 1990 y el año 2000, México tuvo saturadas sus salas de maternidad. Los bebés de aquel entonces tienen hoy entre 24 y 14 años. Uno de los grandes desafíos de México es generar suficientes oportunidades de empleo y educación para acomodar las expectativas de este gigantesco sector de la población.

En un estudio del IMCO y la OCDE sobre seguridad pública en México se encontró que el principal factor socioeconómico que explica el homicidio intencional es el desempleo en los jóvenes. La evidencia es consistente tanto para otros países, como para otro tipo de crímenes. Steven Levitt, autor de Freakonomics, llega a conclusiones semejantes: la demografía es destino en los incrementos acelerados y las reducciones del fenómeno criminal. La conclusión puede parecer muy obvia: millones de hombres, adolescentes y jóvenes, con poca esperanza y mucho tiempo de ocio son una combinación explosiva para la seguridad pública.

A pesar de la obviedad, en México gastamos buena parte del presupuesto de gobierno sin atender la evidencia. De acuerdo con un estudio reciente (IMCO, 2014), un mexicano o mexicana con preparatoria tiene casi 40% más posibilidades de tener un empleo formal que aquellas personas que sólo terminaron la secundaria. Así mismo, una persona tiene en promedio 23% más ingreso a lo largo de su vida si termina la prepa, sobre quienes sólo acabaron el grado inferior. Con datos del censo de 2010, 43% de la población entre 15 y 19 años no asiste a la escuela y el promedio nacional de escolaridad está ligeramente arriba de segundo de secundaria. Antes que carreteras, segundos pisos y trenes, México necesita de maestros y escuelas de preparatoria. Necesitamos invertir menos en asfalto y más en las neuronas de los jóvenes.

En memoria de dos morelenses empeñados en cambiar a México a través de la educación, Alejandro y Sara Chao, el gobernador Graco Ramírez se debería comprometer a que su estado será la primera entidad de la República en tener un promedio de escolaridad de nivel preparatoria. El gasto público se podría orientar a este fin específico en un lapso de tiempo razonable, pero no infinito. Para eso habría que cancelar las obras faraónicas del segundo piso de Cuernavaca y dedicar esos recursos a la educación preuniversitaria. El crimen y la pérdida nos dejan desolados y confundidos. Que sea el ejemplo de vida de Alejandro y Sara, y no su dolorosa partida, lo que nos ayude a reencontrar el sentido de las cosas.

Publicado por Reforma
11.05.2014