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Alertas

Al Presidente y a su gobierno les urge respaldo social. Las encuestas reflejaron un rechazo casi unánime (87%) a la visita de Trump. El Presidente debe encontrar una medida que vuelva a unificar a la población, pero en sentido inverso: en aceptación. No contra algo, sino a favor de…
Los mexicanos están agraviados. Lo están con razón.

Aplaudo el triunfo de las reformas estructurales por su potencial para cambiar el país. Quizá todavía más porque mostraron dos cosas. La primera, la capacidad del Presidente de reunir voluntades políticas alrededor de causas que los cuatro o cinco presidentes anteriores persiguieron y en las que fracasaron. La segunda, porque la oposición dio muestras de que la pluralidad puede traducirse en colaboración.

Pero hasta ahí llegó el gobierno. Ambas se han esfumado. Las reformas estructurales que algunos aplaudimos fueron sobreestimadas y están siendo mal operadas. Es necesario persistir en ellas y mejorar su puesta en práctica, pero no pueden seguir figurando en el discurso como el gran logro del gobierno. Ya dieron de sí al interior y exterior del país. Tenemos una fatiga reformista. Así como Fox hizo mal en apostar a quedarse casi únicamente con el triunfo de “haber sacado al PRI de Los Pinos”, Peña Nieto se equivoca en querer pasar a la historia como quien logró la aprobación de las reformas estructurales. Hay que pasar esa página.
No vendría mal un grupo de trabajo que analizara con cierta rapidez los yerros del gobierno en lugar de que la banda siga patinando en el logro legislativo de las reformas. Un grupo que hiciera una reflexión de por qué pudo ocurrir Ayotzinapa, Tlatlaya, Nochixtlán, Tanhuato… y cómo evitarlos en el futuro. Por qué la fuga de El Chapo. Por qué persisten las violaciones a los derechos humanos. Por qué suman ya más de 34 mil 500 las ejecuciones relacionadas con el crimen organizado en lo que va del sexenio (Consultora Lantia) o más de 64 mil homicidios dolosos, según el propio Sistema Nacional de Seguridad Pública. Qué ha hecho posible la desaparición de 27 mil personas. Por qué muchos gobernadores pueden gobernar hasta el fin de su mandato a sabiendas de que están ligados con el crimen organizado, lavan dinero, desvían recursos, ejercen el tráfico de influencias, crean empresas fantasma o se coluden. Por qué el pésimo tratamiento en el escándalo de la Casa Blanca. Por qué la falta de sensibilidad para dejar ir a funcionarios que han hecho un trabajo notablemente profesional, como Aristóteles Núñez y, en cambio, mantener a Alfredo Castillo en la Conade a pesar de su incompetencia y comportamiento “impropio” en las Olimpiadas de Río o nombrar a otros, como Luis Miranda en una cartera como Sedesol, en la que se reemplaza a un profesional por un operador político que ninguna competencia tiene en la materia. Por qué pudo prosperar el error de Trump.

Más que explicación, todos estos casos merecen una reflexión que conduzca a un cambio en la toma de decisiones y en el ejercicio del poder.
Aunque su motivación sea estrictamente político-electoral, López Obrador tiene razón. Hay que frenar la caída de Peña. No hay que apostar por “construir el nuevo México a partir de escombros”. Si no nos cuidamos, los escombros podrían volverse realidad.

En esta dirección preocupan algunas manifestaciones de la sociedad civil. Hace unos días fui receptora de dos fotografías. Cada una con una persona portando un cartel. En la primera decía : “Mario Aburto: en dónde estás cuando México realmente te necesita”. En la segunda: “Se solicita sangre tipo Díaz Ordaz para combatir a todos los chairos mugrosos”. A eso hemos llegado.

En un plano totalmente distinto en el que no estoy de acuerdo, pero que al menos apela a vías legales y pacíficas, se gesta un movimiento para pedir la renuncia del Presidente. Más allá de presionar al gobierno actual a que despierte del pasmo en el que parece encontrarse —que no es poca cosa— no encuentro el beneficio que se espera de una renuncia. ¿Un presidente electo por el Congreso para el tramo que falta?, ¿de qué partido?, ¿un seudo-independiente de consenso?, ¿para hacer qué?, ¿con qué respaldo? ¿con qué oferta de gobierno?

Las alertas están ahí para quien quiera observarlas. En los dos años que restan hay mucho por hacer. Para comenzar, la búsqueda de una reconciliación nacional antes de que las elecciones de 2018 nos alcancen y antes de que prosperen los absurdos y peligrosos llamados a los Aburtos o a los Díaz Ordaz.

Publicado por Excélsior
14-09-2016