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Amar y querer

Las musas de la inspiración se transportan en vehículos insospechados. Un clásico de la balada romántica se puede convertir en una herramienta útil para comunicar un problema grave de la economía mexicana. Manuel Alejandro puso la letra y José José dio su voz para inmortalizar la melodía que presta el título de este texto. Para leer la primera frase del siguiente párrafo conviene tararear la tonada de ese clásico del Príncipe de la Canción, pero con una variante en la letra y los verbos que conjuga:

"Es que crecer y gastar no es igual". En los albores del 2013, México aspiraba a tener un crecimiento económico del 3.9% del PIB. Después de una serie de ajustes a la baja, las cifras apenas llegaron al 1.1%. Una de las explicaciones más socorridas del problema es una frase frecuente y gastada de la burocracia nacional: "Se tardó en bajar el recurso". Como si el gasto público fuera un señor que baja del cielo con un maletín de dinero para solucionar todos nuestros males. De acuerdo a esta explicación, el paso de la estafeta entre dos gobiernos desaceleró el ejercicio del gasto público y esta descoordinación descarriló a toda la economía. Es claro que el aletargado ejercicio del presupuesto tiene un efecto significativo sobre varios sectores de la economía. Sin embargo, así como amar y querer no es igual, crecer y gastar tampoco son sinónimos.

El gastar pronto puede acabar, es deseo fugaz. El dinero público en México sale de tres bolsas: los impuestos, el petróleo y la deuda. Para el 2014, el gobierno y el Congreso recetaron un alza de los impuestos, sin embargo los números de la recaudación no le cuadran a la Secretaría de Hacienda. A pesar de la reforma fiscal, con las cifras de febrero, las tendencias muestran que el erario recaudará menos dinero que el año pasado. En el frente petrolero las noticias tampoco son buenas. En promedio, hoy el barril de la mezcla del petróleo mexicano vale 11 dólares menos que en 2013. Sólo en el primer bimestre, Pemex redujo sus ingresos en mil millones de dólares. Dos de las tres fuentes de fondos del erario público, impuestos y petróleo, van para abajo. La capacidad de endeudamiento tiene límites en el presente y costos hacia el futuro. El anhelo efímero de reactivar la economía por la vía del gasto ha tenido un destino más triste que una canción de José José.

El gastar es buscar el obscuro rincón. En las últimas semanas nos hemos enterado de que el dinero público se usa para financiar decenas de miles de aviadores en el sector educativo, negocios ilegales como Oceanografía, la infraestructura frustrada de la Línea 12 del Metro, y vicios privados como la prostitución en el PRI del Distrito Federal o los strippers en la campaña del PAN. Todos estos escándalos tienen como hilo conductor el hecho de que se patrocinaron con las cajas negras del gasto público.

La premisa de que el presupuesto puede reactivar el crecimiento se basa en el argumento de que el gobierno tiene mejor ojo para hacer inversiones productivas que las familias y las empresas. Esto equivale a tener al cantor de Gavilán o paloma como terapeuta conyugal. No por haber despilfarrado mucho en amores, uno se convierte en experto de terapias de pareja. Las expectativas sobre el crecimiento del PIB en 2014 parecen cuenta regresiva con puntos decimales: 3.9, 3.4, 2.9. Las proyecciones de Hacienda volaban en caballo blanco en mundo, pero al mirar los resultados me sentí desengañado.

Esperemos que los profundos cambios constitucionales del 2013 tengan mejores resultados que la reforma fiscal. El pantano de las legislaciones secundarias no ayudará a reactivar la inversión en el corto plazo. Si el crecimiento no repunta pronto, la estrategia de gastar para acelerar el ciclo económico empezará a hacer agua. Si no hay sabiduría para rectificar el rumbo, La nave del olvido puede chocar contra un iceberg y entonces habrá que cantar a coro Lo que no fue no será.

Publicado por Reforma
13-04-2014