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Analogía útil

En la televisión están pasando un programa americano denominado Wipeout que encanta a mi nieto.  Wipeout es una carrera contra reloj en la cual los competidores tienen que vencer obstáculos que algún genio creativo diseñó. 

Los obstáculos se mueven erráticamente, golpeando fuertísimo a los competidores.  Como la carrera se desarrolla sobre una pasarela elevada, si los competidores pierden el equilibrio caen en fosas de agua y tienen que volver a empezar. 

Los ganadores de la carrera tienen que combinar varios atributos:  deben ser fuertes puesto que hay obstáculos que solo se pueden librar colgando el peso completo del competidor de una soga o columpio; también tienen que tener reflejos excelentes, puesto que los movimientos de las máquinas son erráticos y cambian de dirección casi instantáneamente.  Tienen que ser aguantadores y audaces puesto que las máquinas dan golpes muy duros, sin respetar el género o tamaño del competidor.  A Tomás le encanta ver los golpes y las maromas que dan los competidores de Wipeout.  Disfruta tanto que acabó por contagiarme.  Ahora lo veo cuando puedo, aunque lo que más me gusta es compartir la experiencia con Tommy, sus hermanos y primos.

El desafío que enfrentan los competidores de Wipeout no podría ser más sencillo: O remontan los obstáculos o quedan fuera de la competencia, y si acaban la carrera atrás de algún otro competidor, también pierden.  En Wipeout el ganador gana todo, los demás nada, (aunque todos parecen divertirse). 

Las reglas de la competencia hacen que Wipeout sea un juego de suma cero.  En la economía hay juegos de suma cero, pero no son tan comunes como uno podría imaginar; la mayoría de los mercados operan con reglas de suma positiva en los cuales los competidores, como grupo, ganan más de lo que ponen en el juego.  Si esto no fuera así, no habría crecimiento económico.  Las transacciones solo se servirían para redistribuir los bienes disponibles.

No obstante lo anterior, Wipeout es una analogía útil para la vida, que transmite conceptos útiles a los que lo ven, aun cuando sean adultos como yo.  Wipeout premia a los competidores que combinan agilidad, tenacidad, audacia, fuerza y estrategia.  Los competidores que tratan de ganar la competencia a golpes se desgastan y acaban nadando en la fosa.  Los que no tienen el valor de enfrentar los obstáculos también pierden.  Para ganar la carrera se tiene que competir.  Lo mismo sucede a los que no tienen fuerza moral o física.  Si son fuertes pero les falta tenacidad, pierden porque ningún competidor vence todos los obstáculos en el primer intento, y si son tenaces pero débiles físicamente, los obstáculos los agotan antes de que concluya la carrera.  Y para colmo, si tienen todos los demás atributos pero no desarrollan un plan de juego adaptable, tampoco llegan a la meta.

He visto el programa varias veces.  He visto a muchos fracasar y a unos pocos triunfar.  Las reglas no favorecen al más fuerte o al más tenaz, sino a quién reúne el mayor número de atributos competitivos, en esto se parecen a las reglas de la vida real.  Mi nieto es bajito de estatura (eso no me lo sacó a mi);  si algún día participa en competencias como Wipeout tendrá que usar una estrategia multifacética.  Sé que le irá bien porque ya aprendió que para ganar debe apalancar las destrezas y habilidades que le tocaron en la lotería de la vida.

Wipeout es una analogía útil para las personas que participan en actividades competitivas, o sea para todas las personas.  Enseña que le va bien a los que diseñan estrategias que aprovechan sus ventajas comparativas, (esto es micro-economía pura).

Wipeout también es una analogía útil para los que diseñan políticas públicas.  La competencia está abierta a todos los que quieren participar en ella, con reglas del juego idénticas para todos.  Compiten en Wipeout personas de los dos géneros; jóvenes y grandes; gordos y flacos, listos y tontos, en suma, una muestra bastante representativa de la humanidad.  Los resultados de la competencia no están predeterminados.  Si ese fuera el caso, nadie vería el programa.  Las reglas tampoco favorecen a ciertos competidores.  Los obstáculos son iguales para todos; golpean a los competidores con la misma fuerza, sin favoritismos ni sesgos anti-competitivos.  Así deberían de ser las reglas en la economía: iguales para todos, sin favoritismos ni apoyos clientelares.   
   

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Consejo del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C..  Las opiniones en esta columna son personales.