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Apartamento de Miami

Pensé que en Los Pinos por fin habían comprendido que era indispensable rectificar el rumbo y asumir una conducta pro-activa en el combate contra la corrupción y el conflicto de interés. Parecía que el desplome del nivel de aprobación del Presidente en las encuestas, los resultados tan malos del PRI en las elecciones y el enorme descrédito del partido del Presidente evidenciado durante el proceso de aprobación del paquete de leyes que conforman el Sistema Nacional Anti-corrupción, motivaría al Presidente a hacer cambios profundos en su estrategia de Gobierno. Pensé que la disculpa del Presidente por el escándalo de la Casa Blanca marcaba un hito a partir del cual se instrumentaría una nueva estrategia de Gobierno. Pensé que la disculpa inauguraría un periodo de rectificaciones y estrategias nuevas: se inaugurarían políticas públicas; habría caras nuevas en el Gabinete; el Gobierno federal y la PGR harían un mayor esfuerzo para combatir la corrupción, sobre todo en esas regiones del País donde la conducta de los gobiernos estatales ha sido escandalosamente mala.

Pasaron los días. Iba apareciendo unas cuantas evidencias en ese sentido. Por ejemplo, al ex Gobernador Medina le fue negada su solicitud de amparo; la presión política y el escarnio obligaron al Presidente a vetar las enmiendas que sus partidarios habían hecho a la Ley 3 de 3 para castigar a los que habían apoyado la iniciativa. Pero a pesar de estas señales positivas, las cosas se movían muy lentamente.

Justifiqué esa lentitud con el argumento de que seguramente lo que sucedía es que estaban haciendo la tarea cuidadosamente, para que no se les escapara ni un solo pillo acusado de corrupción. Pensé, lo que sucede es que en Los Pinos por fin entendieron que los mexicanos nos sentiremos defraudados y engañados si otra vez resulta que los casos preparados por la PGR son tan frágiles que no aguantan ni la más leve resistencia.

Pero la publicación del artículo de The Guardian sobre los apartamentos en Miami sugiere que mi optimismo no se justificaba. En Los Pinos todavía no acaban de entender que el hartazgo de los mexicanos con las fallas éticas de sus gobernantes no se eliminaría con una disculpa del Presidente. Para convencer a los ciudadanos de que las cosas realmente cambiarían se necesitaba que pasará un periodo largo de conductas aseadas y de evidencia de combate efectivo contra la corrupción. Lo que no podía suceder era que a los pocos días se publicara evidencia de otra relación inexplicable entre miembros de la familia inmediata del Presidente y personas que pretenden ser contratistas de proyectos de Gobierno.

Es asombroso que en Los Pinos todavía no entendieran que en una era en la cual diariamente se publican notas de investigaciones de malas conductas de funcionarios públicos de todo el mundo, era solo cuestión de tiempo para que se descubriera y publicara información sobre la extraña relación económica de la Sra. Rivera con los propietarios del Grupo Pierdant, sobre todo cuando según The Guardian, ese grupo quería participar en una licitación para administrar un puerto mexicano. Si la relación en cuestión era totalmente inocente, el momento ideal para explicar de qué se trataba el préstamo del apartamento en Miami y el pago impuesto predial fue cuando se estaban explicando los pormenores del financiamiento de la Casa Blanca. La segunda oportunidad fue cuando el Presidente decidió pedir una disculpa pública por el conflicto de interés con Grupo HIGA. El Presidente no podía correr el riesgo de que alguna persona ajena a él fuera quien diera a conocer la existencia de otra relación económica tan difícil de explicar. La explicación al respecto tenía que venir de él y debía incluir el remedio y el trapito. Si no se estaba dispuesto a hacer eso, era mejor no pedir una disculpa y mantener cruzados los dedos de que la relación con el Grupo Pierdant nunca saliera a la luz, y sobre todo no ahora, cuando la vulnerabilidad política del Presidente es tan grande. La pregunta obvia es, ¿y ahora qué debe hacer el Presidente?

Si la decisión del Presidente es conformarse con una explicación a medias para ver si vuela, habrá asumido una estrategia muy riesgosa que casi garantiza que el escándalo siga creciendo. Es altamente probable que los articulistas de The Guardian estén preparando artículos adicionales con nuevas evidencias sobre los apartamentos en Miami, la Sra. Rivera y el Grupo Pierdant. Si el Presidente no ofrece una explicación detallada de la relación con el Grupo Pierdant se estará exponiendo a que algunas de esas nuevas revelaciones lo expongan a escándalos adicionales.

El Presidente está atrapado en una situación sumamente comprometedora. Por el bien de la envestidura presidencial, espero que encuentra cómo salir del enredo.

Publicado por Reforma
18-08-2016