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Atavismos

En biología, un atavismo es la expresión de un gen que ha estado inactivo durante largo tiempo. Cuando se vuelve a expresar, invariablemente corresponde a un tipo más primitivo. En las ciencias sociales, los atavismos son expresiones culturales propias a otras épocas. En los dos casos estamos hablando de anacronismos, de conductas u objetos que están situados en un espacio de tiempo que no les son propios.

La mayoría de las expresiones culturales atávicas son inofensivas. Algunas hasta son graciosas, como el resurgimiento del culto de Gaia (Diosa de la Tierra en la mitología griega) entre algunos naturistas y ecologistas que buscan complementar la tradición secular-científica de la ecología con expresiones místico-religiosas para realzar y dar sentido supernatural a la disciplina científica.

Pero a veces, los atavismos culturales pueden ser costosos. Un caso ejemplar aparece en el ensayo de Joseph Schumpeter sobre las causas de la Primera Guerra Mundial. El economista austriaco atribuyó la Guerra a la disposición atávica de las sociedades europeas de ir a la guerra en defensa de los intereses de las familias reales de Europa. El ensayo de Schumpeter ayudó a popularizar la tesis de que los conflictos entre sociedades liberales (democracias con economías de mercado) son menos probables que entre otro tipo de sociedades, porque comparten intereses comerciales e ideológicos. La implicación de la obra del gran intelectual austriaco es que la mejor defensa contra conductas sociales irracionales (como la guerra mundial) es eliminar hasta el último rastro cultural atávico.

En el País también persisten expresiones culturales que conviene desterrar, tanto por razones de equidad como por sus efectos sobre la productividad. Por ejemplo, el autoritarismo sigue enraizado en nuestra cultura laboral, con consecuencias muy negativas en ámbitos de trabajo que requieren que las relaciones de trabajo sean horizontales para optimizar el desempeño de las personas. La cultura religiosa tradicional también puede tener efectos negativos, sobre todo cuando causa que las personas asuman conductas pasivas o fatalistas ante la adversidad. ¿Y qué decir de la persistencia del machismo y de la discriminación de género que relega a las mujeres a roles inferiores en la economía y sociedad?

Aunque estas conductas todavía son muy comunes, generalmente el País va caminando en la dirección correcta, construyendo instituciones que difunden valores más modernos y acordes con una sociedad liberal. Pero en el nombre de la equidad también se han creado marcos institucionales que lesionan los derechos humanos de las personas. El caso icónico lo tenemos en la fracción A del artículo 2 de la Constitución, que tratando de proteger a las culturas indígenas tradicionales crea circunstancias que pueden lesionar los derechos políticos y humanos de cientos de miles de mexicanos que están obligados a someterse al capricho político de líderes comunales tradicionales.

Los atavismos tocan otras partes de nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, el miedo al uso de la fuerza pública causa que el derecho a manifestarse sea interpretado como un derecho absoluto que se debe respetar siempre, cueste lo que cueste.

Otros atavismos políticos afectan nuestra vida política. La no-reelección, elevada a rango constitucional, debilita la relación entre los ciudadanos, los partidos políticos y los funcionarios públicos electos y debilita la rendición de cuentas y la representatividad de la democracia mexicana.

En la vida económica del País también persisten estructuras e instituciones que reflejan otros tiempos y necesidades. Afortunadamente, a partir de la apertura económica los ejemplos de sectores productivos atrapados en el pasado son menos comunes, pero aún subsisten varios, sobre todo en el sector agropecuario, donde el régimen ejidal frecuentemente coexiste con prácticas productivas muy rezagadas que ni siquiera satisfacen las necesidades de autoconsumo de las familias.

El sector petrolero también está atrapado en el pasado. El peso de Pemex en el imaginario nacional y la estructura monopólica del sector petrolero causan que sea sumamente difícil mejorar la eficiencia económica del sector. Para avanzar en este frente, es indispensable erradicar temores atávicos que ven amenazas a la soberanía nacional en la apertura y liberalización del sector.

Algo similar sucede en el caso de la reforma educativa. El hecho de que un número significativo de maestros considere su rol en el salón de clases como el derecho a una sinecura pagada por el Estado, y no como un trabajo remunerado con responsabilidades y obligaciones recíprocas que atender, está causando que sea difícil avanzar en la instrumentación de la reforma educativa.

Para que México avance y se modernice, es indispensable erradicar expresiones atávicas que no corresponden a la realidad de una sociedad liberal moderna.

Publicado por Periódico Reforma (28-11-2013)