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Atraer y retener el talento

Una conversación con uno de los más distinguidos funcionarios públicos de la actualidad motivó esta columna.
La discusión fue sobre los retos que enfrenta el Gobierno federal para atraer y retener personas calificadas para ocupar los mandos medios y altos en la administración pública.

La conversación inicialmente estuvo enfocada sobre los efectos potenciales de transparentar y hacer pública información detallada y personal sobre el patrimonio, los ingresos y los posibles conflictos de interés de los funcionarios. Lo que preocupa al funcionario en cuestión no es tener que revelar tales datos, sino que se haga un mal uso de la información, exponiendo a los empleados del gobierno a riesgos de seguridad y a daño reputacional dada la fuerte propensión de los medios a usar ese tipo de información para crear escándalos políticos y mediáticos que pueden empañar la imagen y reputación de personas inocentes con el pretexto de ventanear a una fracción de la población que incurre en conductas corruptas, como sucedió en el caso de los Panama Papers donde se violó la confidencialidad de información privada de una relación abogado-cliente.

Creo que mi interlocutor tiene razón. Por ello, uno de los principales retos aún por resolver, en el caso de la Ley 3de3, es diseñar una fórmula que obligue a los aspirantes a un cargo público a divulgar tal información, pero simultáneamente garantizando que los datos recabados se mantendrán bajo resguardo. Este objetivo se puede lograr estableciendo la obligación de divulgar esa información bajo protesta de decir verdad, con la condición que los datos divulgados se manejarán confidencialmente, excepto en cualquiera de dos situaciones excepcionales:

cuando la autoridad requiere conocer la información en el curso de la investigación de una violación grave de la Ley General de Responsabilidades Administrativas o cuando una auditoría aleatoria de las bases de datos de los funcionarios arrojan resultados que muestran que hay una diferencia material entre la información reportada bajo protesta y la información obtenida usando otros medios. En pocas palabras, lo que sugiero es considerar aplicar un método de verificación de información del tipo que rutinariamente usan los auditores públicos de una empresa.

Agotado el tema de transparencia, pasamos a otro no menos importante para atraer y retener talento de clase mundial: la compensación de los mandos altos y medianos del Gobierno federal. Mi interlocutor me recordó que la compensación de estas personas está congelada desde 2002, por Decreto del Presidente Fox, mismo que fue reforzado y extendido a otros estratos del Gobierno en Decretos de los dos Presidentes subsecuentes.

Desde que se emitió el Decreto original, los precios al consumidor han crecido 86 por ciento. Por tanto, el poder de compras de los salario de los funcionarios altos y medianos ha caído 54 por ciento.
La estrategia de compensación del Ejecutivo durante ya casi tres lustros es una estupidez que acabará costando caro a los contribuyentes, puesto que se ha erosionado la capacidad del Gobierno para atraer y retener talento.

Conozco a muchos funcionarios de primer nivel. En general, mi opinión de ellos (y ellas) es positiva. Muchos de los mejores mexicanos ven su papel en el Gobierno federal como una decisión patriótica que deriva de su deseo de servir al País, participando en el diseño y desarrollo de políticas públicas de alta calidad. Pero, si como país aspiramos a contar con un Gobierno liderado por el mejor talento administrativo, legal y económico disponible, es indispensable que corrijamos el deterioro de los salarios, puesto que el Gobierno gradualmente está perdiendo a muchos de sus talentos más jóvenes.

Para contar con servidores públicos de alta calidad moral e intelectual es indispensable mejorar la propuesta de valor que se ofrece a los funcionarios públicos. En vez de la propuesta que actualmente les dice: "ven, trabaja para el Gobierno en un entorno de desconfianza y descrédito, donde, además se te pagará mal", la propuesta de valor debe ser: "ven; trabaja para un gobierno que te garantiza que donde estés serás respetado, evaluado y compensado sobre bases competitivas y objetivas con base en tus méritos y capacidad."

Sin que nadie se haya dado cuenta, el Gobierno federal se convirtió en un lugar donde muchos de los mejores mexicanos ya no quieren trabajar. Este es un error tremendo que se debe corregir antes de que venga una tragedia.

Publicado por Reforma
05-05-2016