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Atraer y retener talento

Debatí cómo redactar esta nota. Después de muchas vueltas, concluí que lo mejor era tratar el tema del secuestro como si fuera un problema económico, más aun cuando el tema es muy delicado y afecta el bienestar de miles de familias, entre ellas la mía.

Imco define competitividad como la capacidad de una región para atraer y retener inversiones y talentos. Esto viene al caso porque en estos días la competitividad del Estado de Morelos sufrió un golpe que afectará su capacidad para atraer y retener talentos.

Vamos a los hechos. Una pareja de profesionales jóvenes decidió irse de Cuernavaca después de que él, un prominente médico que encabezaba los servicios de salud de un hospital privado, fuera secuestrado. Afortunadamente, las cosas tuvieron un desenlace relativamente benigno. Haciendo gala de inteligencia y valor, el médico logró escapar de sus captores y regresó a salvo con su familia.

No obstante, dos instituciones privadas morelenses y las comunidades que éstas atienden están pagando un costo muy elevado: el hospital perdió a un profesional y su cabeza operativa; mientras que la escuela primaria donde ella trabajaba perdió a una directora que se había ganado el respeto y afecto de la comunidad local. Pérdidas como estas no se reponen fácilmente.

Morelos está mal y de malas. Los analistas que siguen el desempeño de los Estados de la Federación califican mal al Estado en varias dimensiones. En el Índice General de Competitividad de Imco, el Estado sale a media tabla, pero en el subíndice que califica la calidad de su Estado de Derecho sale mucho peor: en el número 24.

Estudios de la situación de seguridad pública del Estado muestran que Morelos está en crisis. Por ejemplo, en el Índice de Víctimas Visibles e Invisibles de México Evalúa, sale tercero entre los Estados con mayor número de víctimas. Sólo Chihuahua y Durango están peor.

Como se puede ver en la gráfica adjunta, las estadísticas de los dos delitos que más impacto tienen sobre el bienestar psicológico de las personas (los homicidios y secuestros) han seguido una trayectoria ascendente en los últimos 3 años y medio. Los homicidios llegaron a su nivel más alto en julio del año pasado; a partir de entonces han decrecido, pero los secuestros no. La decisión que tomó la joven pareja arriba citada no fue una sobrerreacción a una situación aislada, sino una decisión racional ante la inseguridad que prevalece en Morelos.

Urge cambiar estas tendencias. Si bien el índice de homicidios ha mejorado, el nivel actual es más del doble de lo que era a la mitad del sexenio de Adame, mientras que el número de secuestros es seis u ocho veces más alto.

El Gobernador hizo lo correcto cuando decidió crear un mando único policiaco con base en las policías municipales del Estado. Pero los datos sugieren que ese cambio pudo haber motivado cierta pérdida de control de los grupos criminales que se dedican a la extorsión y los secuestros. El Gobierno debe hacer todo lo que pueda para revertir la tendencia actual: reclutando y entrenando a mejores policías y desarrollando capacidades de inteligencia e investigación que actualmente no existen.

La sociedad civil también tiene que tomar cartas en el asunto. Si las personas que gobiernan las instituciones mencionadas se quedan de brazos cruzados, les harán fácil la vida a los delincuentes que asechan a la ciudad. Las autoridades de las dos organizaciones deben manifestar su inconformidad con la situación actual y públicamente presionar al Gobierno para que actúe con energía para que este tipo de situaciones no se vuelva a repetir. La sociedad civil no puede darse el lujo de actuar como si no estuviera pasando nada. Quién sabe cuántas otras personas valiosas lleguen a la conclusión de que así no se puede vivir en Morelos. Perder más talentos sería intolerable.

 

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.