Artículo

Australia en la Economía Global

Acabo de dar una conferencia en Australia.  Fue una gran oportunidad para conocer y tratar a economistas destacados de ese país e intercambiar puntos de vista sobre el crecimiento de la economía mundial y los efectos que la crisis internacional está teniendo sobre el desempeño de nuestras respectivas economías. 

La economía de Australia es del mismo tamaño que la de México, pero tienen una población que es solo una quinta parte de la nuestra.  En comparación a nosotros, son muy ricos.  A pesar de la recesión que afecta a Estados Unidos, Europa y Japón, Australia ha logrado seguir creciendo.  Van contra la marea.

Esto se debe a que en Australia se combinaron la virtud y la buena suerte.  La virtud tuvo que ver con el hecho que fueron capaces de instrumentar una serie de reformas que les permitieron aprovechar la oportunidad que representa para ellos el crecimiento económico de China.  Las reformas fueron en dos fases.  Durante la primera, abrieron su economía.  La apertura, que inició en los ochenta,  motivó a sus empresas a aumentar su productividad.  Posteriormente, llevaron a cabo la segunda fase de reformas que constó de medidas para hacer más eficientes los mercados de insumos domésticos.  El principal cambio que hicieron fue liberar el mercado laboral, pero sus gobiernos también se preocuparon por asegurar que sus mercados de insumos fueran eficientes; llevaron a cabo un proceso disciplinado de reformas para mejorar la competencia en todos los sectores económicos.  Las dos fases de reforma sirvieron para que Australia ganara competitividad en la economía mundial. 

Pero Australia también tuvo suerte.  Las reformas que hicieron coincidieron con el auge de China.  Cuando se presentó esta oportunidad, Australia ya era altamente competitiva en la producción de materias primas del tipo que China requiere para alimentar su producción industrial.

Australia vende una amplia variedad de productos básicos a China entre los cuales destacan el carbón, el fierro y una gran variedad de productos agrícolas, entre ellos el trigo y el azúcar.  Pero, los australianos también aprovecharon la oportunidad comercial para vincular su sector de servicios al boom chino.  Todos los años reciben cientos de miles de turistas de ese país, y también han logrado vincular sus sectores de servicios profesionales y financieros a los mercados de Asia. 

El éxito de Australia es un ejemplo útil de lo que México debe hacer para crecer con mayor dinamismo.  La productividad laboral en México crece lentamente desde hace varios años.  El estancamiento relativo de la productividad significa que gradualmente se está erosionando la competitividad de nuestra economía.

Esto se debe a que no hicimos la tarea de reforma completa.  Abrimos la economía, pero nos falló el tema de reformar los mercados de insumos domésticos.  La principal razón del estancamiento relativo de la productividad laboral es la baja eficiencia con que operan el mercado laboral, el mercado energético y la mayoría de los sub-sectores de comunicaciones y transportes.  Las distorsiones en estos mercados debilitan la competitividad de un gran número de sectores industriales y de manufacturas que dependen de estos insumos. 

Australia llevó a cabo dos olas de reformas.  Inició su proceso de modernización económica abriendo su economía a los flujos de mercancías provenientes de otros países, como lo hicimos nosotros durante las últimas dos décadas.  Después de la apertura comercial, Australia liberalizó sus mercados de insumos, detonando con ello una segunda ola de mejoras que reforzaron la competitividad de su economía. 

México se atoró después de la primera ola de reformas.  Por ello, nuestra economía no avanza más rápidamente. 

Durante la década pasada, la productividad laboral de México ha crecido a un ritmo anual inferior a uno por ciento.  Tal nivel es insuficiente para afianzar la competitividad de la economía y causar que los ingresos de los trabajadores puedan crecer.

La mayoría de los obstáculos que tenemos que vencer no son económicos, sino políticos.  La solución no la encontraremos en las áreas del Ejecutivo Federal.  Para cambiar las condiciones que demoran las mejoras en productividad que el País requiere es indispensable cambiar el funcionamiento de una serie de mercados que operan en condiciones excepcionales y favorecen los intereses de grupos pequeños dentro de la economía.  Este es un reto político.  Se requiere establecer alianzas amplias entre los tres partidos políticos para eliminar los obstáculos que impiden que la economía crezca más rápidamente.  Australia lo pudo hacer, ¿nosotros por qué no habríamos de poder?     

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C..  Las opiniones en esta columna son personales