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Bienvenidos al pasado

Con la caída del muro de Berlín, los conflictos geopolíticos dejaron de ser los factores determinantes de la salud de la economía global que habían sido anteriormente. El colapso político y económico de la URSS inauguró un periodo relativamente largo de estabilidad geopolítica durante el cual ningún país, ni siquiera China, retó la hegemonía militar de Estados Unidos.
Parece que esto está cambiando. El nuevo protagonista en el escenario geopolítico global otra vez es Rusia, que parece haber decidido recuperar el papel de liderazgo global que había tenido anteriormente.

Crimea es el escenario estratégico más importante del momento. El objetivo inmediato de Rusia parece ser mantener control de la península para desde ahí controlar el Mar Negro. Pero una vez que haya logrado ese objetivo, no tengo duda de que buscará imponer un gobierno nacional a Ucrania que permita a Rusia mantener control de la red de gasoductos que cruza ese país y de la producción de granos para alimentar a su población.

En el corto plazo no hay mucho que Estados Unidos o Europa puedan hacer para evitar la anexión de Crimea y la sujeción de Ucrania a la voluntad de Moscú. Ninguno de los aliados está dispuesto a confrontar a los rusos militarmente por los enormes riesgos que eso conllevaría. Para colmo, la mayoría de las demás medidas coercitivas disponibles (inmovilizar los fondos rusos depositados en bancos de Occidente, cancelar las visas de líderes rusos, boicotear la venta de productos rusos en Occidente, impedir la venta de productos estratégicos a Rusia) son armas de doble filo que impondrían costos económicos a quienes quieran instrumentarlas, sobre todo si Rusia decide contraatacar económicamente.

En el corto plazo, el arma económica más importante que tienen los rusos es interrumpir el suministro de gas a Europa. Actualmente, alrededor de la cuarta parte del gas que la CE consume proviene de Rusia, y sería costoso y difícil sustituir este gas con combustible de otras fuentes. Por ello, si los aliados imponen sanciones económicas a Rusia, esta podría revirar interrumpiendo entregas de gas. El impacto sobre la economía europea, y sobre todo la alemana, sería fortísimo. Pero interrumpir el suministro de gas también sería costoso para Rusia, puesto que sus ingresos en monedas duras dependen de la venta de gas y petróleo a Europa.

En este contexto, es poco probable que los principales protagonistas estén deseosos de implantar medidas drásticas que puedan detonar un conflicto económico más profundo. Ni los aliados occidentales ni los rusos saldrían ganadores de tal conflicto.
Esto lo saben perfectamente los rusos, y seguramente fue parte de su cálculo cuando decidieron intervenir en Ucrania. Por ello, es probable que la anexión de facto de Crimea y el establecimiento de un gobierno rusófilo en Ucrania sean hechos irreversibles.

Pero si los aliados se quedan de brazos cruzados ante esta situación, estarían invitando a Rusia a seguir por el camino que han tomado. Por ello, es probable que decidan buscar un escenario estratégicamente significativo para Rusia donde puedan manifestar su inconformidad con la intervención rusa en Ucrania.
En el contexto actual, el escenario ideal para manifestar su enojo es Siria. Por ello, no sería sorprendente que los aliados intensifiquen su participación en el conflicto en ese país, apoyando a los grupos islamistas que buscan derrocar a Assad, que está abiertamente aliado con los rusos.

En el escenario planteado, todos los protagonistas asumirían costos y riesgos. Para precipitar la caída del régimen sirio, Estados Unidos y Europa tendrían que aliarse con grupos islamistas radicales que han sido sus enemigos en otros conflictos. Esto indiscutiblemente sería difícil de vender domésticamente, aun cuando no hay que olvidar que en la geopolítica "el enemigo de mi enemigo es mi amigo".
Los rusos también asumirían costos, puesto que tendrían que invertir fuertes cantidades apoyando un régimen político que parece estar destinado al basurero de la historia. Si Assad es derrocado, Rusia también correría el riesgo de perder su base en Tartús. En suma, si la reposte estratégica de Occidente es exitosa, Rusia recibiría un mensaje que la invitaría a reflexionar sobre qué costos está dispuesta a pagar por competir geopolíticamente con Occidente.

Pero me adelanto a los hechos. Los párrafos anteriores son altamente especulativos. Lo único cierto es que el Gobierno de Rusia está actuando como si hubiera decidido regresar al juego de la geopolítica.
Bienvenidos al pasado.

Publicado por Periódico Reforma
06-03-2014