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Billonarios buenos y malos

Ruchir Sharma es uno de los economistas más reconocidos a nivel mundial. Desde hace varias décadas su especialidad ha sido hacer seguimiento a la economía global, y en especial a las economías emergentes, buscando tendencias que le permitan anticipar cambios significativos en el desempeño de sectores económicos y economías nacionales.

Fue uno de los primeros analistas que advirtió que China estaba entrando en un ciclo de desaceleración económica y que reconoció que esta tendencia tendría consecuencias negativas para los países vendedores de commodities, como Australia, Venezuela, Brasil y Argentina y otros que son abastecedores de insumos industriales, como Tailandia, Indonesia, Malasia, Corea y Taiwan.

Sharma acaba de publicar The Rise and Fall of Nations: Forces of Change in the Post-Crisis World. En el identifica varias tendencias globales, que explican por qué la economía global todavía no ha recuperado el ritmo de crecimiento que tenía antes de la crisis de 2008. El libro me gustó y recomiendo su lectura, pero sobre todo, me gustó un capítulo en el que describe el crecimiento de la población de híper-ricos (personas que poseen un patrimonio neto de más de mil millones de dólares) a partir de la crisis. Resulta que esa población se ha duplicado en los últimos cinco años y se ha triplicado durante la última década.

Sharma atribuye parte de ese crecimiento a la introducción de innovaciones tecnológicas disruptivas, pero una proporción desconcertantemente elevada se dio en países como Rusia, Brasil, India, México e Indonesia, donde no hay aglomeraciones de innovación tecnológica como las que están presentes en el Silicon Valley de California.

El autor dedica la mayor parte de un capítulo a reflexionar sobre este hecho y a contestar la pregunta si el hecho que en varias economías emergentes hayan surgido tantos híper-ricos es bueno o malo.
Para contestar esta pregunta, el primer paso que dio Sharma fue crear un índice sencillo. El índice en cuestión es el cociente del valor del patrimonio de los híper-ricos de cada país entre el PIB correspondiente. Los valores resultantes caen en un rango que va desde 2 por ciento en el caso de Japón, hasta 21 por ciento en el de Suecia. México quedó más o menos a media tabla en el índice de híper-riqueza, con un cociente de 11 por ciento. Los híper-ricos de varios países controlan proporciones más elevadas en Suecia (21 por ciento), Rusia (16), Taiwan (16), EU (15), Suiza (15), India (14) y Alemania (11). Si el único resultado de Sharma fuera ese índice la conclusión sería que la concentración de riqueza de México no es ni muy preocupante ni inusual.

Pero, el análisis de Sharma penetró hasta otro nivel. Creó un método que clasifica qué proporción de esas grandes fortunas proviene de sectores estrechamente ligados a los gobiernos nacionales y/o recursos naturales. Sharma denominó a esta categoría de fortunas la de los "billonarios malos" (bad billionaires), puesto que al depender de la buena voluntad de los gobiernos es propensa a asumir conductas económicas cuestionables: corrupción, colusión, conductas monopólicas, etc.

Por contra, Sharma bautizó a las fortunas provienen de sectores intrínsecamente competitivos y menos dependientes de la influencia del gobierno, con el título de "billonarios buenos" (good billionaires). La virtud de la riqueza generada en estos sectores es que como en ellos imperan condiciones de competencia económica la riqueza acumulada deriva de conductas económicas sanas y confiables.

Los resultados para México muestran que más del 70 por ciento del patrimonio de sus híper-ricos corresponde a la categoría de los"billonarios malos". Solo Rusia (67 por ciento) se acerca al nivel de México y ninguna otra economía excede 50 por ciento. La mayor parte está por debajo del nivel de 30 por ciento.
Este resultado no es sorprendente, pero si es preocupante. Después de todo, la mayoría de las grandes fortunas mexicanas se crearon en una economía cerrada en la cual las decisiones del gobierno eran incuestionables y la lealtad se premiaba con prebendas y privilegios. Pero a pesar de que hace más de dos décadas de que inició la apertura y liberalización de la economía, la manera más segura de hacer una gran fortuna es construyendo una relación estrecha con el gobierno.
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En la columna de la semana pasada recomendé a los votantes que antes de votar evaluaran el desempeño del gobierno saliente y que si estaban insatisfechos, recomendé que votaran a favor de la alternancia. Los resultados de las elecciones del domingo muestran que los votantes estuvieron de acuerdo conmigo. Los ciudadanos que votaron el fin de semana pasado mostraron que no son borregos que se dejen manipular.

Publicado por Reforma
09-06-2016