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Cambio de los flujos migratorios

La semana pasada participé en un programa de radio en National Public Radio, la cadena de radio del gobierno de Estados Unidos.  Durante el programa el conductor (Tom Ashbrook) entrevistó a tres personas:  La estrella del programa fue un reportero del New York Times, de nombre Damien Cave, que acaba de publicar un artículo largo e interesante sobre los flujos migratorios de México a Estados Unidos.  Los otros dos invitados éramos una investigadora especializada en el tema que trabaja en Vanderbilt University, y yo.  Durante el programa varios radio-escuchas hablaron a la estación para compartir sus opiniones sobre el tema de los trabajadores indocumentados.

El tema principal de discusión fue el hecho que durante el último lustro, los flujos netos de migrantes a Estados Unidos se han desplomado más de 80% y están cerca de desaparecer.  Este hecho llevó a una discusión sobre si este cambio es un fenómeno coyuntural o si es la manifestación de un cambio más profundo.

Creo que se trata de las dos cosas.  Aun antes de que iniciara la crisis económica en EUA, la emigración anual estaba decreciendo.  Es poco probable que esto haya derivado del esfuerzo que hacen las autoridades federales y locales americanas para capturar y deportar mexicanos, puesto que la tasa de repatriación de mexicanos indocumentados se mantenido estable desde hace años.  Más bien lo que se observa es que el país vecino ya no es un destino tan atractivo para los trabajadores mexicanos como era antes.  Esto se debe tanto a razones coyunturales relacionadas con la crisis económica de EUA, como a cambios estructurales más profundos que gradualmente han causado que disminuya el atractivo que tenía el mercado laboral americano para mexicanos en edad de trabajo.  Algo parecido sucedió antes a los flujos de migrantes de Europa a EUA, y entre los países de la comunidad europea.  La combinación de estos efectos es lo que reflejan los datos de INEGI.

Desde hace años sabemos que la migración de mexicanos a EUA estaba motiva por incentivos económicos.  Los que se iban no estaban desempleados en México.  Eran personas que poseían destrezas y conocimientos suficientes para integrarse al mercado laboral de EUA ganando de 3 a 6 veces más que en México.  Como frecuentemente los que emigraban eran los únicos varones en edad de trabajo en sus familias su motivación no era solo cambiar su propia situación económica, si no la de toda su familia.

Con el paso de los años esto ha cambiado.  Los cambios más significativos se gestaron paulatinamente.  El cambio más significativo es que la planificación familiar causó que las familias se hicieran más chicas.  Esto causó que la relación de dependientes a personas en edad de trabajo se hiciera menos onerosa; por otra parte, la tasa de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo también aumentó.  De esta manera gradualmente un gran número de familias lograron incorporar dos o más personas al mercado laboral.  Poder repartir la carga de dependientes entre varios miembros de una misma familia causó que muchas de ellas ya no tuvieran que tomar la decisión de separarse para mejorar sus condiciones económicas. 

El mundo del “otro lado” también cambió.  Quizá lo que más ha influido es la mayor hostilidad que enfrentan los mexicanos en varias regiones de EUA.  Aunque las cifras muestran que los flujos relativos de repatriación forzado son bajos, es probable que el ambiente de hostilidad que confrontan los mexicanos disminuyó el efecto “imán” que tenía EUA entre los emigrantes mexicanos.  A nadie gusta ir donde no se es bienvenido.  A esto hay que sumar el hecho que la crisis económica de EUA ha afectado el empleo en varios de los sectores que empleaban mexicanos, sobre todo los de construcción de viviendas y servicios.

A quién menos conviene el cambio que se está dando es a Estados Unidos.  Tradicionalmente, una de sus principales fuentes de competitividad económica ha sido contar con una rica oferta de trabajadores para la agricultura, el comercio y la construcción.  Cuando repunte la demanda de empleo en varios de estos sectores, probablemente la oferta de empleo no responderá como en el pasado.  Esto encarecerá su nómina total y se tendrá que reflejar en los precios de venta final.  Será entonces que los políticos americanos descubrirán que hubiera sido una buena idea haber negociado un acuerdo migratorio (the whole enchilada) en condiciones más favorables para su economía. 

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.