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Camino a la COPP 16

Próximamente, se celebrará la COPP 16 en Cancún. La anterior se llevó a cabo hace casi un año en Copenhagen y fue un fiasco pues varias de las principales economías emergentes del mundo no aceptaron las metas propuestas de la reducción de emisiones.

El rechazo de China, India y Brasil fue muy importante por ser tres países enormes cuyas economías están creciendo velozmente. China e India generan la mayor parte de su electricidad a partir del carbón, que es una de las principales fuentes del dióxido de carbono que está causando el cambio climático. Para Brasil hubiera significado aceptar restricciones al uso de la cuenca del Amazonas. Los gobiernos de estas economías creen que deben poder aspirar a crecer velozmente sin tener que cargar con los costos del cuidado del medio ambiente. México, en cambio, asumió una posición mucho más comprometida. Entre los países de mediano desarrollo, nuestro País destaca por su posición ambientalista.

El reto que la humanidad enfrenta no es trivial: Las emisiones de dióxido de carbono se están quedando atrapadas en la atmósfera causando un efecto de invernadero. A este ritmo, aumentará la temperatura media en todo el planeta y el clima cambiará. Los efectos son imposibles de predecir con certidumbre, pero de lo que no hay duda es que se derretirá parte de la capa de hielo de los polos y las tormentas tropicales aumentarán en intensidad.

La humanidad no está preparada para lo que viene. Las proyecciones que se han hecho sugieren que aún cuando se reduzcan las emisiones de gases, la Tierra se calentará cuando menos un grado centígrado más, en el más optimista de los escenarios. Para que el calentamiento de la Tierra no supere 2 grados centígrados adicionales, durante los próximos 20 años, los países más desarrollados deben contener sus emisiones a niveles parecidos a los de los noventas y los que están en vías de desarrollo deben encontrar formas para que las mismas crezcan más lentamente que sus economías.

La Cumbre de Copenhagen no logró ninguno de sus propósitos básicos. Los países no acordaron ni lo más fundamental, que es un plan con metas para reducir emisiones. Tampoco lograron establecer mecanismos financieros para cubrir los costos de modernizar las plantas industriales y el transporte de los países más pobres. La Cumbre fue un fiasco.

La ventaja de este fracaso es que las expectativas relacionadas con la Cumbre de Cancún son mucho más bajas. Si se logra volver a encarrilar el diálogo en la dirección requerida, la Cumbre habrá sido un éxito.

Además nadie espera mucho de México en la Cumbre, excepto que sea un buen anfitrión. Todas las miradas estarán en lo que hagan (o dejen de hacer) China, India, Brasil, Estados Unidos y la Comunidad Europea.

Si por algún milagro los países participantes logran ponerse de acuerdo en las metas de reducción de emisiones de gases de invernadero, a México le debe ir relativamente bien, y no solo porque se abatirá el riesgo climático, sino porque nuestra economía ganará competitividad.

El Consejo de IMCO pidió que revisáramos las consecuencias económicas y competitivas de un acuerdo vinculante relacionado con la reducción de emisiones de gases de invernadero. Resulta que la mayor parte de lo que se debe hacer para reducir emisiones es un buen negocio, no solo por el efecto que tiene sobre el medio ambiente, si no por que las tasas internas de retorno relacionadas con los principales proyectos de abatimiento son altas y positivas. Una parte importante de las oportunidades más rentables está asociada a mejorar la eficiencia de los equipos de generación de electricidad y combustibles así como mejorar los sistemas de transporte que operan en el País. Pero, no estamos hablando de tirar estos equipos a la basura para sustituirlos con nuevos. No, México puede lograr las “metas” de reducción de emisiones asegurando que las inversiones que hará en el futuro incorporen tecnologías más eficientes que las que actualmente operan. O sea, seremos más verdes por la sencilla razón de que estaremos utilizando equipos más modernos y eficientes que los que actualmente utilizamos. Existen varios ejemplos donde los retornos a la inversión superan el 30%. Estamos hablando de iniciativas que están a nuestro alcance: cambiar motores; calentar el agua con energía solar y sustituir los focos incandescentes por equipos de iluminación que son más eficientes.

Si cuando me toque comprar un auto nuevo escojo uno que opere más eficientemente y consuma menos gasolina en los mismos recorridos, habré contribuido a abatir los riesgos del cambio climático. Para inducir cambios de conducta como este serviría eliminar los subsidios que actualmente se ofrecen al consumo de gasolina y electricidad. Las pérdidas de bienestar que esto provocaría entre los pobres se pueden resarcir reduciendo los impuestos directos e indirectos que pagan.

No todos los países están en una situación tan afortunada como la nuestra. Si aprovechamos el enorme potencial que tiene el País para mejorar su eficiencia energética, habremos contribuido a reducir los efectos del cambio climático a la vez que mejoramos la competitividad de la economía.

Roberto Newell G. es Economista y Director General del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.