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Campaña que viene

La campaña presidencial acaba de entrar en una nueva fase. Las maniobras políticas de los candidatos cada día son más visibles y aparentes. Pasaron de la relativa discreción que deben observar durante el periodo de precampaña a una fase de competencia más abierta y evidente en la cual cada uno de los precandidatos hará lo necesario para encabezar una de las diversas fórmulas políticas.

Durante el periodo que viene sería ideal que los aspirantes políticos asumieran conductas sobrias y decorosas; que en sus discursos revelaran a qué temas darán prelación si son nominados y qué políticas públicas favorecerían si llegaran a gobernar.

Dudo mucho que se cumplan mis deseos, pero sería saludable para México y su joven democracia, que los precandidatos aprovecharan la visibilidad que les conferirá la competencia política para distinguirse por la calidad de sus propuestas y la sobriedad de su conducta.

Los mexicanos merecemos más y mejores candidatos para dirigir al País que los que nos han tocado en los últimos años.
Merecemos candidatos que sean capaces de plantear propuestas políticas realistas y sensatas; que entiendan la diferencia entre hacer promesas incumplibles y proponer planes de gobierno funcionales.

Merecemos poder votar por candidatos que se distingan porque su carta de vida muestra que entienden que los recursos del erario no son de ellos ni de la clase política, sino de los mexicanos .
Lamentablemente, lo más probable es que en vez de escuchar propuestas ponderadas y sensatas, escuchemos ataques personales, acusaciones infundadas y promesas vagas e incumplibles.

Merecemos más, pero el sistema político parece ser incapaz de producir candidatos con credenciales sólidas, cuya historia de logros inspire confianza y respeto.
Los medios pueden y deben ayudar a filtrar los diversos candidatos, con el fin de asegurar que quien llegue a la presidencia sea la persona más calificada para dirigir al País. Para cumplir esta función los medios deben asumir un papel crítico, analítico e independiente.

Durante la reciente campaña presidencial americana varios medios, entre los cuales destacaron el New York Times y CNN, hicieron seguimiento a la veracidad de los pronunciamientos de los candidatos.
Sus propuestas y pronunciamientos se podían consultar y contrastar con la verdad en sitios electrónicos creados ex professo para asistir a los votantes a la hora de decidir por quién votar. Ganó el candidato más mentiroso y pendenciero, pero su victoria no se debió a que faltaran fuentes para calificar la veracidad de sus discursos, si no al hecho que un número importante de ciudadanos votaron por Trump para provocar un cambio político disruptivo.

La campaña presidencial mexicana que inicia tiene aspectos similares con la campaña presidencial americana. Como en el caso americano, uno de los principales candidatos usa las mentiras y exageraciones cotidianamente. AMLO, como Trump, también frecuentemente se cura en salud, descalificando las instituciones, asegurando que si llega a perder será porque las "mafias del poder" han creado un complot para impedir que llegue a la presidencia.

La agendas económicas de Trump y AMLO también tienen similitudes: Los dos desconfían del comercio exterior; preferirían adoptar un modelo económico semi-autárquico que les confiera mayor autonomía en el manejo de la economía. Para colmo, los dos también parecen pensar que las cuentas fiscales son una entelequia contable que se puede manejar a su antojo para cumplir sus caprichos. En suma, los dos son populistas con propuestas ajenas a la realidad.

La prensa y los medios mexicana deben asumir el rol que les corresponde como actores en una democracia vigorosa. Deben exponer todas las mentiras y exageraciones de los candidatos. Pero también deben estar dispuestos a distinguir y calificar el grado de las mentiras de los diversos candidatos, puesto que hay una gran diferencia entre una mentira escandalosa y una pequeña exageración. Los medios mexicanos deben evitar el error de la equivalencia moral que tanto está costando a la democracia americana.

Los que me conocen saben que soy un romántico que está convencido que si cada quién asume su responsabilidad, todo saldrá bien al final. Los comicios de 2018 pueden ser un hito histórico que demuestre a todo el mundo que la democracia mexicana ya llegó a la madurez. Para que esto suceda es indispensable que los actores principales de la democracia mexicana estén dispuestos a asumir su papel con decoro, decencia y seriedad.

Publicado por Reforma
14-09-2017