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Capital Social (1)

El éxito de las sociedades no depende exclusivamente del esfuerzo individual y el desempeño de las empresas que conforman sus mercados. Las sociedades más exitosas normalmente cuentan con un conjunto de instituciones y asociaciones no-lucrativas que hacen importantes contribuciones al éxito del conjunto. Ejemplos de este tipo de instituciones en nuestro País son la Cruz Roja, Nuestros Pequeños Hermanos, el Monte de Piedad, el Centro Médico ABC, el Tec de Monterrey, ITAM y muchas más. Cuando hablamos del conjunto de estas instituciones, los técnicos nos referimos a ellas como el capital social del País. Hacen aportaciones económicamente valiosas, pero lo hacen sin perseguir lucrar de la función que cumplen.

Varias de las instituciones mencionadas en el párrafo están en competencia con proveedores privados de servicios (que sí persiguen lucro) y con otras cuyas operaciones están financiadas por el Estado. Si logran subsistir, es porque cumplen una misión social valiosa que otros están dispuestos a apoyar con donativos y aportaciones en especie.

En comparación con la mayoría de los países de la OCDE, en México tenemos relativamente poco capital social. Esta es una situación que amerita ser estudiada con mayor detalle, pero que probablemente deriva de varias causas. Por ejemplo, según Charles Murray, en Estados Unidos alrededor del 50 por ciento de todas las aportaciones filantrópicas llegan a través de instituciones religiosas a sus beneficiarios. Dudo mucho que la cifra para México sea ni remotamente comparable. En la práctica, nuestra sociedad está mucho más secularizada que la americana. No obstante que la gran mayoría de la población profesa ser católica, sólo una pequeña fracción va a misa semanalmente, y de ésta, una minoría pequeña apoya los proyectos filantrópicos de la institución.

Algo parecido sucede en el caso de las escuelas privadas. La mayoría de ellas son negocios familiares (nota: no tengo ninguna objeción a que así sea), mientras que en la mayoría de los países de la OCDE, estas escuelas son ONGs respaldadas por organizaciones religiosas y filántropos privados. Por ejemplo, en 2010, sólo 18 por ciento de los ingresos de operaciones de Harvard University provinieron de las colegiaturas que pagan sus estudiantes. El 82 por ciento restante derivó de los ingresos de capital que genera su patrimonio, (el cual, a su vez, proviene de donativos acumulados a lo largo de décadas) y de apoyos privados para financiar proyectos que llevan a cabo sus investigadores. Harvard no sería la institución académica más prestigiada del mundo sin los apoyos que recibe de filántropos y alumnos agradecidos, incluyendo varias decenas de ex alumnos mexicanos. Como éste casi hay docenas más en EU. El apoyo filantrópico que reciben las instituciones educativas privadas y públicas de EU contribuye a que estas instituciones sean una de las principales fuentes de riqueza de ese país.

En comparación con EU, el capital social de México es pequeño, pero no es despreciable; por ejemplo: > En el sector de educación superior destacan el Tec de Monterrey, el ITAM, la Universidad Iberoamericana y un puñado de otras instituciones cuyos egresados ocupan un gran número de posiciones de liderazgo en la economía. Estas instituciones, a su vez, se alimentan de una fuerte dotación de estudiantes egresados de escuelas privadas que también son ONGs, como el Liceo Francés, el Colegio Americano, Greengates, el Colegio Alemán y varias otras.

En el sector salud también hay ejemplos notables. En la Ciudad de México, el Centro Médico ABC y el Hospital Español operan como IAPs (instituciones de asistencia privada); en Monterrey, el Centro Médico Hospital San José.

Varias ONGs contribuyen al avance de la economía nacional promoviendo políticas públicas más modernas y eficaces que las actuales: el Instituto Mexicano para la Competitividad, el Centro de Investigación para el Desarrollo, el Centro de Estudios Económicos Espinosa Yglesias, la Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural y varias más. Igual sucede en el campo del medio ambiente, donde destacan instituciones como el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza y la Fundación Carrillo Arronte.

A pesar de las innegables contribuciones que hacen las organizaciones arriba mencionadas, México requiere inversiones adicionales de capital social. El País también requiere que se fortalezca el desempeño de estas instituciones. Lamentablemente, muchas de ellas operan en condiciones económicas precarias. En la siguiente columna abordaremos estos temas.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.