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Capital Social (2)

En la columna de la semana pasada ofrecí que en esta discutiría el estado actual del capital social del País. Los comentarios que aparecen a continuación se basan en varias experiencias personales: A lo largo de mi carrera profesional trabajé para varias ONGs y recientemente he participado en el gobierno corporativo de varias más. Las dos afirmaciones que aparecen a continuación se basan en estas experiencias. Vamos por partes.

Primera afirmación: México tiene relativamente pocas ONGs.

La filantropía privada formal es menos común en México que en otros países, pero no porque los mexicanos sean avaros o mezquinos, sino porque son desconfiados. Conozco decenas de casos de personas que se han responsabilizado por el bienestar de personas que no son parte de su familia nuclear sin pedir ni esperar nada a cambio, pero que guardan distancia de instituciones que cumplen el mismo fin. El lema de estas personas parecería ser: para los que he aceptado dentro de mi círculo íntimo, todo lo que pidan o puedan requerir; para los demás, nada. Lo que su conducta revela es una profunda desconfianza en las instituciones a su alrededor. Por esta razón en México hay relativamente pocas casas de retiro y no es raro que bajo un mismo techo vivan tres generaciones de una familia. Por la misma razón, tampoco es raro conocer casos de personas que financian los estudios de terceros sin esperar nada a cambio. En México la caridad empieza en casa.

Pero, si el problema no es falta de generosidad o solidaridad con los que tienen menos ¿a qué se deberá esta conducta? Creo que se debe a que los mexicanos hemos sido testigos de una larga lista de fracasos institucionales y manejos fraudulentos de instituciones que supuestamente existen para hacer el bien. Varios de los fracasos más escandalosos que conozco se debieron a decisiones tomadas con el fin de beneficiar a grupos privados e intereses clientelares.

La mayor vulnerabilidad de las ONGs es que no tienen “dueño”. Esta debilidad comúnmente se manifiesta cuando el benefactor original ya no está presente, sobretodo si se han dado pasos para institucionalizar la gestión de la institución y establecer un gobierno institucional que asegure que se cumplan los deseos de su fundador. Cuando hay fallas en el gobierno institucional o se toman malas decisiones de postulación de nuevos patronos o consejeros la institución corre el riesgo de asumir conductas que pervierten la intención original. Para acotar este riesgo es indispensable construir una verdadera institución que perdure y se reproduzca inter-generacionalmente. Lamentablemente, no conozco muchos casos de continuidad inter-generacional, pero si los hay en México y la clave del éxito invariablemente es la calidad y composición del gobierno corporativo.

Segunda afirmación: las ONGs requieren mejor gestión operativa El otro error que he visto es confiar el manejo operativo de las ONGs a personas bien intencionadas pero que no están calificadas para asumir esa responsabilidad. Varios de los casos de fracaso institucional que conozco partieron de una premisa falsa a la hora de contratar al encargado institucional. Esta premisa es suponer que la persona que asuma la máxima responsabilidad institucional debe mostrar estar alineado con el objeto institucional aceptando subsidiar el propósito social de institución con un salario por debajo del mercado.

Cuando se toman decisiones que parten de esta premisa lo que sigue es una serie de errores concatenados: los procesos y sistemas de decisión son deficientes; los equipos de trabajo son pobres; las operaciones son ineficientes; los costos de operación son muy altos; el impacto se diluye y se acaba por pagar un elevadísimo costo de oportunidad social.

Las experiencias que he tenido de observar el manejo de ONGs me han mostrado que éstas son más difíciles de conducir que empresas privadas de equivalente tamaño y complejidad. Lo que complica su manejo es que la función objetiva institucional es más difusa y difícil de medir. Si conducir ONGs fuera tan sencillo como manejar empresas privadas, no habría cómo explicar la decisión de Warren Buffet de confiar el manejo de su fundación filantrópica a Bill Gates, quién a su vez, decidió renunció a la Dirección General de Microsoft para dedicarse de tiempo completo al manejo de la fundación que lleva su nombre.

México necesita acumular mucho más capital social que el que tiene actualmente. Pero para que esto se dé es indispensable fortalecer los mecanismos de supervisión y rendición de cuentas de las ONGs y exigir que su gestión sea tan confiable, institucional y profesional como las de sus pares en el sector privado.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.