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Carbones

“El carbón es clima portátil”. Ralph Waldo Emerson

Un átomo simple que produce una piedra ligera y negra, sólida, que se quema con facilidad pero contamina. Es lo único que se necesita para producir un diamante, cuyo precio elevado se explica por su escasez, belleza o por la factura energética requerida para producirlo. Es esencial para producir acero. En láminas delgaditas se convierte en grafeno, un material nanotecnológico de la era espacial. Muchos carbones.

En su amor al carbón están de acuerdo tres mandatarios globales: Xi Jing Ping, Andrés López Obrador, y Donald Trump. “Trump digs coal”, se leía en letreros en un evento masivo del presidente estadounidense en su campaña. Su inclinación es electoral; la recuperación económica de las minas trae votos. En el caso chino, dice el Financial Times, dependen de ese combustible sólido por no tener otros. El periódico inglés aseguró este fin de semana, que el crecimiento de 4.5% esperado para China en medio de la depresión se debe a que activaron su manufactura con este combustible.

La inclinación de nuestro presidente se explica por los recursos financieros y voto que le da un líder minero que no es minero, un mexicano-canadiense, en otros tiempos perseguido por la justicia, el economista y senador de la República, Napoleón Gómez Urrutia. Es la política energética diseñada por Bartlett, que extraña los monopolios de energía.

En los tres países estas políticas son una mala idea. Ya sabemos lo que significan para el cambio climático global. Sabemos que los monóxidos de carbono son malos para la salud, a nivel local. Sin embargo, como esos costos no se convierten en obligaciones financieras de corto plazo, es una bonita y cínica manera de pasarle el costo del desarrollo al resto de la humanidad. Por eso los acuerdos en materia de cambio climático, y la discusión sobre un mercado global de carbono, o un impuesto como lo hubiera ideado el economista Arturo Pigou, son esenciales para que la humanidad sobreviva. Los CEL (Certificados de Energía Limpia) implementados en la administración pasada, eran un mecanismo de este tipo para acelerar la transición energética de México hacia las energías limpias.

China y Estados Unidos tendrían que pagar una buena parte de esa factura global, cuando los demás países determinemos que la mezcla de su pastel energético nos impone costos externos a los demás países del mundo. Estos costos externos son lo que los economistas llamamos “externalidades”. De ahí que Trump saca a su país del acuerdo sobre el clima en París. Sus seguidores construyeron una narrativa mediática y política que llama al cambio político una estafa o fraude (hoax).

IMCO construyó un índice de desempeño global de sectores (ISI). En este índice, se buscan las acciones y deuda en mercados globales de las principales emisoras por sector. El ISI mide el desempeño sectorial a partir de un promedio geométrico de los valores de esos activos financieros, comparados con su valor máximo histórico. Si el índice está cerca de 1, quiere decir que ese sector está en un apogeo global; si el índice está cerca de cero, quiere decir que el sector está en decadencia. El ISI es una medición de qué tanto aprecia el mercado de capital a un sector determinado.

Los valores del ISI para el sector denominado “carbón térmico” están cerca del 0.12, muy lejos del apogeo más reciente de esa industria, entre 2010 y 2012, cuando el ISI era 0.75. Con la administración Trump, entre 2016 y 2017, esa industria tuvo un repunte, pero su declinación ha continuado.

Este fenómeno es una mina de oro para políticos oportunistas y populistas. La frustración y enojo de las comunidades mineras se explota políticamente. Sin embargo, no hay movimiento político o social a nivel local que haya podido contrarrestar los grandes cambios en el mundo de la energía. La aparición del petróleo a finales del S. XIX significó el primer declive del carbón, pero también la subsistencia de las ballenas, cuyo aceite iluminaba las calles de las principales ciudades del mundo. No hay cinismo ni populismo que pueda revertir el cambio tecnológico.

La industria tendrá que abandonar su commodity, y empezar a producir materiales de alta especialidad, como el grafeno. Esa es su opción de subsistencia. Eso implica menos votos para los Trump y los Andrés de este mundo, pero mejores opciones de desarrollo para la humanidad. Esperemos que la humanidad tenga la inteligencia colectiva para hacer lo correcto, a pesar de estos liderazgos oportunistas.

Publicado por El Financiero
04-11-2020