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Certezas rotas

En abril de 2014, el equipo de futbol británico Leicester City (LC) ganó el torneo de la segunda división para pasar a la Liga Premier de su país. Era un equipo modesto, sin estrellas ni grandes presupuestos, de una ciudad inglesa con apenas 300 mil habitantes. Al empezar la temporada pasada, Los Zorros de Claudio Ranieri tenían posibilidades infinitesimales de ser finalistas en una de las ligas más caras y competidas del mundo. Si se apostaba una libra a favor de que el LC ganaría el torneo, las casas de apuesta pagarían 5 mil libras de vuelta. Conforme avanzó la temporada, la cenicienta del futbol empezó a mostrar todas las dotes para conquistar al príncipe. Contra la corriente de apuestas y pronósticos, el Leicester City se coronó en su primer título de liga en los 132 años de historia del equipo. Esta es una de las historias más improbables y hermosas jamás escritas sobre una cancha de futbol.

Desde el deporte hasta la política, el 2016 es un buen año para cultivar el escepticismo. Hay sorpresas que son augurio de mejores tiempos. Colombia llevaba 56 años en medio de una sanguinaria confrontación bélica. Después de 220 mil muertos, en el año de los improbables Colombia llegó a un histórico acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla. Esta temporada de certezas rotas también trajo consigo el vértigo de la incertidumbre. David Cameron, el ex primer ministro británico, apostó el futuro de su país y el destino de un continente en una premisa falsa: la mayoría de los súbditos británicos quieren ser ciudadanos de Europa.

Nate Silver es un genio de las proyecciones estadísticas, su página de internet fivethirtyeight.com predice desde resultados deportivos hasta elecciones en todos los rincones de EU. Silver cobró fama al proyectar correctamente los resultados en 49 de los 50 estados durante las elecciones presidenciales de EU en 2008. Su récord de proyecciones electorales era casi impecable. Sin embargo, en el año de las improbabilidades, Nate Silver se equivocó en grande. El mago de los números predijo que Donald Trump no sería el candidato republicano a la Casa Blanca.

En Gran Bretaña, EU o México, el 2016 es un pésimo año para ser encuestador electoral. En México, en los comicios del 5 de junio, varias horas después de cerradas las urnas, los liderazgos del PAN y el PRI no tenían datos certeros sobre la magnitud de sus respectivos triunfos y derrotas. Los métodos para sondear el ánimo colectivo han resultado ineficaces para entender el talante de las filias y fobias sociales.

Con tantas hipótesis equivocadas en el espejo retrovisor más vale proceder con cautela. Un jefe de Estado no debe pelearse, ni atacar, a un personaje que probablemente se convierta en su homólogo y colega. Hace unas semanas, el presidente Peña Nieto comparó a Donald Trump con Adolfo Hitler y Benito Mussolini. El símil parece una buena reacción de la víscera, pero una mala estrategia diplomática. Hay una posibilidad de que el cretino racista de Manhattan se convierta en el próximo presidente de Estados Unidos. En ese terrible escenario, los dos presidentes tendrán que encontrarse cara a cara en el futuro. La canciller Claudia Ruiz Massieu puede cantarle abiertamente sus verdades al nefasto personaje. Si el imbécil gana en las elecciones de noviembre, la canciller mexicana debería encontrar otra responsabilidad en el gabinete presidencial, que requiera menos fogueo internacional.

Quien apostó contra el Leicester City perdió mucho dinero. Quien aseguró que Colombia nunca llegaría a firmar un acuerdo de paz se equivocó. Quien subestimó el movimiento del Brexit leyó mal el pronóstico del clima político. Hay docenas de razones para odiar y temer a Donald Trump. Con la cabeza fría y el corazón angustiado debemos empezar a pensar fríamente qué haremos como país socio y vecino, si el peor escenario para México y el mundo se convierte en realidad.

Publicado por Reforma
31-07-2016