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Compasión por el diablo

El mejor candidato presidencial es Gabriel Quadri. Es el que mejor comunica ideas y propuestas; también es el que tiene la visión de País más clara y coherente y la mente mejor estructurada y amueblada. Sin embargo, votar por Quadri obliga a hacer maromas intelectuales: ¿Qué hace un liberal colaborando con la estructura corporativista más poderosa de México, cuyos intereses frecuentemente están en conflicto con el desarrollo del País?

He oído tres explicaciones de esta alianza; dos de ellas lo hacen verse mal. Algunos críticos opinan que lo que lo motiva es el calor de los reflectores. Otros son peor pensados: dicen que busca beneficios personales, ya sea una recompensa económica o un puesto en el próximo gobierno.

La explicación de Quadri es que decidió participar en la campaña porque era una oportunidad indeclinable para promover una agenda liberal para México. Complementa su explicación recordando a sus interlocutores que el PANAL es el único partido mexicano que profesa una ideología liberal.

Yo estoy como la canción de los Rolling Stones: siento compasión por sus diabluras en la campaña. Mi hipótesis es que Quadri se está divirtiendo recorriendo el País, comunicando un ideario político liberal.

Los ataques contra Quadri han sido sorprendentemente duros e intolerantes. Su flanco más vulnerable son las críticas que le hacen otros liberales que, en vez de apoyarlo, lo juzgan como impío por haber celebrado un pacto con la líder del SNTE.

Puede que las opiniones de sus críticos no le importen a Quadri, pero supongamos -para los fines de esta columna- que este candidato desearía contar con la aprobación de los que comulgan con su ideología. En ese caso, ¿qué podría hacer para borrar la mala impresión que su campaña está causando a las conciencias puras del liberalismo mexicano? Se me ocurren cuatro opciones.

La primera es llevársela como va hasta concluir la campaña, aprovechando hasta el último minuto disponible para educar a los ciudadanos promoviendo la visión de un México moderno y liberal. Si escoge esta opción, no todo está perdido. Quadri podría explicar su decisión más ampliamente en un momento futuro y resaltar el impacto que tuvo su campaña en la difusión de ideas útiles para México.

Al concluir la campaña podría aprovechar su visibilidad pública para lanzar un proyecto político libre de estigmas y de compromisos inaceptables. También podría capitalizar su rol en la campaña aceptando un cargo en el Ejecutivo federal o en el Poder Legislativo, aprovechando el cargo para abanderar causas liberales.

Otra opción sería marcar una mayor distancia de los líderes del SNTE durante la campaña. Esto significaría reconocer que manifestar estar a favor de la evaluación magisterial no es un argumento suficientemente convincente. Dar tal paso significaría perder el apoyo del PANAL en la campaña y provocaría conflictos y escándalos que poco ayudarían a la causa liberal. Seguir este curso de acción, en el mejor de los casos, llevaría a una victoria pírrica, aunque le permitiría restablecer su reputación ante ciertos segmentos de opinión.

Hay una versión más audaz de lo anterior. Consiste en recordar a los ciudadanos que el PANAL probablemente ya tiene los votos duros necesarios (en las elecciones legislativas) para mantener su registro. En estas condiciones, todos los votos que se emitieran por arriba del umbral de registro podrían interpretarse como votos a favor del liberalismo.

Para que este argumento fuera convincente, Quadri tendría que complementar su invitación al voto recordando a los electores que, bajo las reglas electorales vigentes, una alianza incómoda es la única vía disponible para un liberal que busca una candidatura presidencial.

Finalmente, la opción estratégica más agresiva sería aprovechar el cierre de campaña para pedir que los votantes emitieran su voto por él en el recuadro para candidatos que no están inscritos en la campaña. Un voto de esta naturaleza se anularía en el conteo final, pero transmitiría dos mensajes: uno de protesta y otro de apoyo a él y a la agenda liberal.

Un gesto espectacular como el arriba descrito restablecería su reputación hasta entre los más escépticos y también promovería su agenda. El problema es que le ganaría la enemistad permanente de todos los intereses corporativistas del País.

En todo caso, reitero lo dicho anteriormente: lo que está haciendo Quadri abona a la modernización del País y a la difusión de un ideario liberal claro y libre de compromisos adquiridos.

Roberto Newell es Economista y Vicepresidente del Consejo del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.

Las opiniones en esta columna son personales.