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Competencia en América del Norte

Después de quince años de operar en el marco de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, lo que uno esperaría es que gradualmente hubieran convergido las regulaciones que rigen el comportamiento de los mercados de bienes y servicios de los tres Países.

En IMCO recientemente concluimos la primera fase de un proyecto que pretende analizar si la conducta y el desempeño de los mercados de Norte América están convergiendo.

La teoría económica sugiere que cuando no hay obstáculos reglamentarios ni concentraciones económicas que confieran poder monopólico a algún subconjunto de productores, las diferencias de precios entre un país y otro son exclusivamente las que derivan de transportar las mercancías, más los costos incidentales de estas transacciones.

En proyectos previos hemos constatado que varios mercados operan eficientemente. Tal es el caso del maíz amarillo, cuyo precio de venta al mayoreo en los principales mercados domésticos es muy parecido a la suma del producto comprado en el mercado spot de Estados Unidos, más los costos de transportar e internar el producto al País. Lo mismo sucede con el precio de la mayoría de los productos commodities.

Cuando se firmó el TLC, se excluyó un conjunto de productos y servicios por distintas razones. Algunas cuyo fondo era político como el caso del sector petrolero y otras para atenuar los efectos que la apertura comercial tendría sobre productores domésticos. Tanto México como Estados Unidos favorecieron a ciertos sectores: México demoró la apertura del maíz y del frijol para proteger la economía de los pequeños productores del campo; Estados Unidos decidió proteger a su sector azucarero.

Un tercer exento de las reglas del TLC fue el sector servicios, quedando al margen de los flujos comerciales por su naturaleza. En esta categoría están la mayoría de bienes y servicios considerados no-comercializables. Aqui se esperaba que las transformaciones detonadas por el TLC motivaran cambios en los mercados exentos, sobre todo en los regulados por el Estado siendo el gobierno el principal agente de cambio y modernización del País.

El proyecto de IMCO pretende verificar si esta hipótesis se cumplió en la práctica.
Lamentablemente, de acuerdo a los resultados, no es el caso.

El estudio compara la situación competitiva de cinco productos y servicios que quedaron exentos de las reglas generales del TLC. Los productos se escogieron por que representan una parte importante del gasto de las familias (>20% del ingreso promedio en México), porque son significativos en la formación de precios de “aguas abajo” en la economía, y porque la Comisión Federal de Competencia ha manifestado inquietudes sobre la eficiencia de sus mercados.

El análisis consta de tres pasos. Primero, con el apoyo de expertos del País y del extranjero, se describieron y contrastaron las “reglas del juego” con que operan los mercados de los cinco productos en los tres países. A partir de este análisis, se calificó si el marco regulatorio de cada uno favorece u obstaculiza el desarrollo de mercados eficientes y competitivos. Finalmente, se identificaron cuáles son los elementos de la reglamentación que más distorsionan la eficiencia de los cinco mercados.

Los cinco productos y servicios son: generación y suministro de luz eléctrica, telefonía celular, auto-transporte de carga, venta al detalle de gasolinas y azúcar. Los primeros cuatro son sectores de servicios no comercializables. Cuando se firmó el Tratado cada uno tenía sus propias reglas sectoriales, incluyendo el sector azucarero; esta condición subsiste hasta la fecha.

Los resultados del análisis son contundentes y sumamente importantes:

• En ningún sector se observa evidencia de que las “reglas de operación” de los mercados exentos en México hayan convergido con las de sus socios comerciales. Si la intención del Estado era modernizar la forma en que operan en estos mercados, fue poco lo que se logró
• Actualmente, México está lejos de las mejores prácticas regulatorias de sus socios comerciales. Es muy probable que la eficiencia de los cinco mercados fuera mucho mayor si se adoptaran reglas más parecidas a las de los dos socios del Norte, sobre todo las de Canadá, quien al respecto tiene el mejor entorno regulatorio.
• Las principales distorsiones en la conducta y desempeño de estos mercados en México son atribuibles a las “reglas del juego”. Si bien entes como la Comisión Federal de Competencia, COFEMER y la Procuraduría Federal del Consumidor con sus intervenciones pueden atenuar los efectos de estas distorsiones, para que se den mejoras significativas es indispensable tratar las causas, reformando reglamentaciones imperfectas, en vez de solo atacar los síntomas del malestar.

En las fases subsecuentes del proyecto se evaluará el impacto que tiene la reglamentación sobre el desempeño de otros sectores que ocupan un lugar significativo en la economía. Por su importancia, en columnas futuras abundaré sobre los resultados de este estudio.

Roberto Newell G. es Economista y Director General del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.