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Competencias

El mayor desafío científico del siglo XVIII era un problema de vida o muerte. Los barcos en alta mar no podían medir correctamente su posición. Los errores de cálculo implicaban tripulaciones a la deriva, a merced del azar, el escorbuto y el mal clima. Las pérdidas materiales para las marinas mercantes eran monumentales. Quien lograra ubicar la posición este-oeste de un barco en el océano gobernaría las rutas de navegación. En su libro Longitud, la historiadora científica Dava Sobel narra esta emocionante carrera por resolver un desafío técnico que abriría la llave al dominio comercial y militar de los mares. El reino de Inglaterra decidió que la mejor manera de detonar la innovación tecnológica sería a través de una competencia abierta y un generoso premio económico. Gracias al concurso, John Harrison, un relojero británico, logró crear un preciso cronómetro que ayudó a los marinos a ubicar su posición en el horizonte y al Imperio Británico, a establecer su jerarquía geopolítica por dos siglos.

Tanto en el siglo XVIII como en el mundo de hoy, los concursos científicos son un interesante detonador de procesos de innovación. La empresa de aviación Boeing lanzó en 2017 el concurso Go Fly, para desarrollar el primer vehículo unipersonal que permita a una persona volar 32 kilómetros continuos, sin tener que recargar energía. Las reglas son muy generales, el aparato volador debe ser "seguro, compacto, relativamente silencioso, con capacidad para despegue vertical y posibilidad de aterrizar en ambientes urbanos". La persona o equipo ganador obtendrá dos millones de dólares.

Amazon, el gigante de ventas por internet, ha lanzado un concurso para ubicar la mejor ciudad de América del Norte donde establecería su segunda sede corporativa. La ciudad ganadora recibirá cerca de 5 mil millones de dólares en inversión y se crearán alrededor de 50 mil empleos. Amazon busca incentivos fiscales, pero también buenas universidades, escuelas y calidad de vida para sus empleados. Muchas de las variables que está considerando Amazon para su nueva sede corporativa son similares a los datos que usa el IMCO para medir la competitividad de las ciudades mexicanas. Toronto, la única urbe fuera de EU que pasó a las finales, ofrece las ventajas de un sistema de migración flexible para atraer talento global y el sistema de salud pública de Canadá. Aún no se anuncia a la metrópoli ganadora de esta olimpiada de competitividad urbana, pero el proceso demuestra el enorme poder disruptivo que puede tener una competencia.

En 2009, el gobierno de Barack Obama anunció que los estados que dieran pasos más firmes hacia la reforma educativa serían elegibles para recibir una bolsa de 4.3 mil millones de dólares. En el discurso donde anunció el programa Race to the Top, Obama afirmó: "Esta competencia no estará basada en política, ideología o las preferencias particulares de un grupo de interés... Con los mejores datos disponibles vamos a determinar la capacidad de un estado para cumplir los parámetros de la reforma".

La semana pasada dediqué este espacio a la manipulación política y el manejo discrecional de la Secretaría de Hacienda sobre los fondos del Ramo 23 del presupuesto, en perjuicio del gobierno de Chihuahua. Una propuesta para mejorar la gobernanza de este fondo sería detonar algún nivel de competencia entre las entidades del país. Que Sonora compita con Yucatán para ver quién evalúa a más maestros. Que Guadalajara compita con Tijuana para ver quién quita más trámites. Que Hermosillo y León compitan por ver quién mejora la recaudación del predial. Que el Poli y la UNAM compitan por crear los mejores sistemas para manejar bases de datos de gobierno. Nuestros gobiernos locales blindan su ineficacia e imposibilidad de innovar bajo un muro de proteccionismo presupuestal. ¿Quieren más dinero de transferencias federales? Que se pongan a competir.

Publicado por Reforma
28-01-2018