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Competir por nuestra atención

Hasta hace poco, la información era un recurso valioso. Quien poseía información ocupaba un lugar importante en la sociedad. Ser una persona informada era sinónimo de ser una persona culta, conocedora y sofisticada; también significaba ser reconocido por tener organizados estos conocimientos e información de manera que estos se pudieran accesar cuando fuera necesario.

Pero esos tiempos quedaron atrás; el internet cambió todo. Hoy nos estamos ahogando en un mar de información, datos y puntos de vista. La información compite por el recurso escaso que todos poseemos: nuestra atención para consumir, absorber, procesar, organizar y aprovechar esta información.
El reto que enfrentamos ya no es obtener información, sino establecer mecanismos de selección que nos permitan identificar en el mar de datos qué información aprovechar y cuál descartar.

En el caso de los medios impresos es relativamente sencillo establecer mecanismos de selección confiables. Esto se debe a que las publicaciones serias cuidan su reputación celosamente, checando datos y verificando fuentes.
Consecuentemente, en el caso de los medios impresos el filtro más efectivo y confiable es solo consumir información que es publicada en medios respetados.
En menor grado esta estrategia también funciona en el caso de la televisión al aire y la radio. Estos negocios usan recursos que son concesionados por el Estado, razón por la cual los concesionarios cuidan la veracidad y calidad de la información que difunden. En cambio la proliferación de programación en TV y radio de paga ha causado que la veracidad y calidad de las noticias difundidas por estos canales sean menos confiables.

En cambio, en los medios digitales reina la anarquía y aplica la regla caveat emptor (que el comprador tenga cuidado). El problema es particularmente grave en el caso de las redes sociales, las cuales operan si un proceso de verificación o validación de la información que distribuyen.
Seleccionar la información que merece nuestra atención en las redes sociales sería más fácil si, como en el caso de los medios impresos, cada tweet o mensaje incluyera la identidad de la persona u organización que está detrás de la nota. Pero actualmente las redes sociales no operan así.

Cada persona es libre de difundir cualquier "noticia" que quiera, independientemente de la veracidad de su contenido. Consecuentemente, las redes sociales son un vehículo ideal para difundir mentiras, armar escándalos y arruinar reputaciones. Para colmo, los originadores de los mensajes compiten ferozmente por nuestra atención. Esto significa que en las redes sociales operan incentivos que llevan a los originadores de los mensajes a redactar notas escandalosas con el fin de llamar la atención de lectores potenciales y para motivarlos a que redistribuyan sus mensajes.

Otra manera de llamar la atención en redes sociales y el internet es usando programas de cómputo que insistentemente repiten la misma nota, haciéndola llegar a una red más amplia de contactos. El efecto de lo anterior es causar que un rumor gane verisimilitud simplemente porque se repite insistentemente.
Por todo lo anterior, las redes sociales se han convertido en un campo de batalla importante para los partidos y candidatos que participan en contiendas electorales. Si todos los participantes en las competencias políticas difundieran información y datos verdaderos, no habría ningún problema. Pero como las redes también se pueden utilizar para difundir calumnias, noticias falsas y mentiras, los que reciben estos mensajes cargan con la responsabilidad de juzgar la veracidad de la información que retransmiten. En un mundo políticamente polarizado, en el cual pululan los "operadores políticos" que usan las redes, confiar en la veracidad de los mensajes es una apuesta peligrosa.

El año entrante se celebrarán comicios en México. Se renovará la totalidad de la Cámara baja y la mitad del Senado. Se eligirá un nuevo Presidente y 17 Gobernadores estatales; también se renovará la mayoría de los Congresos estatales y más de mil Presidencias Municipales. En el contexto actual, sería ingenuo pensar que todos los competidores se comportarán honorablemente. Es probable que varios partidos y decenas de candidatos busquen la manera de inclinar los resultados a su favor difundiendo mentiras.

Dudo mucho que el INE y las autoridades electorales estatales estén preparadas para supervisar y sancionar conductas inapropiadas en las redes. Esto incuestionablemente debilitará la legitimidad de las elecciones del año entrante, sobre todo si recordamos que AMLO es un especialista en juego de cuestionar los resultados de las elecciones que pierde. Si a esto sumamos que Rusia piensa que una de las estrategias geopolíticas más efectivas que tiene es intervenir en los procesos electorales de países que no son sus aliados, podemos dar por sentado que las elecciones del próximo año serán cuestionadas por propios y extraños.

Publicado por Reforma
09-11-2017