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Competitividad: lo mejor y lo peor de dos décadas

En 2019, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) publicó el último Índice de Competitividad Internacional (ICI) de la década. Los resultados de esta medición no sorprenden. México se encuentra en la posición 34 de 43 países evaluados, por debajo de Perú o China y ligeramente por arriba de otros como Turquía, Brasil o Colombia. 

Además, este índice concluye que tenemos importantes áreas de oportunidad para mejorar nuestro Estado de derecho y el desarrollo social. Sin embargo, esta fotografía de la competitividad nacional no es suficiente para hacer un análisis de qué ha motivado o inhibido el desarrollo en los últimos años.

A partir de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, México entró en una especie de “estabilidad exportadora”. Es decir, un periodo donde se consolidaron las instituciones necesarias para mantener una macroeconomía estable y, de manera paralela, la industria manufacturera de exportación definiría el desarrollo y crecimiento regional de aquellos estados mejor conectados con el mundo. 

En el índice de competitividad esto se refleja en el hecho de que el componente que mide la estabilidad económica ha sido consistentemente una fortaleza de México, aunque hoy se encuentra en niveles similares a 2001.

Por otro lado, México obtuvo la peor posición (lugar 43 de 43 países) en el componente de relaciones internacionales del índice en 2019, pero también es en el que más ha avanzado respecto de sí mismo. El principal obstáculo para el país en este tema se encuentra en la bajísima diversificación de las exportaciones, ya que el 80% de ellas se destina al mercado estadounidense. 

A pesar de encontrarnos en el último lugar de este subíndice, es necesario decir que hoy tenemos una calificación casi 50% mejor que en 2001. El comercio como porcentaje del producto interno bruto (PIB) ha pasado del 50% al 70%. Tenemos mucho menos barreras al comercio y hemos reducido significativamente los aranceles a productos agrícolas y manufacturas. 

En 2017 se reportaron un 65% más de ingresos por turismo respecto de 2001, el número acuerdos y socios comerciales efectivos ha aumentado, así como el de organizaciones internacionales a las que pertenece nuestro país. Incluso, las exportaciones hacia Estados Unidos han pasado del 90% del total en 2001 al 80% en 2017. Esto significa que hemos avanzado, pero no lo hemos hecho al mismo ritmo que nuestros competidores.

Hacia finales de la década de los 2000, con niveles de inflación bajos, prudencia fiscal, una política monetaria autónoma y un sector exportador en crecimiento, el diagnóstico de la competitividad en México cambió. 

El foco se centró en la necesidad de reformas estructurales que atendieran sectores específicos, la productividad laboral, el fomento de la competencia y una mejor regulación de mercados, así como de otras actividades del Estado como la educación. 

La ola de reformas estructurales instrumentadas en 2013 buscó atender algunos de estos temas al abrir el sector petrolero a la inversión privada, construir reguladores y autoridades de competencia económica, así como flexibilizar los mercados laborales y financieros.

Los efectos de estas intervenciones de Gobierno son evidentes, pero insuficientes para empujar la competitividad nacional. El componente de infraestructura, telecomunicaciones, servicios financieros y logística del Índice de Competitividad Internacional mostró en 2017 una calificación un 20% más alta que la registrada en 2008. Otros subíndices como el de innovación también muestran avances aunque menos pronunciados. 

En contraste, la productividad laboral y de inversiones no ha mejorado, manteniendo a los mercados de factores de producción con un retroceso significativo de 2008 a 2017, pero con un nivel un poco mejor que en 2001. De igual manera, la efectividad del Gobierno se ha rezagado.

Los datos del IMCO muestran la consolidación de tres fenómenos económicos que han cimentado la competitividad del país en los últimos casi 20 años: estabilidad macroeconómica, apertura al comercio e inversiones internacionales, y la transición de un Gobierno intervencionista a uno que regula mercados al mismo tiempo que fomenta la competencia. 

La unión de estos tres pilares ha mantenido los niveles competitividad nacional, sin embargo, a partir de 2006, la falta de Estado de derecho se ha hecho evidente en la pérdida de lugares frente a otros países. 

En este tema, en 2019 tenemos una calificación un 20% más baja que la que obtuvimos en 2001. La crisis de inseguridad, la violencia y la corrupción se han convertido en el principal freno de la economía, la estabilidad política y el desarrollo social. 

El Índice de Competitividad Internacional nos ofrece un análisis de casi dos décadas. Los 10 subíndices de esta evaluación nos cuentan la historia económica reciente de México y nos permiten reconocer en qué hemos tenido éxito y en qué hemos fracasado. Hoy México es una economía abierta, en transición a la modernidad, pero con un severo problema de gobernanza. Esperemos que en la próxima década haya reformas para la gobernabilidad, la reducción de la violencia, el control de la corrupción y también de defensa de las instituciones económicas que sí han funcionado.

Publicado por Expansión
02-01-2020