Artículo

Concentración de riqueza

De vez en cuando aparece un libro cuyos contenidos llegan en el momento más oportuno para apuntalar o agitar un debate político. Eso ha sucedido con el libro del economista francés Thomas Piketty, intitulado "Capital in the 21st Century".
Su libro está causando sensación: The Economist dedicó un artículo largo a una reseña del libro y ha publicado varios ensayos breves adicionales. En uno de ellos proclama al francés el Karl Marx del siglo 21. Varias otras revistas y periódicos han dedicado columnas a la obra del autor. Paul Krugman escribió un ensayo largo en el New York Review of Books del 8 de mayo en el cual habla muy positivamente sobre la obra de Piketty. El Nobel concluye diciendo "Piketty ha transformado el discurso económico; nunca volveremos a hablar sobre la riqueza y la inequidad como acostumbrábamos". Y como esta nota hay muchas más, tanto en revistas profesionales como en publicaciones periódicas.

El libro ha tenido mucho mayor impacto y difusión de lo que es normal en el mundo académico. Actualmente, ocupa el primer lugar en la lista de best sellers del New York Times, a pesar de la naturaleza técnica de su contenido y de que la versión impresa cuesta más de 50 dólares y la digital 23. Con una difusión tan amplia como la que está teniendo, es probable que se cumpla el pronóstico de Krugman de que la obra de Piketty transformará el discurso económico.

El libro de Piketty también está causando polémica. Analistas económicos de la talla de Kevin Hassett (director de Investigación Económica del American Enterprise Institute) y varios más critican diversos aspectos de la obra del francés. Las críticas tocan todo tipo de temas, que van desde lo trascendente hasta lo relativamente banal. Por ejemplo, preocupa a varios (me incluyo) la definición de riqueza que utiliza el economista francés para cuantificar y analizar su evolución. La definición es activos productivos menos pasivos. Tal definición es diferente de la que utiliza el autor francés, quien usa activos totales para medir esa variable. En la opinión de varios economistas la estructura de financiamiento es clave a la hora de evaluar la concentración de riqueza y debe ser tomada en consideración. Estoy seguro de que esta cuestión y varias más provocarán intensos debates entre economistas de diversas orientaciones. Pero más allá de los temas técnicos, la crítica más común es a la principal recomendación de política pública que hace el economista: propone globalmente establecer un impuesto a los activos de las personas (o sea, un impuesto a la riqueza). Esta recomendación es rechazada por casi todo mundo por ser políticamente inviable e ingenua y potencialmente perversa en sus efectos.

El diagnóstico de Piketty descansa sobre una métrica sencilla. Construye series de tiempo de los activos totales y los contrasta con series de los ingresos totales de las sociedades que analiza (sociedades ricas de Europa y EU). El cociente de estas dos series es el valor en que centra su atención. La conclusión a la que llega es que en el largo plazo el rendimiento anual del capital (r) es mayor que la tasa de crecimiento de la producción (g). Como los ingresos del capital crecen más velozmente que los ingresos del trabajo, el cual crece con la economía, el efecto neto es causar que se concentre la riqueza y el ingreso de las personas. Como el mercado de bienes y servicios crece más lentamente que la riqueza, una parte importante de los ingresos de capital (r) acaba invertida en activos improductivos (v.gr. mansiones, artículos de consumo duradero, obras de arte, etc.) que sólo generan bienestar para los ricos, pero que no producen ingresos para el resto de la sociedad. El autor concluye que el capitalismo tiene una predisposición a crear una clase social patrimonialista que es propietaria de la riqueza pero aporta poco a la producción.

En su libro, Piketty aporta una montaña de estadísticas para sustentar esta tesis. La construcción de estos datos es en sí una aportación empírica valiosísima de historia económica de las naciones. Pero lo que distingue a esta obra es la conclusión a la que llega Piketty. Concluye que la concentración actual de activos en manos de relativamente pocas personas es extrema y pone en peligro su régimen democrático. Recomienda remediar esta situación instrumentando políticas redistributivas radicales.

Pasarán muchos años para resolver si el diagnóstico de Piketty es acertado y si su prinicipal recomendación es útil. Pero de lo que no cabe duda es que Piketty puso en marcha un debate que perdurará.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.

Publicado por Reforma
15-05- 2014