Opinión

Conectar con Asia

FOTO: DAVID POLO /CUARTOSCURO.COM

Esta columna tiene pretensiones altas de ajonjolí de diversos moles. En términos matemáticos, la pretensión es ser el i-ésimo ajonjolí en n-k moles. Por eso, y por la competitividad de la economía mexicana, hoy la columna y su autor quieren pensar un poquito sobre nuestras relaciones comerciales con Asia.

La lógica de los tratados comerciales de México, y notablemente del cuarto de junto, es comerciar con países que sean mercados de exportación para los productos mexicanos. Por eso, nuestra relación más importante en Asia, con tratado comercial, es con el Japón. Ello nos ha llevado a ignorar a otras naciones asiáticas. Comerciamos mucho con China, como todos los países del mundo, pero lo hacemos a través de las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), y también a través de las reglas de los Estados Unidos. EUA complementa su producción con insumos y productos que pueden venir principalmente de China o de México. Cuando un motor estadounidense tiene piezas chinas, aunque se cumpla con la regla de origen norteamericano, al importar ese motor en México comerciamos con China. Por eso, de acuerdo al monitor de comercio exterior de IMCO, nuestro segundo socio comercial en importaciones después de Estados Unidos es China, aunque nunca hayamos hecho algo por formalizar nuestra relación con ellos.

Hay otros países en Asia, además de China, el gigante milenario. Economías emergentes y avanzadas que pueden ser complementarias con la economía mexicana. Las declaraciones políticas de administraciones pasadas, donde se decía que no había ninguna complementariedad entre la economía mexicana y la de China, se tradujeron en recelo por toda Asia. No queremos comerciar con países como Vietnam, Bangladesh o India, porque algunos sectores mexicanos ineficientes no quieren competir en precio con los productos intensivos en mano de obra que vienen de allá. México, como país de ingreso medio, ya tiene salarios relativamente altos respecto a esos países, y a nuestra planta productiva nacional le aterra la idea de competir con esos costos bajos.

Aún así, tampoco queremos comerciar de manera directa con regiones del mundo como Taiwán. De hecho, la política exterior mexicana ha aceptado la posición de la China Popular respecto a que Taiwán no es una república independiente. No es por echar tierra; Estados Unidos tampoco lo ha hecho, y eso ha traído consecuencias. En este momento, Taiwán tiene una posición dominante en el mercado de semiconductores, los cuales están escasos en Estados Unidos y otros mercados importantes de componentes electrónicos. En algún momento se pensaba que la demanda de teléfonos inteligentes y tablets era lo que dirigía la demanda, pero también ahora sabemos que son los coches. Hay demanda de automóviles creciente en Estados Unidos y el mundo avanzado. Quizá la respuesta de los consumidores individuales ante la COVID 19 ha sido regresar a tener nuestras burbujas de acero con cuatro ruedas, que además ahora son más electrónicas que nunca, y lo serán más.

Nuestra política exterior sobre China ha sido no tener una política exterior sobre China, y nuestra política exterior sobre Asia ha sido por el estilo. Corea del Sur haría todo lo que se pudiera por tener un tratado con México. Les apetece nuestra cadena de productos cárnicos, y además somos un  mercado de exportación para los bienes tecnológicos que producen.

Claro, siempre podemos comerciar con países pequeños y grandes de Asia haciendo uso de las reglas de la OMC.  La lógica de protección a la industria nacional debería estar completamente superada; México ha comerciado de manera creciente con el mundo (otra vez, hay que revisar el monitor de comercio que tiene en su página el IMCO), y la producción nacional ha seguido funcionando y aumentando, aunque a un ritmo lento.  Tener más relaciones comerciales con el mundo nos haría más resilientes a las crisis, como la que vivimos ahora. El mundo avanzado, que en general comercia más, ha tenido mejores parámetros de recuperación.

Siempre se nos olvida que la razón por la cual vendemos productos al exterior es que queremos importar cosas que se producen en otras regiones y que nosotros no producimos. Si no por beneficiar al consumidor, tenemos que comerciar con Asia por una razón más pedestre: hay que preservar la planta productora nacional de televisiones planas, marcapasos, automóviles y artículos electrónicos de consumo, conectándola a una fuente estable de componentes electrónicos. Esa fuente está en Asia.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor, y no representan la postura institucional.