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Conflicto comercial con Brasil

El Gobierno de Brasil acaba de dar una gran muestra de por qué, si vamos a mantener una relación comercial vigorosa con Brasil, es importante contar con un Tratado de Libre Comercio a prueba de balas, que garantice acceso al mercado brasileño sin que el Gobierno y las empresas que cobija puedan caprichosamente cambiar las reglas del juego si algo no les conviene o parece.

Desde 2002, México y Brasil tienen un acuerdo que gobierna el comercio de autos, denominado el Acuerdo de Complementación Económica 55, mejor conocido como ACE 55. El acuerdo establece las condiciones para la venta bilateral de autos entre México y Brasil. Durante la mayor parte del periodo de vida del ACE 55 no dio mucho de qué hablar. Los flujos bilaterales crecieron y las dos economías se especializaron en la producción y venta de unidades de transporte de diversos tipos para diferentes mercados. Las empresas que operan en México dedicaron su mayor esfuerzo a la producción de autos para el mercado de exportación, mientras que las empresas del sector en Brasil se concentraron en producir unidades para su mercado doméstico. Durante los 10 años que tiene el Acuerdo el comercio bilateral creció a buen ritmo, aunque la especialización de México en los mercados de exportación causó que los flujos fueran favorables para México, pero el déficit no era tan grande como para preocupar al Gobierno brasileño.

Esto fue cambiando conforme la economía brasileña fue perdiendo competitividad internacional. La fuerte revaluación del real respecto del peso durante el periodo de 2004-2010 causó que los términos comerciales de intercambio se movieran a favor de Brasil. Durante ese periodo, el poder de compra de la moneda brasileña se duplicó con respecto al peso. El mayor poder adquisitivo nominal de los consumidores brasileños causó que la demanda de importaciones de autos creciera velozmente, y esto causó que el déficit comercial de Brasil con México se hiciera mucho más grande. Al cabo de un rato, las empresas brasileñas pidieron la intervención de su Gobierno para poner un freno a las exportaciones mexicanas, cuando lo que debían de haber pedido era una política cambiaria más realista.

El problema del sector automotriz de Brasil no era sólo el valor del real. La baja competitividad de la industria automotri brasileña en la producción de autos medianos (de valor entre 25 y 35 mil dólares) también tuvo que ver con la situación actual. Cuesta más producir un auto mediano en Brasil que en México debido a que la productividad de los trabajadores brasileños es mucho más baja que la de los trabajadores mexicanos que producen el mismo tipo de autos. Un análisis realizado por Imco muestra que mientras en México se producen 10.6 autos por cada trabajador empleado en las fábricas del segmento, en Brasil el número equivalente es 4.4 al año.

Lo que el Gobierno brasileño está tratando de resolver con su intervención no deriva de que en 2002 se haya pactado un acuerdo injusto, ni que México haya incumplido lo pactado en el ACE 55. No, lo que el Gobierno brasileño está tratando de “corregir” son las consecuencias de una política cambiaria insostenible y una política industrial equivocada. Juntas, estas políticas fueron gradualmente minando la competitividad del sector industrial de Brasil, causando que sus costos de producción sean demasiado altos.

En todo esto hay implicaciones importantes para los líderes empresariales del País. Varios grupos gremiales se han manifestado contra la negociación de un tratado de libre comercio con Brasil, arguyendo que esa nación tiene una larga historia de proteccionismo y es proclive a prácticas comerciales desleales. En esto las organizaciones gremiales posiblemente tengan la razón. Pero en lo que están equivocados es en el remedio. La manera de evitar que el Gobierno brasileño cometa arbitrariedades es pactando un tratado comercial con reglas que eviten la aplicación de políticas caprichosas. Esta conclusión aplica a las relaciones comerciales futuras con todos los BRIC.

Los BRIC actualmente representan alrededor de la cuarta parte de la economía mundial. Están creciendo velozmente. Por ello, se espera que en unos 30 años representen más de la mitad del PIB mundial. Para tener acceso a estos mercados es indispensable establecer pactos comerciales que impongan reglas comerciales claras y duraderas. Abrir la ostra brasileña es sólo el primero de los retos que tendremos que resolver para exportar bienes y servicios a los BRICS.

El Gobierno federal hace bien en resistir la imposición de nuevas condiciones por parte del Gobierno de Brasil. Los funcionarios de la Secretaría de Economía involucrados en esta disputa merecen el apoyo de toda la sociedad y los políticos profesionales de México. La posición de los brasileños es inaceptable.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.

Las opiniones en esta columna son personales.