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Conflictos entre Demócratas

Hace tres semanas escribí sobre los fisuras que se están formando en el partido Republicano. El tema era oportuno puesto que era evidente que la coalición de intereses que tradicionalmente se coaligan en ese partido estaba desintegrándose y que iniciaba un periodo de intensos conflictos entre los conservadores y el Alt-right por el control del partido.

Durante las últimas semanas, varios eventos políticos han mostrado que entre los Demócratas también se están abriendo grandes fisuras. Dos casos ilustran estas tensiones: Primero, la reciente publicación del libro de Hillary Clinton en el que ofrece su interpretación de lo que sucedió durante la campaña política para la Presidencia. En el libro, Clinton culpa a Bernie Sanders de haber asumido posiciones extremas en torno a tres temas (comercio internacional, relaciones internacionales y el programa de salud pública) que acabaron erosionando las bases tradicionales de apoyo del partido; y también culpa a Sanders de ser autor de ataques personales contra ella que tuvieron eco entre los Republicanos y acabaron debilitándola frente a Trump.

Por su parte, Sanders acaba de presentar una iniciativa de reforma al programa de salud conocido como Obamacare que propone el gobierno asuma el costo de los seguros de gastos médicos. Con tal reforma Sanders pretende que el gobierno provea seguro médico a toda la población, socializando el costo de la provisión del servicio, pero a costa de tener que aumentar los impuestos generales. La probabilidad de que la propuesta sea aprobada como está, es nula, aunque seguramente será uno de los temas clave que se debatirá durante la disputa por el futuro del partido.

Estos salvos son los primeros disparos de una guerra que están librando dos de las principales corrientes del partido en una disputa por el control del partido. Sanders busca posicionarse como líder de la facción progresista (social demócrata) del partido, mientras que Hillary, con su libro, manifestó estar interesada por mantener un rol de liderazgo dentro del partido, como una de las cabezas de las facciones liberal (menos de izquierda que los progresistas) y moderada (que son centristas y pragmáticos e incluyen a su esposo). Varios otros líderes Demócratas seguramente también participarán en la disputa por el poder, entre Biden, la Senadora Warren, el Gobernador Brown de California y el exPresidente Obama.

Pero ahí con acaban las cosas. Lo que hace difícil dirigir a la coalición Demócrata actual es que las facciones arriba mencionadas frecuentemente están fraccionadas en grupos que representan la agenda de grupos de identidad con intereses estrechos, que en muchos casos no cuentan con la simpatía de segmentos amplios de la población. Entre estos grupos destacan la comunidad LGBT, la comunidad feminista, los hispano-americanos y varios más, incluyendo los sindicatos de trabajadores congregados en torno a la AFL-CIO, la UAW (sector automotriz) y los Teamsters.

Normalmente la mayoría de estos sub-grupos se asocian con la facción progresista del partido, pero su alianza con esta facción no es absoluta ni permanente. Lo que más importa a estos grupos es la promoción de su agenda particular y no la agenda general del partido o de las diversas corrientes ideológicas que lo componen. Los grupos de identidad no apoyan principios, sino intereses, lo cual significa que están dispuestos a ofrecer su apoyo político a cualquier corriente o facción que apoye sus prioridades. Por la misma razón tienden a favorecer con su apoyo a la facción que cuente con mejores probabilidades de éxito en los comicios generales, si esto conviene a sus intereses.

El tema de quién liderará a los Demócratas es relevante para México. En el caso de que sea Sanders o uno de sus aliados de la facción progresista quién asuma el liderazgo del partido, existe una fuerte probabilidad que se fortalezca y consolide la agenda aislacionista y proteccionista que inició con el gobierno de Trump. En esto Sanders se parece mucho a Trump, aunque su conducta siempre sea menos irritante y se exprese con más amabilidad y simpatía hacia México que el del actual Presidente.

En cambio, si los liberales y moderados asumen control del partido es probable que prevalezca la tradición internacionalista de los dos Clinton y de la mayoría de los otros líderes moderados que aspiran a ocupar roles de liderazgo, incluyendo al Senador Schumer y a la Diputada Nancy Pelosi. La agenda de estas personas promovería en general conviene mucho más al País.

Por ello, es importante seguirle la pista a la disputa por el poder entre los Demócratas. Pasarán varios años para que vuelvan a ocupar la Casa Blanca, pero si la versión más pragmática y razonable de los Demócratas encabeza su regreso al poder, indudablemente será mejor para México.

Publicado por Reforma
21-09-2017