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Congreso cerrado, No Molestar

No iba a ser fácil. No es un simple ajuste a la legislación mexicana. Propusimos alterar la forma de hacer gobierno y la forma de vivir de toda la clase política.
Se trata de cómo se comportan, pero también de cómo viven, de qué viven y de quién viven.

La iniciativa ciudadana Ley 3 de 3 pretendía poner sobre la mesa tres temas esenciales: la corrupción es un problema sistémico y complejo; todos somos víctimas; tiene solución.

Hasta hace algunos años, la corrupción era un problema simple de administrar. Se trataba de un simple inconveniente temporal, que sólo requería del sacrificio público de algún político en desgracia, que servía para atemperar el ánimo social. El inicio de cada gobierno estaba marcado por la persecución y el hostigamiento de personajes relevantes del gobierno saliente.

Y la expiación que generaba el chivo caído en desgracia servía por un tiempo para dar oxígeno al gobierno entrante. La gente parecía voltear a otro lado, y regresaba pronto a su vida cotidiana.
Pero los escándalos se acumularon de manera obscena. Ya no hay día en el que no explote uno nuevo, que exponga la podredumbre del sistema completo. Y así, es imposible regresar a la vida cotidiana, porque vivimos constantemente indignados, frustrados y enojados.

Cada nuevo departamento en Miami o Nueva York nos recuerda la deslealtad de la clase política, y el abismo que existe entre ellos y nosotros.
Y este abismo se agranda día con día, porque tras cada escándalo, la regla de oro es la impunidad.

La impunidad surge de un complejo sistema de complicidades multilaterales en el que participa toda la clase política. Hace tiempo que dejaron de negar el escándalo del día. La defensa predilecta es el dedo que señala de regreso al adversario. Todos se acusan mutuamente, y así nadie paga las consecuencias. Todos se indignan, pero nadie regresa lo robado. Todos claman justicia, pero nadie se ocupa de hacerla efectiva.

Por ese sistema perdimos la primera batalla.
Lo que proponemos es un sistema nuevo. Es muy simple: el ejercicio de gobierno, hacia adentro y hacia afuera, debe tener reglas claras, y el que no las cumpla debe pagar una consecuencia. Siempre, sin excepción.
Lo que proponemos es la creación de un sistema que pueda romper, uno por uno, los eslabones de la cadena de complicidades que existen hoy.

Para eso se necesitan tres cosas: una idea clara de aquello que es corrupción; autoridades autónomas e independientes que puedan identificarla y sancionarla; y un sistema que la ataque desde diferentes frentes.
Después de meses de trabajo y debate con todos los grupos se lograron construir 5 leyes que edificaban esos tres elementos: Un Sistema Anticorrupción completo, con autoridades autónomas y capaces, y una ley que dejaba claro aquello que sería considerado corrupción y sus consecuencias.

Cientos de horas de trabajo para redactar 436 artículos en 5 Leyes que cambiarían la vida y el futuro de México.
Y todo se detuvo porque no logramos superar la resistencia que genera el sistema de complicidades compartidas.
Hoy, el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción es rehén de una nueva exigencia política: el 3 de 3. Dime qué tienes, dime con quién te relacionas y dime que cumples con el pago de tus impuestos.

Esto va más allá de la simple transparencia. Se trata de tender puentes. Lo que queremos los ciudadanos es la posibilidad de volver a confiar en ellos.
"Yo no creo en tus discursos, si quieres mi confianza, necesito creer en ti. Y para eso, necesito que me digas quién eres".

El tema de las leyes secundarias que combaten la corrupción es inescapable. Más allá del plazo constitucional para crear las leyes secundarias, el clamor social se mantendrá y crecerá.

Nos cerraron las puertas del Congreso en la cara. La puerta del Senado tiene hoy un letrero enorme que dice "No Molestar, estamos en Campaña pidiendo tu voto".
Ahora nos toca decidir a los ciudadanos cómo vamos a responder a ese mensaje.
Publicado por Reforma
05-05-2016