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Conmigo o en mi contra

FOTO: ANDREA MURCIA/CUARTOSCURO.COM

“El dualismo maniqueo es la peor idea que se le pudo haber ocurrido a alguien. Es esta noción que es posible dividir a la humanidad entre los hijos de la luz y los de la oscuridad” – James K Morrow.

El pensamiento maniqueo descarta a todos los demás. Manes fue un personaje persa que creía ser el último profeta enviado por Dios a la humanidad. Su propósito era que su religión, el maniqueísmo, sustituyera a todas las demás religiones. Nuestro presidente López Obrador expresó el fin de semana una idea muy maniquea: quienes no estamos a favor de las transformaciones que él propone para México, estamos en su contra. No será difícil de ahí derivar la conclusión: si estamos en contra de nuestro Manes vernáculo, estamos en contra de México.

Esta filosofía ha sido adaptada de distintas maneras por todas las formas de totalitarismo político: el catolicismo de la Inquisición, el fascismo, nazismo, maoísmo y el socialismo soviético aprendieron a polarizar como los maniqueos. Donald Trump, solo, atrás de su reja negra en la avenida Pensilvania de Washington, sabe que esa es una manera ideal de manipular mentes infantiles. Divide el mundo entre buenos y malos, y asegúrate que los que tú llamas buenos sean muchos, voten por ti y se sientan representados por tus políticas.

Situar al debate público en términos maniqueos es absurdo. En el mundo hay buenos y malos, pero también hay matices. Una persona buena es capaz del mal y viceversa. La humanidad es una sucesión de Javerts y Jean Valjeans que se hacen daño unos a otros.

El maniqueísmo funciona muy bien en las dictaduras y en los regímenes de terror, pero no en las democracias. En cualquier nación civilizada y democrática, dos partidos opositores pueden estar de acuerdo en ciertas políticas y en desacuerdo en otras. Si el gran consenso es en objetivos loables, no sirve. Hay que estar de acuerdo en el método.

Si usted y yo pensamos que una economía de mercado, con protección estatal a la vida y los derechos de propiedad, es el mejor mecanismo para reducir la pobreza, nuestras políticas serán muy distintas a las de un López Obrador que piensa que son el mercado y el egoísmo individual los que empobrecen, y que el Estado debe otorgar dádivas a los pobres sin cerciorarse si esos programas realmente reducen la pobreza. Si al estar en desacuerdo en el método, usted y yo nos vemos reducidos a la clandestinidad, no hay posibilidad de diálogo democrático.

En días pasados, Luis de la Calle presentó un texto muy provocador en el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), en el cual señala que el mayor déficit en México es democrático, no de mercado. Estoy completamente de acuerdo, y la polarización política inducida desde Palacio Nacional está destruyendo la poquita competencia política que teníamos. Si el presidente sigue llevando la discusión en términos de absolutos: todo o nada, corruptos o santos, amigos o enemigos, no cosecharemos nada útil.

Los tecnócratas también leímos filosofía; recuerdo claramente a Karl Popper y su paradoja de la tolerancia. Si una sociedad es tolerante sin límite, los intolerantes cooptan y destruyen la tolerancia. Para mantener una sociedad tolerante, la sociedad debe ser intolerante con el intolerante. Nos rehusamos a tener una discusión con el Estado en términos absolutos, maniqueos. Tenemos que encontrar nuestros puntos de consenso y disenso porque es la única forma que la democracia avance.

Dejo la dirección general del IMCO a partir del 1 de julio de 2020. Estoy agradecido de retomar mis labores como economista en el IMCO. A partir de esa fecha, nuestra líder y directora general será la Maestra Valeria Moy, una de las mentes más brillantes de mi generación en el ITAM. Valeria es una economista muy sólida y una comunicadora clara y eficaz, estoy convencido que su gestión al frente del IMCO será un éxito rotundo.

Publicado por El Financiero
10-06-2020