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Contenido nacional

Las mejores intenciones se pueden convertir en el material para construir las peores pesadillas. La iniciativa presidencial en materia de hidrocarburos establecía que el contenido nacional en la industria energética debería elevarse gradualmente hasta llegar a un mínimo de 25% en el año 2025. El Senado enmendó la propuesta presidencial para que el contenido nacional arranque en 25% y vaya creciendo paulatinamente hasta llegar a 35%. El espíritu detrás de esta estrategia es que la riqueza de los hidrocarburos se debe aprovechar no sólo para multiplicar las rentas del Estado, sino también para incrementar las capacidades del sector privado nacional.

¿Quién se puede oponer a una causa tan noble que lleva a la nación en su apellido? Por lo pronto, yo. La Ley de Hidrocarburos debería modificar el concepto de "contenido nacional" por el de "contenido del sector privado local". Así, cualquier cuestionamiento a la propuesta, no suena como una intriga sospechosa en contra de la patria.
La mejor manera de defender los intereses de México es garantizar el abastecimiento de energía barata para la industria y los hogares. De cada peso exportado por nuestro país sólo 60 centavos corresponden al valor de insumos producidos en México. Los 40 centavos restantes provienen de partes y servicios importados de otros países. Una de las rutas para despabilar el crecimiento económico es aumentar el valor agregado local de todas nuestras exportaciones. El abasto suficiente y económico de electricidad y combustibles es fundamental para lograr este objetivo. Las reglas de contenido nacional incluidas en la Ley de Hidrocarburos son un impuesto sobre los precios de la energía que pagaremos en el futuro. Este impuesto será transferido no al gobierno, sino a los industriales mexicanos que deberán fundar el sector privado energético.

La Secretaría de Economía tendrá la incómoda tarea de certificar el origen patrio de los bienes y servicios que integrarán los futuros contratos entre el Estado mexicano y las empresas prestadoras de servicios. Si los funcionarios de Economía encuentran que una empresa no cumple con la cláusula Mas-si-osare, deberán informar a la Comisión Nacional de Hidrocarburos para aplicar las sanciones.

En Brasil, las reglas de contenido nacional han elevado los costos de los proyectos y ahuyentado la inversión extranjera. En 2013, se hizo la primera subasta para desarrollar proyectos en los yacimientos brasileños de la región de Pre-sal. Se esperaba que participaran más de 40 empresas en la ronda, pero sólo se inscribieron 11. Para cumplir con las reglas de contenido nacional, Petrobras ha tenido que cancelar proyectos de expansión en otras partes del mundo. Desde que se impulsaron estas reglas se ha erosionado el valor en Bolsa de la empresa brasileña. En 2008, una acción de Petrobras costaba 72 dólares, pero hoy se puede comprar por menos de 16. En Nigeria, las reglas de contenido nacional en la industria energética se convirtieron en un invernadero de corruptelas. Cuando no había empresas nacionales que pudieran servir de socias a las extranjeras, nunca faltaba un primo o un compadre que súbitamente fundara su propia compañía para resolver el entuerto.

Por obvias razones México no tiene muy desarrollado un sector privado en el área de energía. La reforma es una oportunidad irrepetible para forjar empresas dedicadas a fundar un dinámico mercado de energía. Los incentivos deben estar orientados a la creación de empresas con capacidad de competir globalmente. Las reglas de contenido nacional en la ley deben empezar en 20% o 25%, pero este porcentaje se debe ir disminuyendo, no incrementando, gradualmente. Así las empresas que se protegen hoy, sabrán que deberán estar listas para competir internacionalmente en el futuro.

Publicado por Reforma
15-06-2014