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Contradicción hacendaria

La reforma hacendaria demuestra una profunda confusión en la gestión económica del gobierno federal. Más allá de las aberraciones, y algunos aciertos, el paquete tributario deja a la visita contradicciones evidentes sobre el rumbo del sexenio.En sus primeras horas como presidente de la República, Enrique Peña Nieto afirmó en su discurso de toma de posesión: "Hoy, México es un país reconocido por su estabilidad macroeconómica. En mi Gobierno el manejo responsable de las finanzas públicas será la base para lograr un mayor crecimiento económico sostenido, y promover la generación de empleos. Por ello, en los próximos días pondré a consideración del Congreso de la Unión el Paquete Económico 2013, con un cero déficit presupuestal. La solidez de las finanzas públicas seguirá siendo pilar en la conducción de la economía nacional".En menos de 10 meses, el gobierno pasó de adalid del presupuesto equilibrado a defensor del déficit. El paquete económico que acaban de aprobar los diputados es más un cambio de paradigma frente al endeudamiento público que una reforma fiscal. En el proyecto que presentó Hacienda al Congreso, de cada peso adicional que ingresaría a la caja del erario, 45 centavos vienen de nuevos impuestos y 55 centavos de deuda pública. La lógica es que en los años malos, el gobierno gasta más de lo que tiene y en tiempos de auge ahorra para saldar préstamos del pasado o el porvenir.

A esta estrategia de equilibrar las épocas de estrechez y bonanza se le llama el balance estructural."Cuando los hechos cambian, mi mente cambia", decía John Maynard Keynes, el fundador de la corriente de pensamiento económico que sustenta el balance estructural. El problema de este equilibrio de mediano plazo de las finanzas públicas es que su éxito depende en gran medida de la palabra del gobierno. El sustantivo "crédito" comparte su raíz semántica con el verbo "creer". Prestar dinero es un acto de fe. Quienes se comprometieron al "déficit cero" en diciembre pasado, ahora nos prometen que el gobierno federal volverá a operar en números negros en el año 2015. El presidente Peña Nieto y el secretario Videgaray nos piden creer que en un año con elecciones federales, el gobierno actuará con moderación y prudencia en el ejercicio del gasto público. Los mercados globales deberán tener fe que un país que tuvo dos bancarrotas en los últimos 30 años, ahora sí actuará con la sobriedad teórica del balance estructural. ¿Después de la contradicción vendrá la coherencia? De la respuesta a esta pregunta depende el destino de la economía mexicana.Durante los primeros meses del sexenio, Los Pinos y Hacienda definieron públicamente que la democratización de la productividad sería el faro guía de la política económica. El diagnóstico y la narrativa daban en el blanco, a uno de los problemas más graves de la economía mexicana. Desde el crecimiento anémico hasta la persistencia de la pobreza se pueden explicar por las insuficiencias en la productividad. Sin embargo, cuando se diseñó la reforma hacendaria, el discurso de la productividad quedó olvidado en algún archivo muerto de Palacio Nacional.El nuevo marco tributario aumentará los costos para los emprendedores e inversionistas que quieran desarrollarse en nuestro país.

Por ejemplo, el IVA sobre la importación temporal de insumos elevará de un día para otro el costo de las exportaciones mexicanas. La homologación del IVA fronterizo se podría aplicar gradualmente para evitar un cambio súbito sobre el modelo de negocios de miles de empresas. Sin embargo, la democratización de la productividad fue sacrificada en el altar de la recaudación. Una contradicción adicional: el paquete de reformas es gigantesco, pero no es ambicioso. A pesar de que reescribe más de 15 leyes distintas, la avalancha de cambios normativos no resuelve los problemas centrales de las finanzas públicas. El mayor desafío de la agenda de reformas es evitar que cambien muchas cosas, para que todo siga más o menos igual