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Corrupción, nuestro monstruo de mil cabezas

En la mitología griega hubo un monstruo de muchas cabezas llamado Hidra de Lerna. Hera, la reina de los dioses, le encomendó a Hércules matarlo. El problema que enfrentó el héroe helénico fue que cada que le cercenaba una cabeza, le renacían dos más. Acabarlo parecía una tarea interminable, así que tuvo que preparar una estrategia para combatirlo y no menos importante, pidió ayuda a su sobrino. Sabía que él solo no podría terminar con el problema.
Si representáramos esta leyenda con un problema actual, el mejor ejemplo sería la corrupción, un problema que también parece interminable:¿dar una mordida para agilizar trámites?, ¿una constructora internacional pagando sobornos? o ¿registrar el auto en otro estado para no pagar tenencia?
Podríamos relatar miles de historias de las cuales la gente habrá escuchado si no es que, en el peor de los casos, participado para obtener algún beneficio. Y es que gran parte del problema que enfrentamos con la corrupción es que se ha normalizado debido, en gran medida, a una rampante impunidad que impide generar consecuencias para las personas que, desde la esfera pública o privada, cometen actos de corrupción.
México, la economía 15 del mundo, se encuentra en el lugar 138 de 180 países del Índice de Corrupción de Transparencia Internacional de 2018. Asimismo, INEGI reportó en 2018 que la tasa de incidencia de corrupción superó por mucho la de incidencia delictiva de robo en calle o transporte público. Mientras que hubo 25 mil 541 actos de corrupción por cada 100 mil habitantes que interactuaron con servidores públicos, se registraron 11 mil 081 delitos en la misma medición.
Uno de los mayores intentos por atender este lastre que ha lacerado el desarrollo de México se vio el 27 de mayo de 2015 con una reforma que, además de acaparar la atención y participación de la ciudadanía, dio pie al Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). Todo parecía tomar curso para combatir eficazmente el problema, sin embargo, el SNA no ha visto la luz a tres años de su publicación y hoy parece más útil publicar una foto o un video en redes sociales para que la autoridad actúe.
Todo indica que el retoque significa la corrupción se debe centrar en las dos acciones que realizó Hércules. Primero, contar con una estrategia, un diagnóstico que permita combatir las causas y no los efectos: la desigualdad en el ingreso, las barreras al acceso a la educación, la informalidad, la discriminación y la falta de trabajos bien remunerados, entre muchas otras causas. Segundo, se debe reconocer que para atender un problema de esta dimensión se necesita el involucramiento de todos, públicos y privados de todas latitudes, para respetar las reglas, pagar impuestos (que a su vez financian programas sociales) y denunciar cualquier acto de corrupción.
En 2018, el electorado mexicano repudió la corrupción a través del voto, eligiendo un cambio de gobierno. Ahora es el momento de ser coherentes y participar en la estrategia, poner a funcionar las instituciones y colaborar en el combate de nuestro monstruo de mil cabezas.
Publicado por Milenio
13-06-2019