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¿Crecer? ¿Cómo? (Suplemento Especial)

Los diagnósticos sobre el desempeño de la economía mexicana son como los análisis que se han hecho de la drosophila, la mosca de vinagre que los biólogos utilizan para hacer experimentos genéticos.  Tanto han analizado la estructura genética de la drosophila que este espécimen ya no guarda secretos para los biólogos.  Lo mismo sucede con la economía del País.  Tanto la hemos analizado que sabemos exactamente cuáles son las causas de su bajo crecimiento. 

Los principales problemas de la economía de México tienen que ver con el lado de la oferta.  Sería un error pensar cualquier otra cosa, puesto que aun en tiempos de bonanza internacional no crecíamos.  La economía crece lentamente porque la productividad laboral está estancada desde los años ochenta, como se puede ver en la gráfica a continuación. 

Llevamos casi treinta años sin encontrar la fórmula para que el tiempo de los trabajadores rinda más.  Salvo por periodos breves de los noventa y de la última década, la economía ha crecido solo en la medida en que suman más personas a la fuerza laboral.  Aún en esos periodos el crecimiento de la productividad laboral ha sido relativamente bajo, mucho menor que el de los BRICS.

Lo que pasa es sencillo de entender, pero difícil de resolver.  Para que la productividad laboral vuelva a crecer necesitamos vencer una serie de obstáculos políticos que ponen en el camino los actores a los cuales no les conviene que cambien las cosas. 

• La economía requiere estímulos competitivos más fuertes, sobre todo en los sectores que ofrecen bienes y servicios que no son comercializables internacionalmente (v.gr. energía, telecomunicaciones, transporte y banca).  En estos las estructuras son cuasi-monopólicas lo que causa que los insumos se vendan a precios más altos de los que prevalecerían con mayor competencia.  Este problema es especialmente grave en el caso del sector eléctrico, pero los precios de los servicios de telecomunicaciones también están distorsionados, como lo están varios otros.  Esto debilita la competitividad de las empresas que producen en el País.  Para que la productividad laboral mejore es indispensable corregir estas distorsiones; para ello es indispensable que mejore el desempeño de los entes que regulan estos sectores. Necesitamos que mejore el desempeño de los reguladores de telecomunicaciones, transporte y energía, y las juntas de conciliación y arbitraje.   
• La mala calidad de los gobiernos locales también debilita la productividad laboral.  Sobresalen por su pobre desempeño las instituciones encargadas de seguridad y procuración de justicia, pero hay problemas en todas partes.  Yo empezaría poniendo atención a los gobiernos de las principales zonas metropolitanas.  En estas hay todo tipo de problemas.  Los más preocupantes son la provisión de agua y drenaje y la infraestructura de transporte y vialidades.  Las congestiones de tráfico roban tiempo a los trabajadores y minan su productividad. 
• Una serie de dogmas que sirven los intereses de los grupos corporativistas del campo causa que la población rural esté atrapada en trampas de pobreza que se han ido perfeccionando como ha avanzado el tiempo.  El ejido, el corporativismo agrario, la pobreza de las instituciones que atienden las necesidades del campo y la ultra-politización de la toma de decisión de cuestiones que deberían de manejarse con mayor objetividad, causan que la productividad media de un trabajador rural en el campo mexicano sea una décima parte de lo que esos mismos trabajadores logran cuando cruzan la frontera a Estados Unidos.
• La muy mala calidad de la educación que reciben los niños y adolescentes en las escuelas públicas y privadas es otro gran obstáculo para el crecimiento de la productividad.  La era de los conocimientos llegó hace cuatro décadas, en México apenas nos estamos enterando de ello.  La calidad de la enseñanza básica en gran mayoría de las escuelas es infame y este patrón se repite cuando los estudiantes acceden a las universidades, sobre todas las públicas que son fábricas de burócratas mediocres.  Las instituciones educativas de buena calidad son tan pocas que dan ganas de llorar.

La productividad de los mexicanos no crece porque una serie de grupos de interés se resiste a que se reformen las estructuras del País.  Urge transformar a México. 

Roberto Newell G. es economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.