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Crecimiento y mal gobierno

¿Por qué no crecemos? Después de que la Secretaría de Hacienda encogió sus pronósticos sobre el desempeño de la economía mexicana, se ha desatado una discusión pública sobre las causas y culpas de estos frustrantes resultados. Sin duda, la SHCP es la institución con mayor responsabilidad sobre el rumbo de las finanzas y los pesimismos económicos. Sin embargo, la obsesión con el crecimiento no puede ser el monopolio, ni compromiso exclusivo, de una sola oficina o nivel de gobierno.

El debate del crecimiento omite el papel de las autoridades locales en el empeño por aumentar la productividad y la inversión. En distintas partes de México, los municipios y las delegaciones son verdaderos instrumentos de demolición del espíritu empresarial y la generación de riqueza. La evidencia no está sistematizada, pero su frecuencia rebasa el terreno de lo anecdótico.

"Nos tomó cerca de 4 millones de pesos y más de un año de planeación abrir el gimnasio". Este es el testimonio de un empresario que busca iniciar un negocio deportivo en un municipio conurbado del Estado de México. "El día de la inauguración nos amenazaron con clausurar por presión de los vecinos, a pesar de que teníamos todos los papeles en regla. Después de muchas broncas, logramos seguir abiertos porque al presidente municipal le interesa mucho promover el deporte. ¿Qué pasará cuando llegue el próximo presidente municipal? No lo sé".

Manuel Molano del IMCO ha definido a las empresas pequeñas y medianas, que no quieren crecer, como víctimas del síndrome de Peter Pan. Estos negocios prefieren mantener una escala modesta para evitar aparecer en el radar de las autoridades. Este fenómeno tiene un impacto directo en la generación de valor y oportunidades: las Pymes son menos productivas y pagan peores salarios que sus pares de mayor escala. Si ustedes le preguntan al dueño del gimnasio en Edomex si quiere abrir una sucursal del negocio, su respuesta inmediata es que su principal preocupación es mantenerse abierto.

En las colonias Roma y Polanco en el Distrito Federal se pueden ver a un hotel y varios restaurantes con los sellos de "Clausurado". Probablemente ni yo ni tú queremos uno de estos negocios frente a nuestras casas o en la entrada del edificio donde vivimos. Sin embargo, preocupa la discrecionalidad con la que un inspector delegacional y municipal puede determinar si un negocio prospera o se va a la quiebra. Si un local no cumple con los requisitos para abrir un comedero de lujo o un hotel boutique, ¿para que se le da el visto bueno para invertir, contratar personal y luego cerrarlo a los pocos días o semanas de funcionamiento?

Los derechos de los vecinos merecen el mismo respeto y claridad que los derechos de los inversionistas. Con total transparencia sobre las reglas y requisitos de funcionamiento habría certidumbre sobre las condiciones para iniciar una inversión en una ubicación determinada. Sin embargo, la aplicación discrecional de las reglas resulta una fuente de lucro para las autoridades corruptas.

Los municipios y delegaciones deberían tener un registro en internet sobre cada negocio que clausuran. La información debería contener los motivos del cierre y un modesto estudio de impacto económico sobre la desaparición de empleos, fuentes de impuestos e impacto a proveedores.

Esta semana el Banco Mundial presentó el reporte Doing Business en México 2014, que mide cuatro variables fundamentales del clima para hacer negocios: apertura de una empresa, obtención de permisos de construcción, registro de una propiedad y cumplimiento de contratos. Tal vez este importante estudio debería agregar una quinta variable: "Discrecionalidad de la autoridad local para cerrar un negocio". La próxima vez que veas el sello de "CLAUSURADO" tendrás evidencia adicional para explicar por qué la economía mexicana no crece lo suficiente.

Publicado por el periódico Reforma
01-06-2014