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Crisis existencial

David Brooks acaba de publicar una columna sumamente interesante en el New York Times. La tesis de su ensayo es que Estados Unidos está pasando por una crisis existencial que deriva de la posición hegemónica de EU en el sistema geopolítico. Brooks plantea que el sistema político americano está pasando por una crisis similar a la que sufren las personas cuando logran su mayor anhelo personal. Lo que está pasando a EU es que al quedarse solo en la punta, sin un competidor de talla que ofrezca una visión ideológica alternativa y tenga los recursos requeridos para retar la viabilidad política y económica del sistema democrático-liberal de EU, el sistema político americano ha perdido uno de los pocos elementos aglutinadores que tenía.

Brooks cree que al no existir una amenaza externa que obligue a los políticos americanos a conciliar posiciones y negociar soluciones compartidas, las diversas facciones políticas se han polarizado, asumiendo posiciones cada vez más extremas. Como geopolíticamente EU no peligra ni tiene nada que probar al resto del mundo respecto a la fuerza y vitalidad de su modelo económico, la política exterior de EU se ha degradado. Hoy, ya no tiene que dar un buen ejemplo ni justificar su conducta; lo único que tiene que hacer es proyectar sus intereses. Así, EU pasó de ser el paladín de la democracia liberal a ser el poder hegemónico del momento. Brooks cree que ese rol no le sienta bien a EU.

La crisis existencial que deriva del triunfo internacional de EU se refleja en su entorno doméstico. Sin un propósito axiológico que las aglutine, algunas de las élites políticas y económicas también se han degradado y exhiben conductas libertarias extremas, carentes de valores, solidaridad y humanismo, (Brooks usa las palabras debauched libertarianism para transmitir esta idea). Sin una misión compartida que los inspire ni valores que inviten a la moderación, los líderes ya no aspiran a lograr grandes propósitos; su conducta es egoísta, mezquina y odiosa; su agenda está enfocada a la satisfacción de intereses clientelares de corto plazo, tanto en el contexto global como en el entorno doméstico.
Brooks concluye su ensayo planteando una pregunta retórica y una reflexión pesimista: "¿Si EU ya no está dispuesto a ser el campeón de la democracia, qué país asumirá ese papel? Un gran legado histórico se está desperdiciando...".

El ensayo de Brooks lanza una advertencia a todos los que, como yo, pensamos que el principal legado histórico de EU es haber sido el campeón de la democracia y el país históricamente más comprometido con el liberalismo político y económico. Quisiera pensar que Brooks exagera, pero, lamentablemente, el pesimismo de Brooks está basado en una evaluación objetiva y sensata de la situación actual de EU. Ojalá que se equivoque, pero comparto su pesimismo respecto a la voluntad de ese país para ser el paladín internacional de la democracia y el exponente más consistente de los valores liberales.

Todo esto tiene implicaciones para México. Históricamente, la vecindad con EU hizo imposible ignorar su ejemplo político, en lo bueno y en lo malo. Nos guiamos por su ejemplo en lo político en muchas dimensiones: el sistema federal de México es similar al americano; la separación de poderes, también, y gradualmente fuimos perfeccionando el sistema de democracia electoral que utilizamos para elegir nuestros líderes. En lo económico también encontramos ejemplos útiles en EU, tanto en la forma en que organizamos los mercados para producir y distribuir bienes como en la manera en que regulamos la economía.

Hicimos bien en copiar el modelo americano, puesto que la historia ha mostrado que era el mejor ejemplo a seguir. ¿Pero qué sucederá si por razones políticas y/o económicas, EU deja de ser un buen ejemplo? ¿Tendremos la madurez y el sentido común para reconocer que dejó de ser un buen ejemplo y ha caído en prácticas que no son sanas ni sostenibles?
Estas preguntas no son meros ejercicios retóricos. Actualmente, hay buenas razones para estar preocupados sobre la calidad del ejemplo que da ese país. Algunas de estas fallas probablemente son errores transitorios que se corregirán dentro de poco, pero otras son inexplicables y mucho más preocupantes. Si EU deja de ser el ejemplo a seguir, corresponderá a personas comprometidas con el bienestar de México distinguir entre lo bueno y lo malo que hace ese país y proponer el camino que México debe seguir. Si EU perdió la brújula, qué pena. Pero si nosotros los seguimos ciegamente en una dirección que no conviene, la culpa será nuestra.

Publicado por Reforma 
03-07-2014