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Crisis fiscal de EU

Ha sido tal nuestra obsesión con la agenda política del País, que no hemos prestado atención a una crisis económica potencial en la economía de Estados Unidos. Si los representantes de los dos partidos políticos no logran ponerse de acuerdo para subir el techo de la deuda pública antes del 17 de este mes, el Gobierno de los Estados Unidos incumplirá sus obligaciones fiscales con varios segmentos de acreedores, entre ellos los jubilados que reciben una pensión del sistema de seguridad social de EU y los acreedores del bonos del tesoro americano. Las fechas límite para hacer estos pagos son, respectivamente, el 25 y 31 de octubre. Si el Gobierno americano incumple cualquiera de estas obligaciones, el default financiero resultante desatará una crisis financiera global.

El problema no es económico, sino político. La crisis que se avecina se puede evitar si los republicanos y demócratas acuerdan autorizar un techo de deuda más alto o, aún mejor, si deciden eliminar tales techos financieros, que no hacen otra cosa más que proveer oportunidades para que políticos radicales del Tea Party pongan a todo mundo a temblar cada vez que las necesidades de financiamiento del Gobierno federal se acercan al techo establecido. Estos límites se crearon para imponer disciplina a las decisiones fiscales de los políticos americanos, pero resultaron ser armas de doble filo, puesto que se prestan para que políticos radicales chantajeen al resto del establishment político de EU.

Para que la Cámara de Representantes pueda resolver esta crisis sin ceder a las demandas de los grupos radicales de la mayoría republicana, el líder de la Cámara, John Boehner, tiene que estar dispuesto a dejar que los congresistas republicanos moderados se alíen con sus pares demócratas para votar a favor de subir el techo de la deuda federal. Esto hace que todo parezca depender del capricho político de Boehner, pero ese no el caso.

El líder republicano confronta un dilema. Si permite que los diputados moderados de su partido voten independientemente, se evitará el default fiscal, pero violentará un pacto político que se estableció hacia el interior de su partido. La regla Hastert, como se llama este acuerdo, ha dado enorme fuerza a los republicanos en la Cámara baja, pero de paso también ha fortalecido a los miembros del Tea Party en este y otros debates. Si Boehner autoriza a los republicanos moderados a actuar como dicten sus conciencias, es probable que se desate una revuelta al interior de su partido que le puede costar su rol como líder del Congreso y pondrá en riesgo su escaño.

La fuerza de los radicales del Tea Party es estructural y deriva de las reglas que se usan para definir los límites geográficos de los distritos electorales. En la mayoría de los estados americanos las fronteras de los distritos se definen en negociaciones políticas entre representantes de los dos partidos, con resultados nada sorprendentes: los límites territoriales se definen para servir los intereses políticos de los partidos. En estas negociaciones lo que menos importa es el principio de "un hombre, un voto". Los distritos resultantes son enclaves políticos conformados para favorecer los intereses del partido que logra dominar las negociaciones. Para fines prácticos, estos procesos predeterminan los resultados de elecciones generales futuras: Si los límites favorecen a los demócratas, las probabilidades son altas de que el vencedor de elecciones futuras sea de ese partido; si la negociación favorece a los republicanos, sus candidatos serán los favorecidos.

Esta fórmula ha causado que la competencia política se desplace de las elecciones generales a las elecciones primarias, que son al interior de cada partido. Esta fue la circunstancia que aprovecharon los políticos y candidatos del Tea Party, que poco se parecen en su conducta y valores a los políticos tradicionales del Partido Republicano y que ha causado la radicalización del debate político en Estados Unidos. Lo que logró el Tea Party entre los republicanos pretenden lograrlo radicales de izquierda en el Partido Demócrata, pero la mayor diversidad étnica y social de ese partido hace que sea más difícil para una minoría capturar a ese partido.

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El Gobierno de Morelos acaba de lograr un triunfo con la inauguración de la Arena Teques. La inauguración de este nuevo foro para eventos y espectáculos le salió de maravilla al Gobierno local. Esta iniciativa merece ser reconocida; servirá para revivir a Tequesquitengo como destino turístico.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.