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Crisis y oportunidades perdidas

FOTO: MOISÉS PABLO/CUARTOSCURO.COM

Las crisis abren oportunidades. Desafortunadamente en México hemos desaprovechado muchas ventanas para responder a la crisis sanitaria y económica derivada de la pandemia por COVID-19. Perdimos la oportunidad de diseñar e implementar una estrategia de comunicación, prevención y contención sanitaria de acuerdo con las mejores prácticas internacionales. La gravedad y el ritmo de avance de la pandemia se mantienen vigentes.

Perdimos también la oportunidad de contratar deuda para financiar un plan de rescate para familias y pequeños negocios, y así detener la caída de la economía. Hasta el momento la respuesta a la crisis ha sido insuficiente, casi inexistente. De acuerdo con el Banco de México las medidas de reactivación económica en México representan poco más del 1% del producto interno bruto (PIB).

Con ese nivel de impulso fiscal no lograremos contener el efecto en cascada que detonó el encierro, la parálisis de actividades económicas y la eventual caída en empleo e ingresos de sectores importantes de la población. La encuesta a especialistas en economía del sector privado consultados por Banxico durante septiembre indica que se espera una contracción de 9.8% del PIB para 2020.

Un reciente trabajo de investigación de Nora Lustig y otros académicos indican que las acciones emprendidas para contener los efectos de la crisis en Argentina y Brasil han sido instrumentales en contener el crecimiento de la población en pobreza. Es posible que en Brasil el incremento de la población en condiciones de pobreza sea cero. Esto no es ninguna casualidad, el gobierno brasileño destinó casi 7% de su PIB para expandir programas de asistencia y otros mecanismos de apoyo a familias y negocios.

Otros países como Perú, con condiciones de acceso a financiamiento internacional mucho más restrictivas que México, y con niveles relativamente inferiores de desarrollo económico han sido capaces de impulsar planes de reactivación ambiciosos. Este país destinó 9% de su PIB a la expansión de programas de apoyo y rescate económico.

No solo estamos dejando pasar las oportunidades de corto plazo para frenar el colapso económico. También podríamos estar desperdiciando oportunidades para cambiar el largo plazo. La necesaria expansión del gasto público no debería atender solo la crisis de empleos, sino otras crisis paralelas como el cambio climático y la degradación del medio ambiente. De acuerdo con un análisis de Vivid Economics algunos países europeos, Corea del Sur y Canadá están destinando parte de sus paquetes de rescate y reactivación a iniciativas verdes como inversión en infraestructura verde, transición a energías limpias y transporte sustentable.

En el ámbito laboral, si la estructura productiva de las empresas no logra recuperarse, mucha gente tendrá que depender de las precarias condiciones de protección social del mercado informal.

Esta dinámica va en sentido contrario de lo que deberíamos estar impulsando. El debate internacional de las reformas laborales post COVID-19 se centra en la necesidad de fortalecer a los mercados laborales formales y ampliar la protección social que ofrece su marco legal.

Sin embargo para contener los efectos de la crisis y además apuntalar agendas de desarrollo social, inclusión laboral y medio ambiente se necesitan recursos y una instrumentación eficaz. Es probable que no haber contratado deuda para financiar medidas contracíclicas de gasto gubernamental haya sido más perjudicial para la proporción de deuda sobre PIB debido a la incapacidad de detener la caída en producción. La desaceleración de la actividad económica también implica una reducción de la recaudación fiscal para unas finanzas públicas seriamente debilitadas.

Es probable que por no haber enfrentado la crisis con los instrumentos adecuados hayamos perdido como sociedad años de desarrollo. Lo que sigue es empujar una serie de reformas fiscales para regresar orden a las finanzas públicas, mejorar las capacidades operativas de la administración pública y modificar la estrategia para detonar el crecimiento. Todo esto será necesario para poder recuperar más rápidamente los niveles de empleo y bienestar previos a la pandemia.

Pero además tendremos que hacer un esfuerzo adicional para ponernos al corriente con las tendencias globales en temas laborales, ambientales y de atracción de inversiones que han encontrado en la crisis un catalizador. El daño a la economía y el desarrollo de México no debe medirse solo en términos de recuperación de los niveles de desarrollo previos, sino en términos de las oportunidades perdidas para avanzar en agendas socialmente deseables.

Publicado por Expansión
06-10-2020