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Crisis de España

No hay como visitar un país para entender una situación desde una óptica local. He estado siguiendo la crisis española a través de los medios, incluyendo revistas y publicaciones especializadas, y estaba consciente del impacto de la crisis sobre el empleo y la demanda agregada en el país. Pero hasta que discute uno la situación con personas de a pie, es imposible percibir cómo está influyendo la crisis sobre su estado de ánimo.

Los españoles con los que interactúa uno día a día están deprimidos y obsesionados con la situación económica. No se necesita más que tocar el tema de la crisis para desatar una avalancha de comentarios, la mayoría de estos muy negativos y pesimistas sobre la situación que vive el país y la capacidad de los líderes políticos para sortear la crisis. La Sra. Merkel es el blanco de una gran cantidad de comentarios negativos, pero ni Rajoy y el PP, ni Rubalcaba y el PSOE ni los líderes de los partidos políticos regionales salen bien librados. El español de a pie está furioso.

Estaba en Madrid cuando se realizaron las elecciones en el País Vasco y Galicia. Ninguno de los partidos principales salió bien librado en estas elecciones, pero al PSOE le fue particularmente mal. En la tele sólo se hablaba de si Rubalcaba debía renunciar a su rol como cabeza del Partido Socialista, o si todavía tenía algún valor su presencia a la cabeza del partido.

La crisis también ha enardecido los sentimientos nacionalistas en varias de las regiones autonómicas de España. Que se especule en el País Vasco o en Cataluña sobre la conveniencia de separarse de España no es sorpresa, pero que este sentimiento también se exprese en Galicia me sorprendió a mí y dejó aturdidos a los comentaristas políticos de la televisión española.

En los medios electrónicos también se habla de una crisis de valores. Me tocó ver un intercambio en una de las principales cadenas de televisión que nunca habría escuchado en la televisión de México. Los comentaristas discutían cuál debe ser el papel de la Iglesia Católica liderando la salida de la crisis. Especulaban sobre si la Iglesia debía pronunciarse con mayor fuerza sobre los recortes que se están haciendo a los programas de gasto. También hablaban sobre los efectos que tiene el paro sobre las conductas y valores de las personas, tanto los que están desempleados como los que no. Dos de los comentaristas (era un panel de cinco personas con un conductor) defendían la posición que la obligación moral de los empresarios era mantener empleado al mayor número posible de personas, aunque esto pegara severamente a los resultados económicos de las empresas. Me llamó la atención que en el intercambio se hiciera un cocktail tan disímbolo del tema: hablaban de ley natural, de las encíclicas del Papa, de las obligaciones morales y éticas del Estado y de los empresarios, etc. Volví a ratificar que la nuestra es una sociedad mucho más secularizada que la española. En España la Iglesia está presente en todos los debates, incluyendo varios que en México están reservados sólo para personas ajenas a cualquier filiación religiosa, (o que, si la tienen, no están dispuestas a profesar su filiación de manera abierta). Francamente, me siento más a gusto con el manejo que damos a estos temas en México, pero quizás esto se debe a que cuando me crie en el País los políticos no iban a misa ni en el día de la boda de sus hijas.

Temo que el brebaje político, nacionalista, económico y religioso que están consumiendo los españoles en estos tiempos de crisis no conducirá a cosas buenas. El problema económico que confrontan es tan grave que parecería que los políticos se sienten con el permiso para decir cualquier cantidad de sandeces, en vez de sentirse con la obligación de jalar en la misma dirección y conducir al país en forma ordenada para que salga de la crisis. Lamentablemente, lo que se ve son conductas oportunistas, expresiones extremistas y manifestaciones de rencores políticos y económicos que están erosionando el tejido político del país.

En estos momentos, en España es indispensable que los líderes políticos y económicos busquen la manera de cómo salir de la crisis buscando fórmulas consensuadas que den dirección y alivio a los españoles. En vez, lo que se respira es un ambiente de confusión y angustia que aprovechan líderes populistas para favorecer sus intereses. Las grandes pasiones políticas de España otra vez están a flor de piel.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.

Las opiniones en esta columna son personales.