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Cuentas alegres y peligrosas

El Senado debería rechazar la reforma a la Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, en los términos enviados por la Cámara de Diputados. El freno a la iniciativa se justifica en dos razones: primero, uno de los cambios más importantes a la política macroeconómica, en varios años, no se debe hacer con prisas y sobre las rodillas. Segundo, la propuesta enviada por el Ejecutivo no incorpora las mejores prácticas y experiencias internacionales.

Como lo explica el economista del CIDE Alejandro Villagómez, durante varios lustros se aplicó una regla de "balance cero", donde el gobierno equilibra sus ingresos y sus gastos con el fin de eliminar los déficits fiscales. Esta estrategia es la piedra de toque sobre la cual se construyó la estabilidad económica de los últimos sexenios. Sin embargo, en tiempos de desaceleración, la contracción económica se exacerbaba por una reducción simétrica del ingreso y el gasto público. Ahora el gobierno quiere obtener las dos cosas: la estabilidad macroeconómica, junto con la capacidad de gastar más para engordar a las vacas en los años flacos. ¿Es posible tanta belleza?

Chile demuestra que si se diseñan bien las instituciones y estrategias, la regla de balance estructural puede funcionar de manera correcta. Sin embargo, como lo demuestra Oliver Azuara en un estudio de México Evalúa, la propuesta de la SHCP ignora la evidencia teórica y empírica del caso sudamericano. En Chile, la regla se implementó en tiempos de abundancia con el fin de ahorrar los excedentes para acelerar el gasto público ante una desaceleración. En México las cosas están ocurriendo exactamente al revés. Hoy, con las proyecciones económicas a la baja, el gobierno propone una regla para ahorrar las hipotéticas bonanzas del futuro y endeudarse ahora en un presente de trimestres nublados.

El éxito o fracaso de la regla de balance estructural depende en gran medida de la solidez técnica del optimismo. El rigor metodológico para proyectar el comportamiento del PIB y los ingresos petroleros determinarán si hay o no márgenes financieros para crear un guardadito. Con el fin de construir confianza, los chilenos crearon un comité técnico formado por economistas externos al ministerio de Hacienda para construir las proyecciones. En México, ante la asimetría de capacidades técnicas que hay entre la SHCP y el Congreso, los diputados y senadores deberían ser los más interesados en crear un comité técnico que cuestione y analice los fundamentos cuantitativos del balance estructural.

En el último mes han ocurrido cambios en México y el mundo, que harán más complicada la estimación de los ingresos del gobierno mexicano. La aprobación de nuevos impuestos hará más difícil estimar los montos de la recaudación tributaria. Con tantos cambios fiscales no es sencillo anticipar las fortalezas y debilidades del erario público en los años por venir. En septiembre pasado, China rebasó a Estados Unidos como el mayor importador de petróleo del mundo. Nuestro vecino cada vez consume menos y produce más hidrocarburos. Entre 2007 y 2012, las exportaciones de petróleo de México a Estados Unidos han caído en 32%. Ni los ingresos tributarios, ni las exportaciones y precios del petroleros nos ofrecen mucha certidumbre sobre lo que vendrá.

En una investigación sobre el modelo chileno, el profesor de Harvard Jeffrey A. Frankel encontró que la mayoría de los países estudiados son muy optimistas en sus proyecciones de crecimiento económico. En estos casos, las cuentas alegres se pueden convertir en amargas crisis financieras. Chile se vacunó de los excesos de optimismo al delegar la responsabilidad de estimar las tendencias de los precios del cobre y el PIB a paneles de expertos independientes. La propuesta de Hacienda debe ser más específica sobre las metas de ahorro en los años con superávit en las finanzas públicas. Las nuevas reglas se deben ajustar a las mejores prácticas internacionales.

Publicado por Periódico Reforma.