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Cuento con moraleja

Antes de que la mayoría de las personas fueran alfabetizadas, se usaban los cuentos con moraleja para transmitir lecciones morales a las generaciones más jóvenes. Mi madrina tomaba muy un serio los compromisos que había adquirido en mi bautizo; aprovechaba mis visitas semanales a su casa para instruirme en las virtudes contándome cuentos con moralejas. Muchos de estos cuentos tenían desenlaces trágicos. Los protagonistas que no transitaban por el camino de la virtud pagaban caros sus pecados, mientras que los que cumplían con las exigencias de una vida virtuosa eran recompensados.

La fábula de la cigarra y la hormiga es un caso ilustrativo: en el cuento, la cigarra desperdicia el verano, dedicándose a consumir todo lo que encuentra a su alrededor, mientras que la hormiga aprovecha la temporada de abundancia para guardar alimentos previendo que en el invierno escasearian. Al llegar esa temporada, la hormiga tenia las reservas necesarias para sobrevivir hasta la primavera; en cambio, la cigarra sucumbe. La moraleja de este cuento sigue siendo instructiva: para no pasar penurias durante las temporadas de vacas flacas, es indispenable ahorrar durante los periodos de abundancia.

El Employment Benefit Retirement Institute (EBRI) de Estados Unidos acaba de publicar los resultados de una encuesta que hace anualmente. En ella evalúa la confianza de los trabajadores respecto de su situación económica cuando se retiren. Los resultados son desconsoladores. Actualmente, el 47 por ciento de esas personas manifiestan estar preocupadas (o muy preocupadas) porque anticipan que no tendrán los recursos necesarios para mantener un estilo de vida decoroso (live comfortably) durante su retiro. Solo el 14 por ciento reporta estar altamente confiado de que podrá mantener un estilo de vida adecuado cuando ya no trabaje. El 38 por ciento restante manifiesta estar moderadamente optimista de que tendrá los recursos necesarios para mantener un estandar de vida digno. Los resultados recientes de EBRI son los más pesimistas que esta organizacion ha publicado y están muy por debajo del nivel que tenían antes de la crisis financiera. En 2007, sólo el 29 por ciento reportaba estar pesimista sobre su futuro poslaboral; hoy, casi la mitad está en esa circunstancia.

La confianza de las personas retiradas también está en niveles históricamente bajos. En 2005, el 80 por ciento de esta población confiaba en tener los recursos requeridos para mantener un nivel de vida decoroso durante el resto de su vida; actualmente, sólo el 63 por ciento siente esa confianza, y de estos, sólo la tercera parte está altamente confiada sobre sus perspectivas económicas.

Lo peor del caso es que el estado de ánimo actual de los trabajadores americanos parece ser demasiado optimista: más de la mitad de los encuestados tiene ahorrados menos de 25 mil dólares. Tal suma es insuficiente para complementar los pagos que recibirán de los programas de seguridad social y retiro en que están inscritos, y esto no toma en cuenta que sus gastos de salud y cuidado de largo plazo crecerán conforme envejezcan.

Las cosas no pintan bien para los trabajadores americanos próximos a retirarse. Pero la mayoría todavía no se ha percatado de que sus ahorros son insuficientes para financiar su retiro. Por ello, aún no ajustan sus patrones de consumo todo lo necesario para evitar entrar en crisis. Su situación es parecida a la de la cigarra; durante la temporada de mayor abundancia se han dedicado a consumir sin tomar las precauciones necesarias para fondear su vida poslaboral.

Los datos de EBRI son un cuento con moraleja para los mexicanos. La población mexicana es más joven que la americana, pero está envejeciendo y no está ahorrando los montos requeridos para financiar un retiro digno. Para colmo, los ingresos medios de las familias mexicanas son mucho más bajos que los de las familias americanas y una proporción muy grande de ellas no participan en la economía formal ni contribuye a los programas de seguridad social. Como van las cosas, cuando lleguen a la edad de retiro no tendrán el respaldo de estos programas y su bienestar dependerá totalmente de lo poquito que hayan ahorrado y de la generosidad de sus familias y comunidades. La gran mayoría de las familias mexicanas son cigarras, pero viven en un entorno con menor abundancia.

Para evitar que la senectud de la mayoría de los mexicanos sea una pesadilla, es indispensable que sus ingresos crezcan y que una proporción elevada de su remuneración se acumule como ahorros para el retiro. Hasta el momento las cosas pintan mal.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.