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Cuentos, datos y realidad

FOTO: PRESIDENCIA/CUARTOSCURO.COM

En años recientes, y con las redes sociales, se han desprestigiado todas las formas de conocimiento racional. Las voces autorizadas dieron paso a otras, largo tiempo reprimidas. La sociedad admira a los literatos de Facebook y desconfía de los científicos. La razón es muy simple: una narrativa, aunque solamente tenga vestigios de la realidad, entusiasma más a la gente que un dato frío.

Los populistas como Trump, Putin, Orban y López Obrador, entienden bien esto. Si la realidad no se ajusta a la narrativa, lástima por la realidad. Esta cepa de líderes piensa que la narrativa tiene el suficiente poder para cambiar la realidad.

Sin embargo, la realidad no deja de rebasarnos. Quienes buscamos tomar decisiones con base en criterios estadísticos, científicos y racionales, estamos abrumados por quienes confían más en sus emociones. En los últimos días, el acontecer nacional nos ha dado una colección de cuentos fantásticos diseñados para alterar la realidad. Menciono aquí algunos:

  • Pobreza y coronavirus

Cuento: “Los municipios pobres y aislados se salvarán del coronavirus, una enfermedad extranjera. Por eso, los Municipios de la Esperanza es donde se pueden iniciar las actividades económicas”.

Dato: El 50% de la población de los municipios de “la esperanza” vive en zonas de muy alto riesgo de propagación de COVID-19. La fuente es el matemático Carlos Hernández Torres, de TRACE consultores. Aquí pueden conocer más sobre ese análisis. Si la gente más pobre vive hacinada, se transporta aglomerada, no trabaja con Susana Distancia, no tiene acceso a agua potable ni a servicios médicos, es mucho más probable que se contagie. El riesgo de propagación en los municipios más pobres es mucho mayor.

Realidad: El Estado tiene que concentrarse en detectar y mitigar el riesgo específico de contagio en cada región, ciudad, actividad económica y empresa. La lista de actividades esenciales es una ocurrencia estalinista de los López: Obrador y Gatell.

  • Neoliberales, distribución del ingreso y coronavirus

Cuento: “La distribución del ingreso empeoró durante el período llamado ‘neoliberal’ y ‘neoporfirista’”. Esta ya la habíamos escuchado; es parte de los greatest hits de López Obrador. Está contenida en el ensayo (es un decir) “La nueva política económica en los tiempos del coronavirus” del presidente.

Dato: El documento de López Obrador muestra una gráfica con el índice de Gini, que mide la distribución del ingreso, disminuir casi un 20% desde 1990 hasta ahora.

Realidad: La apertura y liberalización económica de México benefició a los más pobres y mejoró la distribución del ingreso; si no lo hizo más fue porque nos faltó profundidad en ese proceso de apertura y liberalización. Los datos de “la mitad de la población en pobreza” vienen de un análisis políticamente rentable de la medición multidimensional de la pobreza que hace el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). El número de pobres extremos en México se redujo en años recientes, de más de la mitad de la población en los 80, a cerca de 9 millones de personas hoy.

  • Riqueza, ingreso, el Inegi, el SAT y los impuestos

Cuento: “El Inegi debería poder entrar a los hogares para medir la riqueza de los mismos, de manera que realmente se cumpla que quienes más tienen paguen más”. Es fundamental la diferencia entre el ingreso y riqueza. El ingreso es un flujo anual (o diario) de recursos que uno obtiene producto del trabajo o de poner a trabajar su capital (no hay mucho más, a menos que seas un delincuente). La riqueza es el inventario de bienes que las familias acumulan durante generaciones.

Dato: En los países donde se han instrumentado impuestos a la riqueza, el efecto ha sido una fuga de capital hacia otros países. Cuando Suecia lo hizo en los años 70, Astrid Lindgren, la autora de los cuentos infantiles, pagaba impuestos de más del 100% sobre el ingreso. Por eso los suecos más ricos hoy, viven en Inglaterra.

Realidad: Nadie le vuelve a dar un dato al Inegi si lo hacen un brazo recaudador del SAT, como ya son los bancos, los institutos de seguridad social y las oficinas de diversos servicios públicos. El único impuesto que logró gravar a los informales, que son los que no pagan mucho ni por su ingreso ni por su riqueza, fue el de depósitos en efectivo de Agustín Carstens.

Publicado por El Financiero
20-05-2020