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Custodios del Futuro

Esta semana participé en la reunión anual de Consejeros del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Durante la reunión se examinó la estrategia de la institución en detalle. Varios puntos me llamaron la atención, empezando por la aspiración que anima el desarrollo institucional.

Los consejeros pretenden colocar al Tec en la lista de las 100 mejores universidades del mundo. Para lograr este objetivo se tienen que crear condiciones que permitan atraer y retener investigadores de clase mundial. Para ello es necesario elevar los ingresos por alumno significativamente. En su presentación, el Rector del Sistema presentó datos que permiten comparar los ingresos por alumno de varias universidades extranjeras con los del Tec. Sus ingresos por alumno son entre 8 y 14 veces más altos. En la reunión no se estableció una meta de ingresos a alcanzar, pero lo que quedó muy claro es que para llevar al Tec a las grandes ligas se tendrá que crear un fondo patrimonial que complemente los ingresos de colegiaturas actuales. Un ejercicio aritmético sencillo sirve para poner este reto en contexto: si la decisión fuera multiplicar el ingreso por alumno por tres, se necesitaría un fondo patrimonial de 260 mil dólares por alumno. Para una población de 20 mil alumnos, el fondo patrimonial requerido sería de más de 5 mil millones de dólares. A primera vista, esta cifra parece inalcanzable, pero si hay una institución mexicana que lo pueda lograr, esa es el Tec, que cuenta con más de 200 mil alumnos egresados y tiene el respaldo de miles de empresas. El donativo promedio requerido por egresado sería de 26 mil dólares. La cifra es alta, pero no inalcanzable para la mayoría de los egresados del Tec. En las palabras del Rector, “los egresados del Tec deben una hipoteca social que deben saldar”. Una manera de hacerlo es donando recursos a su alma mater.

El reto económico arriba descrito sirve como preámbulo para hablar de otro aspecto de la reunión que me causó una buena impresión; me refiero a lo comprometidos que están sus consejeros con el bienestar de la institución.

La mayoría de las personas que estaban en la reunión estudiaron en el Tec. Su vínculo con la universidad es personal y nació cuando eran estudiantes. Pero muchos otros de los que estaban presentes no estudiaron allí. Su compromiso con el Tec es más abstracto e impersonal. Lo que buscan en el Tec es una institución limpia y productiva, que sirva para potenciar el cambio que el País requiere. Para ellos, el éxito del Tec está asociado con el éxito del País.

Para que esto se dé es necesario fortalecer la relación entre el Tec y sus consejeros. Por ello, el Tec está inmerso en la tarea de perfeccionar su gobierno institucional. En las palabras de José Antonio Fernández, presidente del Consejo del ITESM, el cambio que se busca reconoce que “las personas pasan; las instituciones perduran”. Para lograr el cambio deseado se están reforzando varios aspectos del gobierno corporativo: buscan que el Consejo nacional y los consejos locales reflejen la gran diversidad de la población del País y que los consejos locales asuman conductas más uniformes y comprometidas con el desarrollo institucional.

Lo que se busca es perfeccionar algo que funciona bastante bien. El propósito es construir la plataforma de apoyo requerida para construir el Tec del futuro. El ideario para estos cambios es la “hipoteca social” arriba citada.

El tercer aspecto que me llamó la atención fue la congruencia que hay entre los objetivos institucionales que plantea el Consejo y la ejecución operativa. Dos ejemplos ilustran este punto:

Además de colocar al Tec entre las 100 mejores universidades del mundo, el Consejo aspira a formar personas que posean los valores y destrezas suaves que son indispensables para una vida exitosa. El Rector de Tec Milenio interpretó esta aspiración estableciendo programas de estudios que están diseñados para simultáneamente cumplir dos propósitos: primero, preparar personas que sean capaces de integrarse exitosamente al mercado laboral, y segundo, prepararlos para que sepan cómo buscar la felicidad. Esta propuesta es innovadora y potencialmente muy valiosa.

Otro ejemplo lo tenemos en el hecho de que las dos escuelas de graduados en administración, EGADE y EGAP, operan bajo un mismo mando. Esto no es un accidente. Lo que se busca es asegurar que los alumnos que estudian las dos disciplinas tengan una visión compartida de lo que puede y debe ser México.

Regresé de mi visita a Monterrey impresionado y optimista. Los consejeros del Tec son custodios de una institución ambiciosa y moderna que aporta mucho al País.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.