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Da vergüenza

Da vergüenza. Algunos periódicos reportan que a nivel global las protestas en las calles de todo el mundo alcanzaron los cuatro millones de manifestantes al día siguiente de la toma de posesión de Trump. Tan sólo la marcha de las mujeres, a la que se sumaron colectivos de afroamericanos, latinos y la comunidad lésbico-gay registró más de 2.5 millones de personas en 600 ciudades de Estados Unidos. En el mundo salieron a las calles en Londres, París, Berlín, Tokio, Budapest, Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda, Israel, Tailandia...

¿Y México? ¿En qué porcentaje participó nuestro país en las protestas globales en contra de la política discriminatoria de Trump y su discurso en contra de los derechos civiles, mujeres y minorías? Según la Secretaría de Seguridad Pública, la protesta de los mexicanos congregó el sábado 21 de enero a alrededor de 400 personas entre la sede de la embajada norteamericana y la glorieta del Ángel de la Independencia. Si damos por buena la cifra de cuatro millones de manifestantes en contra de Trump, los mexicanos contribuimos con el .01%. ¡Increíble! Más increíble todavía si pensamos que 31% de los mexicanos, o sea 40 millones, declara tener un familiar cercano en Estados Unidos.

Aun cuando Trump representa un peligro para la humanidad entera, México será uno de los más afectados por su nacionalismo, supremacismo, populismo, proteccionismo y racismo. México ha sido el país más vilipendiado abiertamente por Trump. Los migrantes mexicanos han sido los que más calificativos perniciosos y amenazas han recibido. Los políticos mexicanos han sido señalados como abusivos. Al presidente Peña Nieto lo descalificó diciendo que violó las reglas del juego al admitir que habían hablado sobre quién pagaría por la construcción del muro. Un solo tuit de Trump tuvo la capacidad de devaluar el peso mexicano. Sus amenazas llevaron a que compañías estadunidenses abandonaran planes de inversión comprometidos en el país.

Todo el nerviosismo y miedo que las formas de expresión inaceptables, las actitudes y comportamientos que anunció durante su campaña y que ya se han convertido en hechos consumados no se han traducido hasta el momento en ninguna reacción concreta con algún potencial para 1) sentirnos orgullosos o 2) tener claro que hay manera de enfrentar a quien ocupará la Casa Blanca los próximos cuatro años. Ni de parte del gobierno ni del Congreso ni de los partidos ni de los empresarios ni tampoco, hay que decirlo, de parte de la sociedad mexicana, tan proclive a protestar y tomar las calles, hay posturas que merezcan destacarse.

La respuesta inmediata del presidente Peña Nieto fueron dos tuits diciendo que su gobierno establecerá un diálogo respetuoso con el gobierno de Trump en beneficio de México y que la soberanía, el interés nacional y la protección de los mexicanos guiarán la relación con el nuevo gobierno de EU. Sin aspavientos ni provocaciones se hubiese esperado una reacción inmediata, lo cual no quiere decir ni apresurada ni irreflexiva. Desde el 8 de noviembre del año pasado, desde hace más de dos meses, sabíamos todos lo que nos esperaba. En cambio, dejó la cancha a dos pre-candidatos presidenciales -Margarita Zavala y AMLO- fijar postura.

El lunes pasado recuperó parte de la cancha. Está bien que gobierno, empresarios y obreros aparezcan unidos y que se hayan anunciado medidas pertinentes, pero no le vendría mal a Peña Nieto que el gobierno de Trump viera que los ciudadanos están en la calle respaldándolo.
Ni los empresarios ni las organizaciones ciudadanas ni los partidos han ejercido liderazgo. Los de oposición se han dedicado a reprender al gobierno, pero ni juntos ni por separado articularon una posición crítica o un llamado a la unidad nacional frente a la amenaza. El partido en el gobierno no ha pasado de declaraciones tibias cuando pudo haber aprovechado la coyuntura para convocar a una movilización de orden nacional.

La ocasión era incomparable. Cada idea, cada concepto, cada frase, cada promesa del abominable discurso del señor Trump era una oportunidad dorada para el posicionamiento oficial de gobierno, partidos, empresarios y sociedad. La dejamos pasar.
Frente a su juicio de que el establishment de Washington y los políticos habían florecido a costa del pueblo habría que decir que quien floreció fue Wall Street y empresarios como Trump que se ufanan de no pagar impuestos porque son muy listos. Frente a su sentencia de que “la carnicería” se acabó “aquí y ahora”, habría que decir que lo que comienza es el aniquilamiento de los derechos civiles. Frente a su pronunciamiento de que EU ha puesto sus armas y su ejército al servicio de proteger otras fronteras excepto la suya, habría que decirle que por su frontera con México no ha pasado un solo terrorista. Frente a su veredicto de que reconstruirá América con manos norteamericanas, habría que recordarle que América fue construida con manos de los alemanes y los irlandeses, de los polacos y los italianos, de los chinos y los africanos y, desde luego, de los mexicanos. Frente a su hire America, buy America, habría que decirle que en el balance saldrán perjudicados.

Poco hemos dicho, menos hemos hecho.
Publicado por Excélsior
25-01-2017